Nunca nos pondremos de acuerdo acerca de cuál es el mejor álbum de los Beatles. Cada quién tiene su favorito y sus razones para defenderlo. Sin embargo, el trabajo discográfico más conocido, el más popular desde que saliera a la venta hace exactamente medio siglo —el 1 de junio de 1967—, la obra por antonomasia de los de Liverpool es sin duda el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

A 50 años de distancia, La Banda del Club de los Corazones Solitarios del Sargento Pimienta continúa tan fresco, actual y vigente como cuando fue grabado en los estudios Abbey Road de Londres.

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Perfecta continuación de su antecesor, el espléndido Revolver de 1966, Sgt. Pepper’s vale tanto por su calidad artística, letrística y musical como por lo que significa culturalmente. El momento en el cual apareció provocó que el mundo entero se revolucionara, se convulsionara, y creó un hito, un antes y un después cuyos efectos no terminan de asentarse en plena segunda década del siglo XXI.

Como pieza estrictamente musical, el Sargento Pimienta es una obra maestra. Si su antecesor de 1966, el ya referido Revolver, fue el gran paso hacia la transformación de los Beatles en algo más que un simple grupo de rock (aunque ya en el Rubber Soul de 1965 había algo de eso), el Sgt. Pepper’s es la consolidación de ese paso y el ingreso del cuarteto al Olimpo histórico de la música.

Lo que en un principio trató de ser una especie de homenaje a las revistas de variedades, con tintes al mismo tiempo de music hall y de psicodelia, nunca pudo lograrse. Con la salvedad de la obertura, con la canción homónima (más su reprise) y la subsiguiente “With a Little Help from My Friends”, cantada por Ringo Starr, el resto del material prácticamente no tiene relación entre sí y lo único que lo unifica es el modo como las canciones se enlazan sin lapsos silenciosos entre ellas. La idea original de Paul McCartney no se concretó. No obstante, eso es lo de menos. Todas las canciones del disco resultaron tan buenas que han trascendido hasta hoy.

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Hay en el Sgt, Pepper’s exquisiteces como “She’s Leaving Home”, portento melódico que remite a la música de Felix Mendelsshon. Está la esplendorosa “Lucy in the Sky with Diamonds” que tanta polémica ha causado siempre por llevar, supuestamente, las iniciales LSD en su título, cuando en realidad, juraba John Lennon, estaba inspirada en un dibujo de su pequeño hijo Julian.

Sgt. Pepper recorre una colorida paleta de estilos que va de la vodevilesca “When I’m Sixty Four” a la sarcásticamente optimista “Gettin Bettter”, de la sardónica “I’m Fixing a Hole” a la preciosa “Lovely Rita”, sin olvidar la circense y naïve “Being for the Benefit of Mr. Kite”, la hinduista “Within You Without You” (única contribución de George Harrison al álbum) y la chispeante “Good Morning Good Morning”.

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Mención aparte merece la que a mi modo de ver (y de escuchar) es la mejor composición del disco: la apabullante “A Day in the Life”, concebida en su mayor parte por Lennon y un absoluto tour de force instrumental (en el que mucho contribuyó George Martin, gran productor del álbum) y poético, con el maccartiano intermesso incluido. Impecablemente construida, con efectivas yuxtaposiciones rítmicas, armónicas y melódicas, con una orquestación que conduce a un gran clímax, “Un día en la vida” es la coda perfecta, la conclusión grandiosa de una obra monumental que logra salvar los excesos y la grandilocuencia.

We hope you have enjoyed the show.

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