El rock como música —y prioritariamente como cultura— siempre ha buscado la oportunidad y también el motivo para manifestar su selección de influencias. Una de ellas proviene, desde los años sesenta de la centuria pasada, de la India. Después del blues negro y el folk blanco, la expresión musical de aquel país constituyó el siguiente elemento importante en la mezcla particular creada por el rock y actualmente por el world beat, el house o sus derivados.

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Los intérpretes de la música india orientados hacia el rock y géneros contemporáneos encontraron, desde mediados del siglo XX, tres maneras de producir una forma artística actualizada, viable y en contacto con la población del mundo en general. Esto ocurrió por medio de una progresiva “indianización”, es decir, la dilución de esas influencias en géneros que surgieron en primer lugar como crossover.

En segundo, mediante el empleo creativo de la retroalimentación recibida tanto del Oriente como de Occidente en forma de world music y, finalmente, al mezclar dentro del world beat la antigua tradición musical india, tanto popular como clásica, con el house, el techno y afines.

El proceso de transculturación engendró con los años una fértil escena musical. De tal suerte es posible ubicar a un hombre llamado Prem Joshua como un eslabón importante en la fuerte cadena que ata a la cultura del género con aquella península oriental.

Tras una larga trayectoría y vida en dicho territorio, es actualmente saludado como un personaje popular, mientras camina por las calles de Bombay. “No soy una estrella de Bollywood, pero algunos me reconocen por aquí”, admite cuando se le señala el asunto.

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Prem es un alemán oriundo de la Selva Negra que a los cinco años de edad comenzó a tocar la flauta y después, en plena adolescencia, el saxofón, para poder formar parte de alguna banda local de rock o jazz. Se inició en las drogas psicodélicas y el misticismo literario, pero pronto se dio cuenta de que aquello no lo satisfacía. Así que a los dieciocho años tomó su mochila rumbo a Pakistán, Irán, Afganistán y Turquía, lugares donde intentó asentarse. Sin embargo, los musulmanes radicales, contrarios a la música, le lanzaban piedras cuando intentaba tocar en algún sitio, por lo que se trasladó finalmente a la India.

Cuando llegó a aquella zona del mundo, buscó algo más que pasarla bien y consumir sicotrópicos. La sensación de irrealidad de las drogas, en su caso, no le ayudaba para componer lo que tenía en mente (la fusión de los ragas con la electrónica), así que se puso a estudiar la música regional en serio (y no solamente ésta, sino la cultura en general).

Aprendió a tocar la sítara con el maestro Ustad Usman Khan en Benares y con el gurú Osho conoció el pensamiento espiritual del que se hizo seguidor. A la postre, completó sus estudios musicales con la flauta de bambú (además de los instrumentos de cuerda llamados dilruba y santoor). Conservó el nombre de Joshua que le habían puesto sus padres al nacer, pero su apellido original (el cual ha ocultado muy bien hasta la fecha) lo cambió por la palabra Prem, que literalmente significa “amor” en hindi. Formó entonces un cuarteto junto a otros instrumentistas que compartían su visión: un alemán (Chintan Relenberg, en los loops, los teclados, el tambor darbuka, la tabla y los coros), un indio (Raul Sengupta, en la tabla, percusiones y coros) y un japonés (Satgyan Fukuda, en el bajo, las percusiones y coros), con él en la voz principal, papel que también desempeña como invitada la cantante Sandhya Sanjana.

Con este grupo ha rubricado casi una veintena de álbumes muy apreciados en los circuitos del world beat, el lounge y el trance:desde el No Goal But the Path (con el cual debutó discográficamente junto a Terra Incognita) hasta el Kashi: Songs from the India Within de 2014.

Prem combinó desde entonces los instrumentos tradicionales indios con géneros como el rock, el jazz o los sonidos de la música electrónica. Su música transcurrió por varias etapas y sus breaks traspasaron las barreras de las culturas y las nacionalidades.

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El concepto del músico andariego (su autonombrada “mixtura interior”) resultó fresco, armónico y lleno de sentimiento, y ha contribuido a solidificar la fusión en el movimiento Asian Underground. Sus composiciones han sido sampleadas por los raperos de la Costa Oeste de la Unión Americana lo mismo que por artistas de la música anglo-asiática del breakbeat.

Pese a las apariencias capilares (la barba blanca), de su vestimenta y forma de vida (al estilo hindú), Joshua es un amante del rock clásico y no practica el yoga como dogma. Por eso mismo ha logrado la circunstancia de disfrutar de la música al margen de la mística.

Para este artista, la música popular intercultural es producto de la época que vivimos, de intercambio y reconocimiento, y debe ser un mensaje de belleza al alcance de cualquiera. Oriente y Occidente ya no se dan la espalda, musicalmente hablando, desde hace medio siglo. Así ha ocurrido gracias a la obra de gente que ha ensanchado el puente, como Prem Joshua, este hombre originario de la Schwarzwald germana que, aunque rubio y teutón, nunca se ha sentido en la India como un intruso.

Discografía selecta: Tales of a Dancing River, Desert Visions (ambos con New Earth Records), Dance of Shakti, Dakini Lounge, Taranga (con White Swan Records).