El pianista Kristhyan Benítez —destacado músico del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela— visitó México el mes pasado para promover Miniatures, álbum compuesto por breves piezas para piano solo.

—¿Lo primero que escuchó hoy al despertar?
—Mi teléfono.
—¿El primer compositor en quien pensó por la mañana?
—Scriabin
—¿Qué tipo de pensamiento?
—Magnífico, sombrío.
—Con un Scriabin confuso y onírico (la primera de sus “3 piezas”) comienza su álbum “Miniatures”.
—Es un compositor muy cercano a mi espíritu interpretativo

benitez-1

—¿Por cromático?
—Sí: a mí, de niño, mi maestra de piano Olga López me dijo que le imaginara un color a cada sonido.
—¿Cuántos años tenía?
—Cuatro, y a esa edad di mi primer concierto en el teatro Teresa Carreño.
—¿Recuerda algo?
—Cada detalle. Recuerdo sobre todo que al terminar las piezas no sabía qué hacer ante el aplauso del público: si ponerme de pie o seguir sentado.
—¿Ha tocado música de Teresa Carreño?
—Como compositora no la encuentro demasiado interesante.
—¿Y como pianista?
—Al parecer era extraordinaria y profundamente maternal.
—¿Maternal?
—Ayudó a muchos latinoamericanos que llegaban a París, algunos mexicanos, como Ricardo Castro.
—En Miniatures, un mexicano, Manuel M. Ponce (con su “Intermezzo”), suena a la mitad del álbum a manera de puente entre rusos (Scriabin y Lyadov) y venezolanos (Evencio Castellanos, Antonio Estévez y Juan Carlos Núñez).
—Es el enlace perfecto entre un mundo ruso de sueños apasionados y un mundo venezolano de bailes nostálgicos.

—Y usted, como pianista, ¿es más un soñador apasionado o un bailarín nostálgico?
—Todas esas cosas son mías: pasión, sueño, baile y nostalgia.
—¿Qué siente por Venezuela?
—Un amor invencible. Ahora: frustración, indignación y tristeza.
—Indignado, triste y frustrado, ¿a qué música acude?
—A Janacek, a su “Sonata 1/X/1905”
—Música atravesada por un asesinato.
—Sí: Janacek la escribió para denunciar el asesinato de un joven carpintero (Frantisek Pavlík) a manos del gobierno checo durante una protesta universitaria.
—¿Qué lo indigna?
—¡La insensibilidad!
—¿Ha conocido a músicos insensibles?
—No sé si insensibles, pero los hay tiránicos e intolerantes.
—¿Ejemplos?
—Yo recuerdo a los bondadosos, como Claudio Abbado.
—¿Qué recuerda?
—En 2006 entré al quite de última hora en el “Segundo concierto para piano” de Rachmaninoff. Él dirigía y fue muy paciente. Encomió mi interpretación y me hizo una recomendación: agregar la octava antes de la coda del tercer movimiento; “así suena mejor”, me dijo.

benitez-2

—Del siglo XVII al XIX existió un idioma ideal: la tonalidad. 300 años de certezas. Durante el siglo XX surgieron interminables maneras de articulación sonora y comenzó la incertidumbre. Usted, como pianista, ante tantos posibles lenguajes, ¿necesita aferrarse a alguno para no ser devorado por la angustia?
—Cuando comencé a tocar el piano, tendí naturalmente hacia el romanticismo, hacia la invención melódica, pero poco a poco me he abierto hacia discursos musicales que en un principio me parecieron muy distantes, como Oliver Messiaen, por ejemplo.  
—¿Lo asusta un piano preparado?
—Me intriga. Encuentro fascinantes todas las posibilidades que ofrece.
—¿Qué música lo ha fascinado en estos últimos días?
—Debussy y sus “Fantasías”.
—¿Algún compositor lo desconcierta?
—¡Bruckner! Sus sinfonías son tan densas y complejas; en cambio, su poco conocida música para piano resulta clara y lenta.
—¿Qué siente cuando enfrenta las notas de carácter en una partitura de Satie?
—El alegre desafío de comenzar un juego.

benitez-3

—¿A qué suena “un ruiseñor con dolor de muelas?”.
—Imagino desconcierto, angustia, queja y ternura.
—¿Tiene vida fuera del piano?
—Mucha: soy un hombre muy sociable.
—¿Y mediático?
—Siempre he estado dispuesto a colaborar con cualquier medio que se interese por mi carrera.
—¿Hacia dónde va su carrera?
—Por lo pronto hacia China.

—¿Compone?
—Sí, todo el tiempo me grabo improvisando.
—¿A qué suena su música?
—A Jazz. A un jazz onírico.
—¿Tiene sueños recurrentes?
—Soy una de esas personas que sueñan despiertas. La música es en sí misma un sueño.
—¿En algún momento de su carrera se ha convertido en un sueño peligroso de seguir soñando?
—¿En qué sentido?
—¿El sueño de la música lo ha acercado a la desesperación, al vicio, a la locura?
—Nunca tan cerca como para estar en peligro.