“No te engañes / No te ciegues / Todo se derrumba / bajo el peso del mundo”. Así de contundentes, así de certeros los Afghan Whigs. La segunda estrofa de “Arabian Heights” consolida lo que debe ser una extraordinaria pieza de rock concebida, grabada y tocada en pleno siglo XXI. Posee una batería que entra como una manada de búfalos y las guitarras son salvajes al tiempo que recurren a sofisticados efectos y procesadores. Desatan esa energía que sólo el arte auténtico puede poseer. Greg Dulli y compañía han dado con una canción que luce orgullosa esa estirpe stoner, pero no se queda en el pretérito; tira hacía el futuro con brío y agallas y en concierto acumula hasta cuatro guitarristas tocando juntos.

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Y cuando podríamos centrarnos en el ilustre pasado de la banda, lo que se impone es el presente a todo tren; aquí no hay lugar para la nostalgia. Cierto es que se abrió un impasse entre 1965 (1998) y Do to the Beast (2014) (ya sin la guitarra de Rick McCollum), pero no han editado un disco nuevo por algo que tenga que ver con quedarse atrapados en lo anterior. Todo lo contrario: prosiguen con la renovación de su sonido y es impresionante lo que han logrado con In Spades (Sub Pop, 2017), usando en el estudio un mellotrón y convocando a una sección de cuerdas, entre otros detalles.

En sí mismo, el octavo álbum de la banda es como un upper cut directo al mentón que la gloria de vivir en está época nos ha permitido ser testigos de su presentación, durante la edición de este año del Primavera Sound de Barcelona. El jueves 1 de junio, ofrecieron una actuación en la que se decantaron por ofrecer una versión memorable y potenciada de sí mismos, rigurosa indumentaria negra incluida. En cierta parte del concierto, aparecieron hasta nueve músicos. Podría esperarse un teclado de apoyo —ya lo han usado antes—, pero a partir de ahí sorprendieron con violín, cello, trompeta y saxofón. Red Bull TV nos permitió contemplar cómo es que piezas como “Demon in Profile y “John The Baptist” —un viejo clásico de su repertorio— se han fortalecido en su versión para el escenario.

Dulli ha rearmado al escuadrón de Cincinatti tras de pasar temporadas envuelto en proyectos paralelos; le fue muy bien con The Twilight Singers y The Gutter Twins. De hecho, el músico comentó a la revista Mojo que no fue sino hasta que tocó con Mark Lanegan que comprendió de qué se trataba cantar. De ahí que vaya probando otros matices y esencias en sus piezas.

Greg ha explicado que buscó que In Spades fuera “un disco de rock con alma soul”. De ahí que proceda de sesiones en estudios de grabación localizados en Nueva Orleans, Memphis, Los Ángeles y el desierto del Joshua Tree. A la postre comparte un tipo de búsqueda y registro sonoro con lo nuevo de Queens of  the Stone Age. Lo que no extraña, dado que Josh Homme es otra de sus referencias y amistades. Ambos han trabajado últimamente con elementos que nutren su música de cierto toque “pop”, lo que es una evidencia, por más que los fundamentalistas del rock duro puedan azotarse.

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Es importante señalar que si en lo musical creció la instrumentación y existe además esa intención de retorcer al soul, también sobresale el hecho de que el disco intentó apoyar a su guitarrista Dave Rosser, quien lamentablemente murió este martes 27 de junio, debido a un cáncer de colon que padecía de tiempo atrás.

El líder de la banda se ha encargado de la composición en su totalidad y de concebir el estilo de producción (muy actual). Como es usual en Afghan Whigs, hay un atrayente filón siniestro, gran habilidad para crear tensión (que ahora se extiende al modo de cantar) y una veta oscura que no han abandonado. Los hallazgos vienen de las fuentes de inspiración. Dulli ha utilizado un sueño para escribir “Oriole” y luego sus acordes lo han llevado directamente a “Toy Automatic” –en la que hay dramatismo a la par de una bella sección de cuerdas.

Ya ni quien se acuerde de que el grupo tuvo sus mejores momentos mientras esa quimera llamada grunge ardía en una pira confeccionada con dólares y jeringas. En In Spades, confluye esa estirpe de grupo de guitarras con la deconstrucción de la cumbre del soul que es la Motown y ahora se suma lo que ha aprendido Greg al diseccionar al hip hop y sus recursos de estudio. A todo ello hay que sumar la libertad para componer a partir de dar rienda suelta al inconsciente. Ha quitado cualquier tipo de atadura para no tener limitantes.

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Se trata de una decena de canciones en la que de verdad cuesta descartar lo menos relevante, dado que “Copernicus” (que retoman de Congregation) y “The Spell” refulgen y crepitan al mismo nivel de las antes mencionadas mientras que “I Got Lost” e “Into the Floor” cierran el disco concentrando la dedicatoria para su compañero y amigo enfermo y hoy fallecido.

Afghan Whigs se erige como una compleja maquina sonora perfectamente ajustada, en cuyo mecanismo se han incrustado piezas nuevas para mejorar su funcionamiento. Sin pretenderlo, el grupo aboga por la salud del rock como género por medio de la retroalimentación con otras músicas. No ha perdido su garra y agrega capacidad expresiva. In spades es sombrío y letal; es ese crujido que surge cuando vaga libre el inconsciente, fustigado por los dolorosos pasajes que vienen aparejados por el hecho de estar vivos.