Es nativo de Hungría, nación que si bien ha dado varios músicos al mundo, no se caracteriza por ser un abundante filón. Por diez años estudió percusión clásica y otros siete se dedicó al acordeón; fue en ese periodo cuando se integró a una orquesta juvenil y por casi una década, dice, “cubrimos una gran variedad de música”.

Esa movilidad es una de las principales cualidades de Balazs Pandi, baterista que desconoce los límites y las fronteras, pero cuya primera escuela se encuentra en el rock. Claro, su concepción de éste es muy abierta, libre, y es esa libertad la que lo ha llevado a establecer una serie de asociaciones que han redundado en una diversidad de colaboraciones.

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Como otros de sus contemporáneos, no tiene un grupo base, aunque en los tiempos recientes ha pasado a formar parte del combo italiano Zü. Pero el momento decisivo en su trayectoria, ese que lo saca del “anonimato”, es cuando Masami Akita, mejor conocido como Merzbow, lo llamó en 2009 para tocar la batería en sus conciertos.

La relación dio fruto: la electrónica extrema, el ruido, los bestiales ataques de Merzbow, invitaron a Pandi a explotar la brutalidad, pero también a improvisar, a responder espontáneamente y dialogar. Pandi optó por encarar esta colaboración con la actitud de un baterista de free jazz. El resultado, asentado en placas como Ducks: Live in NYC (2011) y Katowice (2012), es extremo. No hay en él ningún detalle amable, ni un rasgo melódico; en vez de ello, ambos construyen una pared sonora densa y de varias capas, pero allí donde en otros momentos Merzbow únicamente ha entregado ruido, ahora deja entrever ciertos destellos de musicalidad.

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En realidad hablar de Balazs Pandi es un pretexto para acercarse a un océano de sonidos. Su talento lo ha llevado a tocar con Merzbow y Keiji Haino (An Untroublesome Defencelessness, 2016) en un álbum radical, áspero, de momentos muy crudos y total exploración. Merzbow y él han colaborado con el saxofonista Mats Gustafsson en un híbrido de electrónica, free jazz y destellos de funk plasmado en un par de discos: Cuts y Live in Tabacko, 13/04/12. Los tres, más Thurston Moore, dieron a conocer Cuts of Guilt, Cuts Deper, obra volcánica y cuya fuerza reduce todo a las cenizas.

El baterista también forma parte de Obake, colectivo que fusiona electrónica, math rock, ruido, algo de blues y hard rock y en el que comparte créditos con el guitarrista Eraldo Bernocchi. Ambos, más Jamie Saft en teclados y Colin Edwin (Porcupine Tree) en el bajo, forman Metallic Taste of Blood.

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El mismo Saft y Pandi, más la guitarra de Joe Morris y el bajo de Trevor Dunn dan vida a un poderoso cuarteto llamado Slobber Pup, en el cual jazz, rock y destellos de blues se tejen en una explosiva combinación —similar a Simulacrum, el trío de John Medeski, Matt Hollenberg y Kenny Grohowski— que ha generado un par de explosivos álbumes (Black Aces y Pole Axe): violentos, intensos, caóticos, más inclinados a la improvisación.

Pandi es un link viviente. Seguirlo es abrir una puerta que conduce a otras y en cada una de las estancias visitadas la sorpresa es la constante. No sólo es un baterista potente; cuando lo desea, puede poner un poco de swing, pero las más de las veces lo suyo es un imaginativo cruce entre el free jazz, el metal, el math rock y el noise, una aleación explosiva, sorprendente, una propuesta sonora inagotable.