El del rockcito no es un concepto unívoco y cerrado. No todos los que se han esforzado por crearlo, desarrollarlo y llevarlo con esmero al punto ínfimo en que hoy se encuentra hacen el mismo tipo de música. Hay subdivisiones en el mismo, diversas derivaciones y variantes de este interesante y simpático género que tan fructíferamente se ha dado en México y que si bien no lo enriquecen (más bien todo lo contrario), le otorgan cierta multiplicidad que lo convierte en algo cuando menos curioso. Veamos una docena de ellas.

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1.- El rockcitito. Luego del surgimiento del rockcito a fines de los años ochenta, con la aparición del sello Rock en tu idioma y de la invasión del rock pop español y argentino que padecimos en esos años, lo que sacó a la luz a grupos como Caifanes, Fobia, La Maldita Vecindad, Café Tacuba et al, 10 o 15 años más tarde sufrimos el brote de “bandas” con un sonido muy similar que intentaba imitar a sus antecesores. De ahí vienen Zoé, La Gusana Ciega, Porter, Los Daniels y un largo etcétera (los que siguieron a estos conformarían el rockcititito).


2.- Rockcito cumbianchero. A raíz de que a alguien se le ocurrió que el rockcito y la cumbia eran géneros afines, surgió la idea no de fusionarlos sino de tocar cumbias ataviados como “rockeros” (Agrupación Cariño) y/o hacer duetos con agrupaciones como Los Ángeles Azules o La Sonora Santanera.


3.- Rockcito grupero. Es el que hacen combos que parecen de rock y suenan como integrantes de la llamada onda grupera. Enjambre o los Románticos de Zacatecas son dos claros ejemplos de este infragénero.


4.- Rockcito en inglés. La vieja creencia de que hacer rock en inglés desde México los va a llevar a la internacionalización (algo que ya se pretendía en los años 60 del siglo pasado) ha llevado al summum de la ridiculez que incluye la mala pronunciación del inglich como cereza del pastel.


5.- Rockcito ñoño. Dominado por mujeres, no es sin embargo un género de género, sino un híbrido nacido a partir de que Julieta Venegas dejó de hacer rock para abrazar el pop y tuvo numerosas seguidoras que hacen hoy una musiquita cursi y plañidera. Carla Morrison, Natalia Lafourcade y Ximena Sariñana son las reinas del ñoñismo, aunque también hay varoncitos que lo practican, como Siddhartha, Caloncho, Juan Cirerol y el grupo Little Jesus.


6.- El rockcito andino. Se trata de una tendencia más o menos reciente que surgió cuando algunos exponentes del rockcito descubrieron los videos de producción peruana de La Tigresa del Oriente y Wendy Sulca. Al creer, en su conmovedora ignorancia, que se trata del verdadero folclor de los Andes, les pareció “chida idea” adoptarlo, lo que dio como resultado algunas cancioncitas que no transmitiría ni Radio Educación. Ejemplos de este infragénero: algunos temas nuevos de Natalia Lafourcade y Café Tacuba.


7.- El rockcito tributario. Es el que se ha especializado en realizar pésimas versiones “en homenaje” a sus ídolos musicales o con la franca intención de tocar canciones de músicos que cuentan con una amplia convocatoria. Por eso hay “grupos tributo” lo mismo de los Beatles y Pink Floyd que de Soda Stereo, Caifanes, Héroes del Silencio y un largo y lastimero etcétera. En general terminan tocando en bares y antros de mala muerte.


8.- El rockcito revival. Dícese del rockcito que practican los grupos y solistas que alguna vez tuvieron épocas de gloria (es un decir) y que hoy viven de las mismas, mamando de las ubres de su pasado, incapaces de escribir nuevas canciones con una calidad (es otro decir) similar o al menos aproximada a las de sus tiempos iniciales. ¿Necesito poner ejemplos?


9.- El rockcito mexican curious. Es el que mete como calzador elementos musicales provenientes del más pintoresco y chafa folclor mexicanista, desde las chirimías y los teponaxtles nahuatlacas, hasta las trompetas disonantes y discordantes del mariachi en su versión más garibaldesca. Algunos incluso se atavían con elementos que suponen sacados de trajes regionales o de danzantes del centro de Coyoacán.


10.- El rockcito emo-chogueis. Muchos grupos urbanos de clase media con aspiraciones primermundistas se enfrascan en este concepto que cubre con “paredes de sonido” (así le llaman al ruido sin sentido) su incapacidad para componer buenas melodías y armonías. En sus presentaciones son hoscos y evitan cualquier comunicación con el público. Suelen mirarse entre ellos o clavar la vista en el piso. Sus vocalistas cantan con puras consonantes y no se les entiende ni pío. Normalmente tocan para una veintena de sus cuates.


11.- El rockcito chairo. Es el más rentable de los infragéneros del rockcito: no importan las canciones sino los lemas y consignas que se gritan con fingida rabia y falsísima indignación. Oponerse al gobierno vende, ser panfletario arrastra multitudes de esas que gustan de acudir a las marchas por Reforma y apoyar las causas aprobadas por la clerecía morenaica y difundidas por medios como La Jornada, Aristegui Noticias, SinEmbargo y Proceso. ¡Ese rockcito sí se ve!


12.- El rockcito agropecuario. Juro que así se hace llamar esta novísima tendencia, surgida en el noroccidente del país, que busca fusionar al rock con la música de banda sinaloense. Sólo espero que de ahí no pasen al narcorrockcito. Júzguelo por usted mismo, estimado lector.