Iván García no es un querube más de la llamada Ciudad de los ángeles (Puebla), sino una gárgola, un espanto, un elemento arquitectónico-sonoro para infringir temor, para alejar a los visitantes; un objeto de morbo y de culto, una línea en la poesía de Kerouac (y en su nariz), una sílaba en la bucólica de Baudelaire y un verso en la lírica de Strunge.

La de Iván García es una poesía idílica proveniente del vaho de las calles en la madrugada, combinado con el gas de la cerveza en las cantinas oscuras y sucias. Lóbrego, macilento, existencialista y verborreico, Iván García es un músico del que no se debe pasar de largo.


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¿En qué parte de Puebla creciste?
Crecí en Puebla, Puebla, cerca de la central de autobuses. Siempre me ha gustado el tema del terror y sus derivados. En una ocasión, saliendo de un concierto y de regreso a casa, vi el fantasma de un hombre colgado en un árbol, fenómeno que documenté con un primitivo móvil con cámara.

“Escribe para ti mismo, recogido, asombrado”, dice Jack Kerouac. Supongo que así están estructuradas tus canciones. ¿Por qué este autor?
En mi adolescencia consideraba que el arte –y específicamente la canción– era una cuestión muy personal, casi egoísta, actualmente aún defiendo esa idea al momento de trabajar la lírica, pero en el ámbito musical pienso un poco más en que sean del gusto de mis escuchas. ¿Por qué Kerouac?  Porque era un outsider, un cabronazo a la hora de enfrentarse al mundo, pero todo esto sin dejar de lado la comprensión filosófica y estética del entorno. Era crudo, no le gustaba el jipismo, otra cosa con la que me identifico.  

¿Qué tiene la década de los ochenta como para volverla a traer aquí, entre Kardashians y Drakes?
Los ochenta tienen rebeldía, glam, los góticos, la moda, la  new wave, Morrissey. Fue una época que influenció mi obra y sobre todo mi disco Frik, aunque actualmente le he dado una pausa y regresé al viejo folk.

“Poesía que sangra a chorros”, dice Jaime Acosta, ¿de dónde proviene toda esa lírica?
Proviene de todas partes, de las cantinas, de un hombre solitario comiendo en McDonald’s, de un muchacho aburrido debajo del reloj de la plaza. Viene de la literatura romántica y beat, del punk y el folk, del cine de terror y Tarantino. Viene de mis entrañas y mi psique.

El punk es un movimiento que se caracteriza por su discurso de desafío y desprecio hacia las normas establecidas, ¿qué representa para ti ese género?
Para mi el punk es Charly García al lanzarse del noveno piso de un hotel o la poesía de Michael Strunge. ¿Punk? Baudelaire caminando en las calles de París. Punk es lo que sientes en la piel al escuchar a The Clash y dar el primer trago de cerveza. 

¿Cuáles son tus influencias?
Dylan, Cohen, Nick Cave, Nick Drake, Nacho Vegas, Quique González, Arellano, Poe, Kerouac, Rob Coffinshaker, Nick 13, Johnny Cash, Neil Young, José Alfredo, Juan Gabriel, Álvaro Carrillo, Efraín Huerta, Max Rojas, etcétera.

Háblame de tu afición por Peter Murphy.
Fui de aquellos que ponían a Bauhaus en sus audífonos al salir a la calle para no sentirse tan miserables. Después escuché a Mr. Moonlight en su faceta de solista y me encantó. Tenía que ver más con lo que yo andaba haciendo o quería hacer. En mi canción “Engendro” lo nombro de manera intertextual y si lo interpretas, entiendes y revives el contexto de esa pieza.

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“Si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco”, decía Tchaikovski. ¿Te han logrado revivir estos diez años de música?
¡Hermano, si no hiciera música ten por seguro que ya estaría en algún panteón de la ciudad de Puebla! 

Aprendiste a tocar la guitarra de manera autodidacta en casa, con canciones de Silvio Rodríguez, ¿eso no da un poco de pudor?
¡No, para nada! Silvio es uno de los más grandes compositores de la historia y uno de los guitarristas más complejos, me hizo comprender una pequeña parte del universo musical. A la fecha lo sigo escuchando y cantando.

¿Por qué estudiar Lingüística y Literatura en la BUAP?
Era un plan de emergencia que nunca llevé a cabo (afortunadamente). Del lado de la literatura me encontré con grandes profesores a los que les debo muchos conocimientos. Eran reflexivos los días en la biblioteca del edificio Arronte o los jueves con los amigos en algún bar discutiendo sobre literatura y cine.

Los Yonkis, que bien pude ser una variación de Los Yonics: ¿cómo surgió esta alineación y cual es su diferencia con Iván, el solista?
Surgió hace siete años como una necesidad de instrumentar mis canciones y es la manera castellanizada de junkies, ya que en ese momento leía el libro Yonqui de William Burroughs. Digamos que Iván García solista son las versiones acústicas de Iván García y los Yonkis.

“Un personaje deberá ser, por tanto, un hombre demasiado común y un poco tonto. Hombre de carácter y autómata son casi sinónimos”, dijo Strindberg en El hijo de la selva. Se ha dicho que te has convertido en tu propio personaje, ¿qué hay de cierto en ello?
Creo que si me vieran un martes por la tarde en pijama y viendo Hora de aventuras se rompería esa mítica. Soy un ser humano que sufre, llora, ríe, caga y mea como todos. A veces salgo por unas cervezas y no tengo tan buen carácter, eso aviva el rumor… y que duermo en casi absoluta oscuridad.

Háblame del disco Frik.
Es una serie de canciones que escribí en el 2010, que grabé con Los Yonkis en el 2013 y que vio la luz hasta el 2014. Lo grabamos encerrados en La Milagrosa Producciones durante diez días. Pasábamos de la cabina a la sala y de ahí al mezcal y la cerveza.  Los cortes son evidentemente influenciados por La Cura y The Smiths.

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¿Cómo fue la experiencia de que Gerardo Enciso grabara una de tus canciones cuando tenías dieciocho años?
El Flaco es uno de los eslabones más importantes del rock nacional. Aunque es de la escena underground, goza de un prestigio inquebrantable en el medio musical. Para mí fue un sueño prematuro.

¿Qué representa para ti Michael Strunge?
La poesía como modo de vida, un poeta maldito que no ha sido leído con la seriedad debida. Deberían existir más escritores y músicos que promovieran su obra. Hice una canción homenaje a su texto  “Sagrada, sagradamente”, titulada “Chicos modernos”.

¿A qué otro artista recomendarías para ser entrevistado por este medio?
Al poeta R. Israel Miranda, al escritor y periodista Juan Carlos Hidalgo, a mi colega Paulino Monroy… Existen muchísimos. Lo bello de la escena mexicana es que uno te conecta a otro y se vuelve una cadena de rock y poesía.