“And the love that I feel is so far away
I’m a bad dream that I just had today 
and you shake your head and say it’s a shame”
—Gerald Bostock

He aquí al álbum conceptual por antonomasia. Olvídese usted del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de los Beatles, del Pet Sounds de los Beach Boys o del Dark Side of the Moon de Pink Floyd. Thick as a Brick fue el primer disco verdaderamente conceptual en la historia del rock, el primero que en sus cuarentaitantos minutos de duración contiene un solo tema, desarrollado a manera de suite, con una enorme cantidad de cambios rítmicos, armónicos y melódicos, pero manteniendo siempre una unidad que abarca la completa duración de la obra.

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Thick as a Brick puede considerarse también como el único trabajo plenamente progresivo de Jethro Tull. Compuesto en su parte musical por el líder eterno del quinteto, el genial —y la palabra no es una exageración— Ian Anderson, y con su larga y asombrosa letra escrita supuestamente por Gerald Bostock, un niño de escasos ocho años de edad, el disco jamás suena grandilocuente, pomposo o pretencioso (como algunos de Rick Wakeman o los fallidos intentos sinfónicos de Jon Lord y Deep Purple) y esto se debe, entre otras cosas, a que la instrumentación es siempre la misma, ejecutada únicamente por los cinco miembros del grupo, sin recurrir a orquestaciones, a trucos de estudio, a sonidos sintetizados o a invitados especiales.

Ian Anderson (voz, flauta, guitarra acústica, violín, saxofón y trompeta), Martin Barre (guitarra eléctrica, laúd), John Evan (piano, órgano, clavicordio), Jeffrey Hammond-Hammond (bajo y segunda voz) y Barriemore Barlow (batería y percusiones) interpretan a la perfección la complicada obra, la cual jamás cae en la repetición o la monotonía, debido a sus impecables variaciones, mismas que incluyen tanto tonalidades mayores como menores.

Thick as a Brick (“Grueso como un ladrillo”) es todo un tour de force de Anderson, quien con este álbum quiso acallar las críticas generadas por su plato anterior, el no menos estupendo Aqualung, al cual se acusó precisamente de grandilocuente y pretencioso, si bien el tiempo se ha encargado de poner a cada quien en su lugar y ha demostrado que Aqualung es otra maravilla discográfica de Jethro Tull.

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Musicalmente, el disco sigue sonando fresco e inventivo a cuatro décadas y media de distancia. Desde su tranquilo inicio de aire folk, con la guitarra acústica, la voz y la flauta que contrapuntea, hasta el primer rompimiento rítmico, con la potente entrada del grupo todo, sabemos que nos vamos a enfrentar a una obra inusual. Los cambios son siempre inesperados pero nunca gratuitos y sorprenden al escucha, quien no sale de su asombro a lo largo de toda la pieza. Hay rock progresivo y raíces folclóricas celtas, pero también trazos de jazz (incluso free jazz), música clásica y psicodelia. La flauta de Anderson se encuentra presente a cada momento, pero jamás suena fuera de lugar y es el instrumento que da al tema sus más preciadas características.

Uno de los grandes misterios de este disco, misterio que ha perdurado a lo largo de 45 largos años, es si Gerald Bostock —el incomprendido niño genio de ocho años que habría sido descalificado de un concurso de poesía porque los jueces consideraron a su largo, oscuro e intrincado poema “Thick as a Brick” como una obra perversa— en verdad existió o si se trata de un personaje inventado por el propio Ian Anderson. Todo parece indicar que el chiquillo —cuando menos en su papel de poeta precoz— es ficticio (a pesar de su famosa fotografía en la portada del álbum), aun cuando existe mucha gente que sigue pensando lo contrario. Anderson mantiene el enigma hoy día, al negarse a aclarar el asunto, lo cual, más que una prueba de la existencia de Bostock, es una muestra del sardónico sentido del humor del flautista.

Ya que hablamos de la portada de Thick as a Brick, es otro de los elementos que han hecho de este trabajo un objeto de culto. Más que una mera carátula, se trata de un empaque lleno de ingenio, sin duda uno de los más creativos en la historia de la industria disquera. Me refiero, claro, a la edición original en vinil, misma que presenta un periódico desplegable de doce páginas, con toda la información acerca de la descalificación del niño Gerald Bostock del concurso de poesía, pero también noticias varias, artículos, anuncios, juegos (incluido el famoso “una los puntos numerados” que termina por trazar un patito sicalíptico) y la larga letra de “Grueso como un ladrillo”. Toda una maravilla del diseño de principios de los setenta y que hoy resulta muy cotizada entre los coleccionistas de discos.

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Thick as a Brick es un álbum que no ha perdido vigencia y que debe ser revalorado. Existe una muy recomendable edición en disco compacto (1997) que conmemora el vigésimoquinto aniversario del mismo. No se trata del espléndido original, claro, pero la música está ahí, para disfrutarla a plenitud.

 

 

2 comentarios en “A 45 años de Thick as a Brick

  1. Una magnifica obra, sin duda…aunque poco impirta si fue el Primer album conceptual y, dudo que el mejor sea pir acuerdo general, dificil determinarlo. Como prueba de lo dicho sólo citaré un Album conceptual que podría igual conceptuarse como el Primero o el Mejor, no me atrevo a tanto, sólo lo recomiendo y lo coloco al lado del reseñado aqui: HAPPY TRAILS de QUICKSILVER MESSENGER SERVICE que incluye la sublime Who do you love Suite… Saludos!