Los guitarristas Alex Eisenring y Carlos Vivanco cruzaron caminos a principios de los setenta, cuando el primero dirigía El Queso Sagrado y el segundo trabajaba en las huestes de Atrás del Cosmos. Un día, Vivanco llegó a un ensayo de El Queso Sagrado y decidió integrarse a la banda; allí permaneció hasta que esta se transformó en Syntoma. Luego se mudó a los Estados Unidos, pero la amistad persistió. Eisenring, por su parte, después de editar el primer álbum de Syntoma, se dedicó a estudiar las computadoras y comenzó a hacer trabajos de producción.

La historia cuenta que en 2010 Alex Eisenring abandonó su “retiro” y se integró a Decibel; un par de años después, Vivanco decidió regresar a México e hizo lo mismo. Antes, a pesar de la distancia, empezaron a trabajar en un par de proyectos. De uno de ellos, Bardo Thodol, se lanzó su primera grabación en 2015; ahora editan Avantgarde, el debut de Kathmandu Ensemble.

A diferencia de su proyecto paralelo, en el Ensemble la dupla hace a un lado las guitarras para concentrarse en la creación de composiciones con recursos electrónicos. En un trabajo que recoge siete temas, se adentran en la construcción de imágenes oníricas, algunas de ellas incluso con tintes de pesadilla. Hay en la música de estos dos una fuerte vocación por lo visual, un deseo de crear viñetas a partir de sonidos y hacer con estos toda una propuesta.

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Alex Eisenring

En cortes como “Plenilunio” o “Camino a Lhasa”, la luz se ha erradicado para dar paso a tonalidades oscuras, atmósferas tétricas, opresivas, a pasajes en los que se escuchan cuerdas, teclados, ruidos incidentales, efectos, atmósferas, texturas y cuyas resonancias apuntan al futuro, en un acercamiento a la música contemporánea más que al rock.

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Carlos Vivanco

El misterio aquí es una constante, acecha continuamente en cada una de las acometidas sonoras de estos dos que se reparten por igual la creación de sueños y pesadillas. En  “Expresso a Kathmandu”, probablemente el corte más “terrenal” del álbum, aunque asentado en la luminosidad, no deja de haber algo ominoso; el aviso del advenimiento de lo extraño se mantiene. Es uno de los tracks con la referencia geográfica más clara y que retrata a la perfección una travesía no exenta de peligros y maravillas.

El cierre, excepcional por cierto, se da con “Ceremonia del té”, tema de título engañoso, pues en él no hay nada de idílico; por el contrario, es una de las composiciones más experimentales de la placa. En ella nos adentramos en una compleja madeja de sonidos, en los que cada uno de los instrumentos busca desafiarse a sí mismo al repeler su sonoridad natural y solazarse en la búsqueda de nuevos matices. Los resultados se inclinan más hacia la música  concreta, a la exploración sonora, al ruido, pero sin derivar en el estruendo. A diferencia de otros cortes, este es menos visual y le hace honor al título del disco: es totalmente vanguardista.

Lejos de instalarse en la nostalgia, los integrantes de Kathmandu Ensemble miran al futuro. Viven un periodo  creativo efervescente y la madurez aflora en cada una de sus producciones, trabajos siempre signados por la ambición de construir un sonido propio, inconfundible e identificable y en donde lo mejor, invariablemente, está por venir.

https://soundcloud.com/alex-ice-drinks/kathmandu-ensemble-camino-a-lhasa-2014

https://soundcloud.com/carlosvivanco-1/kathmandu-ensemble-exodo-2015