El disfrute por Morrissey es variopinto, igual que su afición. Su bestial sinceridad, las características de una personalidad depresiva expuestas en las letras de sus canciones, ese férreo intento por concientizar al mundo sobre la crueldad innecesaria que implica una dieta basada en productos de origen animal, el abrazo indirecto que llega a quienes escuchan sus melodías y esa irreverente manera de actuar son sólo algunas de las razones por las que el británico, nacido el 22 de mayo de 1959, se ha situado como uno de los personajes más peculiares y significativos en la escena musical contemporánea. Sin eludir la atención que logró al liderar a The Smiths, la banda de Manchester compuesta por Johnny Marr, Mike Joyce y Andy Rourke, agrupación a la que le bastó un lustro para consagrarse como uno de los mayores referentes del brit-pop.

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La producción de Morrissey a lo largo de los años, tras la disolución de The Smiths en 1987, le ha permitido mantener un público fiel que, particularmente en México, ha rebasado fronteras hasta Los Ángeles, California, donde la comunidad hispana representa uno de los puntos más relevantes y reconocidos de devoción por el cantante. Cariño mutuo que motivó a Moz a componer la canción “Mexico”, incluida entre los nueve bonus tracks de la reedición en 2004 del álbum You Are the Quarry. Pista que critica el racismo latente y la influencia estadounidense que existe entre la población: “En México, salí a caminar para respirar la fresca y tranquila brisa del amor / pero podía percibir el rastro de algún desecho químico americano / y una pequeña voz que decía ¿qué podemos hacer?”… “Parece que si eres rico y blanco te crees superior / y no veo por qué debería ser así”.

Desde su última visita, hasta el anuncio de una nueva gira por el país de los “bad hombres” y la confirmación de que encabezaría el Festival Roxy de Guadalajara, generó un cúmulo de emociones que dejó en el olvido la decepción de quienes esperaban verlo en la edición del Vive Latino 2013; energía que en el concierto del pasado 31 de marzo, en la Ciudad de México, el público derrochó en forma de baile, euforia y llanto.

Palacio de los Deportes
Media hora después del horario anunciado y provisto con un saco de lentejuelas, de esas que ofenden “no por jotas sino por nacas”, salió Steven Patrick a un escenario únicamente compuesto por sus músicos y una gran pantalla detrás. Tiempo en el que un público citadino acostumbrado a la rapidez tuvo que entretenerse con videos que presentaban las diversas referencias musicales e ideológicas de Morrissey: los Ramones, Public Enemy, Sex Pistols, Dionne Warwick, New York Dolls y varios más.

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Tras caer la cortina que proyectaba las imágenes, las rechiflas de impaciencia se tornaron en una ovación colectiva, Moz saludó con un doble “¡hola, familia!” y los acordes de la icónica “Suedehead” comenzaron a sonar. La pista estaba a tope y la zona de gradas resplandecía con la multitud.

A la canción incluida en el Viva Hate, álbum debut de Morrissey como solista, le siguió “Alma Matters”, de la que se desprende una de las estrofas más cálidas que se coreó en el foro: “Alma matters / in mind, body and soul / in part, and in whole”. La fórmula de utilizar imágenes de la cultura pop, mismas que inspiraron incluso las portadas de los álbumes de los Smiths, fue retomada para ambientar el escenario. “How Soon Is Now” llegó como mención honorífica a la banda de los ochenta y la procedieron “First of the Gang to Die”, “Kiss Me a Lot” y “Ganglord”, esta última interpretada frente a una compilación de videos que exponía el abuso y la violencia policiaca aplicada en varios países.

Luego de esa apabullante muestra de abusos, el tema “Speedway” y la sentencia entre sus estrofas: “You won’t sleep / until the earth that wants me / finally has me”, sirvió de antesala para el reproche político hacia Donald Trump, de quien refirió que la única cosa buena de construir el muro en la frontera con EU es que el dirigente quedaría fuera de México. Los aplausos fueron la mejor respuesta para su afirmación. Una imagen intervenida del disco Years of Refusal en el que Morrissey carga a un bebé con el rostro de Trump, la canción “Istambul” y la leyenda “Fuck Trump” en las camisetas de sus músicos cerraron el tema político para dar pie a su legendario activismo.

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Con “The Bullfighteer Dies” y la estampa de una escena común en una Plaza de Toros, comenzó una narración que concluyó en risas: “leí en las noticias que en México un toro mató a un torero, ¿saben qué pensé?… ¡Ja, ja, ja!”. A esa protesta le siguieron las míticas “Theres Is a Light that Never Goes Out, “Ouija Bord, Ouija Bord” y uno de los momentos más intensos y comunes en una velada con Moz, la muestra sin censura de las sangrientas matanzas que ocurren en los criaderos de vacas, aves y demás seres “de consumo”. Las luces rojas que alumbraban el escenario colorearon la pantalla del mismo tono para contrastar el color blanco de la interrogante: “¿Cuál es tu excusa ahora? La carne es asesinato”.

La tensión del público se relajó con las canciones “Everyday Is Like Sunday”, “Let Me Kiss You” y “Jack the Ripper”. Los otros actos característicos de las presentaciones de Morrissey en los que él se quita la camisa y sus fans suben al escenario para rodearlo con sus brazos, quedaron en el pasado. “Shoplifters of the World Unite”, “You Are the One for Me, Fatty” y “You Have Killed Me” fueron entonadas por Moz vestido de camisa azul brillante y remató el concierto con “What She Said”. Partió del escenario y dejó al público expectante; segundos más tarde, la banda tomó sus instrumentos y él su posición para cantar “Judy is a Punk”, de los Ramones. Con ese breve tema se despidió sin anunciarlo, el plató quedó vacío, igual que la pista y las gradas minutos después.

Es interesante y optimista pensar que la crudeza de los actos humanos expuestos por Morrissey impriman de conciencia a los asistentes que presenciaron su show; sin embargo, es difícil visualizar un panorama que sobrepase la conmoción que vive un país envuelto en corrupción, impunidad, Porkys, Ayotzinapa, Duartes, democracia simulada e inseguridad, por decir lo menos. En tanto, Moz ya hizo lo suyo.

 

Karina Vargas
@lula_walk

(Reseña publicada originalmente en Milenio Diario y reproducida con la autorización de la autora)