La presentación de Jimi Hendrix en el Festival de Woodstock marcó un momento sustancial de la historia del rock. Definió el ser de la guitarra eléctrica. Ello sucedió temprano en la mañana del lunes 18 de agosto de 1969 y duró una hora y media.

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No fue la mejor presentación de Hendrix en vivo. Pero sí fue la más honesta. Esa actuación decidió su fama de alma salvaje y duende de la electricidad. De allí salió disparado a la fama planetaria y la tragedia de su casi inmediata muerte prematura.

El rock de la guitarra de Hendrix rompió con sublime belleza la monotonía del espectáculo ruidoso para adolescentes y la superficialidad grosera de las mercancías de la industria de la cultura domesticadora de masas. Superó en todas direcciones las expectativas y los altos estándares libertarios de ese gran concierto masivo. Le dio el rostro de Jimi Hendrix al tótem de la revuelta juvenil y el estruendo rockero. Porque manifestó de modo contundente que la lira eléctrica no era sólo una guitarra de palo con amplificadores.

El clímax fue su excéntrica interpretación del himno nacional norteamericano. La forma vanguardista heterodoxa como Hendrix lo electrificó y lo puso en tono de blues pesado y de desobediencia civil y protesta, al reproducir, en montaje distante, con los sonidos de su instrumento eléctrico, la epifanía de los efectos sonoros de la guerra de Vietnam: las bombas, los disparos, las sirenas de alarma, los gritos, las quejas…, la llamada a rancho. El lado político del carnaval de las flores, la avena con miel y el amor libre del jipismo. Un gran momento para la libertad de expresión.

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Tal acción de Hendrix y su grupo constituye la moraleja contracultural “electrizante” de ese gran evento de masas que fue Woodstock. El gesto “documental” que subrayó la fuerza crítica de la quietud mística pacifista y no violenta de quienes de modo masivo allí escucharon música en medio de la lluvia, el lodo, el relajo y la escasez de alimentos y servicio sanitario.

La música electrónica de masas dejó de imitar o sólo reproducir la música acústica o desconectada (unplugged), la cosa en sí electrónica habló por su cuenta. Desde entonces no ha vuelto a ser lo mismo la interpretación del himno del imperio del dólar. Ese gesto de libertad otros artistas lo han personalizado y estilizado de acuerdo a su situación y diferencias, el himno se ha vuelto expresión efectiva del individuo ciudadano y no sólo símbolo del gobierno político. También desde ese momento dejó de ser algo inaudible lo “eléctrico” de la guitarra eléctrica.

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Fue el momento en que la “coseidad" de la cosa eléctrica de la música de la globalización reveló la esencia técnica de la red eléctrica del espíritu (“Mind"); la fuerza de voluntad –humanista pero in-humana– de la energía eléctrica como signo de los tiempos para tejer el contrato social planetario que opera como La Red, La Noósfera, Nuestro Espectro Eléctrico.

Los cinco músicos que esa vez de Woodstock acompañaron a Jimi Hendrix (primera guitarra) fueron: Mitch Mitchell (batería), Billy Cox (bajo), Larry Lee (segunda guitarra), Juma Sultan (percusión) y Jerry Velez (percusión). Hay grabaciones audiovisuales y de audio del evento completo, igual que muchas fotografías, libros y toda una miscelánea de textos de reseña y comentarios por escrito.