Fue después de la novela Rayuela de Julio Cortázar. Después del Sargento Pimienta de los Beatles, después de "A Day in the Life". También después del Mayo de 68. Con retumbes del cine de la Nueva Ola francesa y con el espíritu agridulce de las historietas gráficas de Quino (el de Mafalda y mucho más). Pero siempre fue con espíritu de tango; siempre en la encrucijada entre lo anacrónico y lo vigente de esta música canyengue. Fue la síntesis alquímica de ese momento histórico mundial, según el espíritu rioplatense de lo latinoamericano libertario, la piedra filosofal de lo real maravilloso.

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Así fue como se compuso de modo enfebrecido la “Balada para un loco”, el tango que divide la historia de este género musical en un antes y un después de Piazzolla. Un acontecimiento sin igual dentro de la historia de esta música popular urbana de la ciudad de Buenos Aires. Una obra compuesta por Horacio Ferrer, letra, y Astor Piazzolla, música.

Se puede afirmar que hay un tango antes y después de Carlos Gardel, el único intérprete de este género que iguala a Piazzolla en reconocimiento internacional. Pero no se puede señalar una canción de Gardel para marcar esa ruptura o diferencia. Igual puede haber quien se atreva a decir que hay un antes y un después de Aníbal Troilo o de Roberto Goyeneche; de nuevo será muy discutible tratar de plantear una de las piezas que grabaron como el punto concreto del cambio. Únicamente la “Balada…” lo consigue sin gran discusión y lo logra en buena parte por la turbulenta cantidad de críticas y debates que causó su aparición. Chocar con todo ello y seguir vigente hoy día es prueba clara de su importancia.

La clave de la ruptura se encuentra en la letra y el recitado del principio, un aporte del poeta Horacio Ferrer, su segundo gran éxito compuesto en colaboración con Piazzolla. La música de la “Balada…” no es muy compleja, él dijo que era una de las que menos trabajo le había costado dar con ella y su novedad en este aspecto está en la forma como revela el paralelo entre el vals y el tango.

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Piazzolla fue muy ambiguo con este éxito fenomenal. Unas veces apreciaba lo brillante de la letra y se declaraba orgulloso de haber dado con la melodía adecuada, presumía de su forma de transformar el género sin romperlo o traicionarlo, superándolo en forma positiva. Pero no pocas veces suspendió las entrevistas donde le preguntaban qué había compuesto después de la “Balada…”.

Este tango fue inscrito en el Primer Festival Iberoamericano de la Canción y la Danza, un gigantesco acontecimiento musical sin precedentes en Buenos Aires, que se llevó a cabo durante una semana, en noviembre de 1969. A pesar de la buena recepción que tuvo por parte del jurado del concurso, se le dio el segundo lugar; esto provocó una turbamulta entre el público, fuertemente dividido entre quienes festejaban la novedad de esta composición y quienes la rechazaban por completo como una falsificación.

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La canción que esa vez obtuvo el primer puesto, titulada “Hasta el último tren”, cantada por Jorge Sobral, pronto pasó al olvido; así que el último tren se quedó en el andén, como decía un chiste de la época. Mientras que la “Balada…” se convirtió en un disco vendido en forma masiva y tocado todo el tiempo en la radio, recorriendo muy pronto América Latina y el mundo entero.

Fue todo un renacimiento del tango. Nada ha vuelto a brillar con tales proporciones; pero el estallido causado por Piazzolla ha sido tan grande y generoso que aún hoy día, medio siglo después, mantiene vigente y pleno al tango.

Aquí presentamos las dos grabaciones clásicas de este tango: la cantada por Amelita Baltar, entonces esposa y musa del bandoneonista y compositor, versión con la que compitieron en el Festival y que sirvió para iniciar su gran aceptación y fama, y la interpretación del “polaco” Roberto Goyeneche, con quien este tango daría la vuelta al mundo. Llama la atención que en ninguno de los dos arreglos instrumentales interviene el bandoneón, lo mismo que la presencia jazzera de la batería. Y en tercer lugar, una versión de la cantante italiana Milva en vivo y con el mismito Astor Piazzolla en el bandoneón.