Leyenda viva del rock subterráneo de este país, la antigua integrante de las Ultrasónicas nos regala algunas pistas de su personalidad, mediante el siguiente interrogatorio psicodiscográfico.

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¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
El primero que escuché de manera consciente fue el de Odisea Burbujas. Recuerdo que lo compramos en Gigante, un día que fui con mi familia por la despensa. Cuando llegamos a la casa, mi hermano menor y yo lo pusimos en la tornamesa, que era una Tecnics, ya sabes, de esas que les brilla el foquito, como las que usan ahora los DJ. Lo escuchamos y vaya que ese disco era la sensación, ya nos sabíamos las canciones.

¿Cuál fue el primer disco que compraste?
Ritual de lo Habitual de Jane’s Addiction. Lo compré en el Chopo. Recuerdo que era un disco de acetato con una portada blanca y luego me enteré de que originalmente el disco traía como portada fotos de brujería del mercado de Sonora y me parece que lo prohibieron y por eso la portada pasó a ser blanca, pero adentro el disco traía un plegable con esas fotos. Se ve que los de ese grupo vinieron a México y les gustaba esa onda de la brujería. Las imágenes traían letreritos en español como: “Yo puedo más que tú”, etcétera.

¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
Muchos. Creo que el primer disco que me quise robar de casa de un amigo fue uno de los Pixies. Yo estaba en una etapa en la cual oía a Caifanes, Maldita Vecindad, Café Tacuba, La Castañeda y justamente por esa época conocí a un chavo de una banda que se llamaba Los Psicóticos, quien resultó ser vecino mío. Entonces empecé a ir a casa de ese bato y me ponía un montón de música garage que se me hacía rarísima. Sonaba como la que oían mis papás cuando yo era niña: los Teen Tops, Los Locos del Ritmo, pero súper distorsionado y con mucho ruido y yo decía: “Esto está loquísimo”. Me acuerdo que entre todo puso un disco de los Pixies, la rola de “Here Comes Your Man” que me encantó. Fue una locura. Ese disco sí me lo quería llevar, pero al día siguiente fui a su casa para que me lo grabara.

¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
Creo que Dirty de Sonic Youth.

¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
Yo recuerdo de manera especial un disco que tenía mi papá, de música clásica para niños. Venían la “Sinfonía de los juguetes”, una parte de “Pedro y el lobo”, el “Himno a la alegría”… Los domingos en familia mi papá ponía ese disco y hojeábamos el libro con los dibujitos y bailábamos la música que era súper bonita. Creo que era un disco que sacó el periódico Excelsior. ¡Ah! Y los álbumes esos gordos de Selecciones, el de Cri-Cri lo adoraba de niña. Ya más grande, el Lisergic Emanations de los Fuzztones era el disco con el cual yo me sentía lo más especial. Lo ponía y decía: “Nadie en el mundo está oyendo esto más que yo”.

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¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Me acuerdo que cuando estaba en la universidad, por una época me dio por oír música para estudiar. Pero si era música que me gustaba, me distraía mucho. Necesitaba oír algo que no me gustara y en una de esas, al esculcar las cosas de mi mamá, me encontré un cassette de Arjona. Lo ponía y como era más o menos tranquilón, pues podía estudiar. Lo malo es que me lo aprendí y lo traigo todo embarrado en el subconsciente y algún día, en un disco mío, va a salir todo Arjona. Me daba mucha vergüenza que me agarraran en ese patín.

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Jennifer, la baterista de las Ultrasónicas, me trajo una vez un Peel Sessions de los Mummies, un 45, que estaba súper chido. Yo lo adoraba y venía firmado: “Para Jessica del bajista de los Mummies”. Lo perdí en Veracruz, en una mudanza.

¿Cuál es el disco o los discos que adquiriste más recientemente?
Me compré uno del Captain Beefheart and His Magic Band.

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¿Cuál es el disco que más te ha influenciado en la vida?
Yo creo que fue Here Are the Sonics de The Sonics, porque las primeras rolas que me aprendí, cuando empecé a tocar con las Ultrasónicas, son de ese disco. Lo oigo y me encanta. Es lo que reproduje en muchas de mis piezas.

¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
Yo jamás oigo música cuando hago el amor, pero si pudiera elegir pondría uno de Sade, el Diamond Life o el Love de Lux.

¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Quiero uno que le recuerde a la gente que me fui a un lugar más cósmico o sea: que no se vayan a poner tristes, que estoy bien, que quiero mandarles un mensaje… ¡Ya sé cuál! El Octopus Ride de Syd Barrett. Pero que lo pongan al revés, porque les voy a mandar mensajes de ultratumba de que estoy bien, de que no hay pedo. Ese disco tiene esta onda muy mística, pero a la vez optimista. Ya si no encuentran ese disco, pueden poner uno de éxitos de los Rolling Stones o uno de Chocolate Watch Band.

¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
Pues está muy cabrón, la neta, pero ni modo. Me llevo a Bessie Smith, porque creo que la voy a seguir escuchando toda mi vida, pase lo que pase, siempre que esté triste. Ya si me quiero suicidar, porque la isla desierta está muy pinche, pondré a Billie Holiday; pero como creo que no me voy a querer suicidar… Todo depende de las condiciones de la isla, porque si voy a regresar, pues entonces no me llevo el de Billie Holiday. Cuando esté alegre porque haya aprendido a pescar, voy a poner “Poupée de cire, poupée de son” de France Gall o un disco de las Delmonas. Cuando me sienta así, de fiesta pesada, voy a poner el Master of Reality de Black Sabbath, esas cosas no se pueden dejar en el continente. Luego, cuando me ponga guapachosa –que me va a hacer falta; tengo la sangre, ya me chingué–, voy a poner a Mano Negra que es como decentón, pero en realidad mi segunda opción es La Sonora Santanera o uno de Los Tigres del Norte. Para cuando esté tranquila… Pues… Estoy en un conflicto muy grande, porque no sé si llevarme Black Celebration de Depeche Mode, para acordarme de la civilización y de la música electrónica, o llevarme a Beethoven, para recordar lo que es la música, no cualquier mamada…