Su voz no tiene un timbre festivo. Busca el matrimonio perfecto entre ruido y armonía. La melancolía y el coraje son partes fundamentales en sus letras. El caos y la violencia le parecen elementos creativos cuando no se aplican a la realidad. Las canciones le son algo sagrado. Piensa que los discos “en vivo” son para quienes no tienen ideas. Le desagradan Joaquín Sabina, Ana Belem y Miguel Ríos, pues los considera activistas políticos a quienes sólo les preocupan el dinero, las mansiones y los autos. Dice que la piratería le vale madres y no teme admitir que José José le resulta interesante, que ama a José Alfredo Jiménez y Olga Guillot, que Agustín Lara es una joya y que Javier Solís fue un interprete espectacular. Su nombre es Javier Corcobado. Con él pudimos platicar hace algún tiempo, en una tarde llena de tragos, para saber un poco sobre su intimidad discográfica.

corcobado-1


¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
Te diré la primer canción que recuerdo y es “Poupée Cire, Poupée de Son” de Serge Gainsbourg, la cual ganó el festival Eurovisión de 1965, cantada por France Gall.

¿Cuál fue el primer disco que compraste?
Creo que fue “Digan lo que digan” de Raphael.

¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
Carezco de la enfermedad de la envidia, entonces no puedo responder a esa pregunta.

corcobado-2

¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
Bueno, esto es un poco vanidoso, pero en mi más reciente disco hice una canción para manejar que se llama “Temblando”. Dándole al repeat, me gusta conducir cientos de kilómetros; es una canción de carretera, como de road movie.

¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
Guau, es una pregunta muy difícil, déjame pensarlo… Creo que el mismo de la primera pregunta, porque desde hace 38 años que oí “Poupée Cire, Poupée de Son”, cuando tenía dos, esa canción tiene la virtud de que cada vez que le doy a play en el reproductor, me alegra la vida; es una canción que me alegra la vida.

¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Ninguno.

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Creo que el de Richard Hell and the Voidoids en el que viene “Blank Generation”… Lo perdí.

¿Cuál es el disco que adquiriste más recientemente?
Me compré en Guadalajara un recopilatorio de Los Tigres del Norte. Ya los conozco de muchos años, pero buscaba uno que tuviera “Contrabando y traición” y “La banda del carro rojo” en el mismo disco y lo encontré. También me compré un triple de Agustín Lara. Justo antes de venir, en España, conseguí un disco que hacía mucho tiempo estaba detrás de él, uno de Imperio Argentina, de coplas españolas de finales de los años treinta y principios de los cuarenta que te recomiendo encarecidamente… y el Margerine Eclipse de Stereolab que es un grupo que me fascina, sobre todo en directo.

¿Cuál es el disco que más te ha influenciado en la vida?
Todos. Yo no soy un músico de una sola influencia, soy de muchas, muchísimas influencias. Soy muy curioso para escuchar música. Escucho todo lo que puedo. Todos los discos que han pasado por mis oídos de alguna manera han tenido que influenciarme.

¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
El silencio.

¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Mmmm… Pues como soy a veces ególatra y a veces autodestructivo, entonces ya que me muera que pongan toda mi discografía completa, canción a canción, para torturar a los asistentes al entierro.

¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
A una isla desierta me llevaría a Antonio Carlos Jobim, seguro. Me llevaría a Agustín Lara, seguro. Me llevaría a Pérez Prado, seguro. Me llevaría a Suicide, los primeros dos discos de Suicide, y me llevaría por último todos los tangos de Carlos Gardel y un disco de Robert Johnson.