Son ya dieciséis años desde que hiciera su debut una de las bandas más eclécticas de principios del siglo XXI. Con un disco debut que lo mismo coqueteaba con la salsa, el punk, el trip hop, el reggae y otros ritmos, el álbum homónimo de la banda Gorillaz llamaría la atención no sólo por su calidad sonora, sino también por marcar el inicio de la particular mitología de cuatro personajes que fueron creados para ser la imagen y figura de esta banda que ha surcado entre lo ficticio, lo absurdo, lo musical y lo real.

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Detrás de este cuarteto se encuentra la dirección del front man de la banda británica Blur, Damon Albarn, más que conocido por sus innumerables proyectos musicales, y el artista del cómic Jamie Hewlett, quien ha destacado por ser co-creador del legendario libro ilustrado Tank Girl. Si bien a este dueto se le atribuye la creación del grupo y es cierto que son ellos quienes han marcado el camino tanto de las historias como de la música, también es necesario decir que el proyecto ha contado con cientos de colaboradores entre cantantes, músicos, ilustradores, actores de doblaje, etcétera. Gorillaz no es sólo un grupo musical, se trata de una animación llevada hacia la representación teatral, donde decenas de voces se unen para narrar las obsesiones y aventuras de estos cuatro caracteres, cuyas personalidades y roles en el grupo están muy bien definidos a pesar de ser sujetos ficticios.

Colaboradores de la talla de Ibrahim Ferrer, Dennis Hopper, Lou Reed, Bobby Womack, Little Dragon, De la Soul, Mick Jones, Paul Simonon, Andre 3000 o Mavin Staples, entre muchos otros, se han sumado a los álbumes del grupo que cada vez deja más en claro que (dejando fuera el experimental The Fall que es una introspección de 2-D/Albarn) la colaboración es una pieza fundamental para la música de este grupo y que la misma constituye una parte cada vez más importante de la narrativa del proyecto.

Con cuatro discos de estudio, tres de lados “B”, uno de tour y uno en vivo, sumados a múltiples sencillos y rarezas, la cantidad de música compuesta por la banda virtual es tan rica como sorprendente, pasando del oscuro Demon Days, inspirado en 2005 por la inminente guerra en Irak (y el trato con el demonio firmado por el bajista satánico Murdoc), al orquestal y musical y temáticamente ambicioso Plastic Beach (2010) que lo mismo fusiona un ritmo de medio oriente con hip hop que una base de reggae lenta con electropop, y el magistral (y experimental) The Fall, grabado casi en su totalidad en un iPad durante los trayectos entre las ciudades que visitaban en la gira norteamericana del 2010.

Es necesario hacer esta introducción para hablar de algunos aspectos fundamentales del más reciente álbum de Gorillaz, lanzado en todo el mundo este 28 de abril, luego de una campaña de publicidad que incluyó el lanzamiento de dos aplicaciones de realidad aumentada, un evento de escucha simultánea en más de 500 países y el lanzamiento de cuatro sencillos simultáneos luego de siete años de inactividad, además de un video musical en 360 grados. 

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Primero que nada, este disco no debería parecerse a otro trabajo del grupo; algunos colaboradores han declarado que cuando los fundadores del proyecto los buscaron (2016) les pidieron imaginar sus colaboraciones pensando que el mundo sería un lugar muy diferente con la eventual llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Este álbum se iría concibiendo como un álbum político para el mundo real y dentro del mundo animado sería descrito como “una fiesta, la última noche antes del fin del mundo”. Este espíritu está presente por todo el álbum. Las percusiones y beats no faltan, pero las letras casi siempre caen en la pesadumbre y el cinismo. Esos “espíritus” que habitan la casa de Gorillaz nos recuerdan constantemente que el mundo se va a acabar, que el cielo está por caerse (“The sky is falling baby, drop that ass for crash").

Se echan de menos las instrumentaciones extravagantes que Albarn nos regaló en otros álbumes. En esta ocasión son sonidos electrónicos, sintetizadores y otros sonidos por computadora los que hacen acto de presencia y aunque los ritmos y la composición no resultan aburridos, resulta extraño un álbum casi totalmente electrónico.

Hay una variedad increíble de ritmos. Canciones veloces como “Strobelite” o “Momentz” que trae de vuelta a los infalibles De la Soul o el infalible pop de “Andromeda”, contrapuesto con la melancólica “Busted and Blue”, o el casi vals “Hallelujah Money”, ejecutado por la potente voz de Benjamin Clementine que lanza una de las preguntas más potentes del disco: ¿seguimos siendo humanos? Durante veinte canciones (en el formato normal del álbum), recorremos una pista de baile que parece ser una fiesta dentro de la casa de los propios integrantes virtuales del grupo y en este viaje que fluctúa entre el pesimismo, el cinismo y la fiesta, terminaremos con una auténtica oda al optimismo y al amor con “We Got the Power” (“tenemos el poder de amarnos, no importa lo que pase”).

La versión de lujo, disponible en todas las plataformas de streaming musical, cuenta con seis canciones extra que son parte de las más de cuarenta que se grabaron para este disco y que se habían dejado fuera del corte final. De estas, destacaría “The Apprentice” y “Ticker Tape”.

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Humanz es un trabajo extraño aun para Gorillaz, puesto que no termina de ser un disco de música para bailar o un disco de rock; como que siempre está en la frontera de esos y otros géneros musicales. A pesar de que no era posible esperar algún parecido con sus antecesores, es cierto que después de escucharlo con detenimiento se echa de menos el sentimiento de “ópera rock” que estaba presente en otras fases del grupo y es que este álbum por momentos se siente como una colección de tracks más que como un conjunto que funciona como un todo.

En contraposición a la parte musical, este es uno de los discos más ricos en cuanto a narrativas digitales y visuales se refiere, con una serie de playlists curada por cada uno de los personajes, un libro digital que narra lo que fue de cada uno de ellos desde el escape de Plastic Beach, las aplicaciones que se suman a la rica mitología del grupo, los planes para una serie de caricaturas, etcétera.

Lo cierto es que cada una de las etapas de Gorillaz está llena de música y distintos extras que hacen que el grupo sea uno de los proyectos más llamativos de los últimos años. Cada una de sus giras involucra videos animados, montones de música y seguramente un disco extra de lados B. Humanz no es un proyecto terminado, aunque el de hoy no sea el tan ansiado regreso.

Alberto Martínez
Licenciado en Arte y colaborador de revistas digitales en temas de arte y cultura visual.