¿Cuándo deja la música de ser nueva? ¿Tiene fecha de caducidad? ¿Por qué es nueva? Aquí la referencia está asociada al carácter innovador, de vanguardia y avanzada de la materia sonora, al encadenamiento de sonidos que las más de las veces provoca emociones encontradas.

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Una agrupación que desde 1999 se ha caracterizado por desacralizar el concepto de nueva música es Zeitkratzer, ensamble de solistas cuya “fortaleza proviene de sus integrantes” –siete instrumentistas, un ingeniero y el iluminador– de diferentes nacionalidades y backgrounds y cuya central de operaciones está en Berlín.

En su página oficial se definen como “sonido hecho visible, tangible, corpóreo” y su quehacer es “una perversa subversión de los géneros musicales”. Eso que ellos llaman perversión es un acercamiento, sin distingos, a la obra de compositores tan variopintos como Keith Rowe (AMM), Jim O’Rourke, John Cage, Karlheinz Stockhausen, Elliott Sharp, Lee Ranaldo (Sonic Youth), Iannis Xenakis, Terre Thaemlitz, Maerzbow y Lou Reed, entre otros.

Esta amplitud de criterio para encarar la obra de diferentes géneros, lo mismo de la electrónica, el jazz, la música contemporánea o el rock, se encuentra, sin embargo, marcada por una constante: el común denominador entre estos compositores es la búsqueda de un lenguaje propio. A eso añádase uno de los principales postulados de la agrupación: “Zeitkratzer no se preocupa por preservar la ‘pureza’ de la nueva música. La música, especialmente la llamada nueva música, prospera en continua contaminación”.

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La lectura que han hecho de algunos de los clásicos ha provocado ámpula. Su tratamiento de Pierrot Lunaire de Schöenberg ha sido descrito como “exactamente lo que su título dice: una divertida e infinita parodia del Pierrot Lunaire, composición que se ha tomado demasiado en serio” (los deudos del compositor y su casa editora en Viena trataron de prohibir este CD y cualquier interpretación posterior de la composición).

También han dado al noise una estatura de “respetabilidad”, al llevarlo de los sótanos a las salas de concierto. Su versión de Metal Machine Music de Lou Reed la ha vuelto  asequible a otro público y al mismo tiempo le ha dado otra forma, convirtiéndola en más audible. Similar es su visión a los trabajos de Keiji Haino, Merzbow o la de un pionero como William Benett, artífice de Whitehouse, a quien dirigieron el siguiente cumplido: “Es uno de los grandes pioneros del noise y la música industrial. Su proyecto Whitehouse se ha convertido en una referencia mundial… Esta música es un aventurado viaje al interior del ruido acústico amplificado de los instrumentos musicales”.

Ahora, el ensamble edita una nueva grabación: Kraftwerk: Zeitkratzer Performs Song from the Albums Kraftwerk and Kraftwerk 2.  Singular es la elección de las obras de Zeitkratzer y con este álbum se reafirma. Si algo caracteriza al colectivo es, primero, ubicar compositores cuyas obras son complejas; sin embargo, sus versiones no buscan pasteurizarlas ni propulsarlas a las listas de popularidad.   Hay en esas interpretaciones una mirada que parece contradictoria: por una parte es totalmente devota, tributaria, elegíaca; por otra, las obras seleccionadas se remiten a aquellas “incomprendidas”, difíciles y que ellos no vuelven necesariamente más accesibles. Sería el caso de Merzbow.

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En el caso de la reciente aproximación hecha al trabajo de los germanos de Kraftwerk, la selección se hace con temas de sus dos primeros álbumes, un par de placas que no guardan ninguna similitud con los que harían a partir de Ralf und Florian (1973). La música elegida por Zeitkratzer es rugosa, áspera, experimental, cercana más al ruido, a la electrónica primitiva y no al synth pop que hiciera famosos a sus compatriotas.

Nada hay de nuevo en la música de Kraftwerk. No, probablemente esto es lo más nuevo que Kraftwerk hizo en su momento, tanto que el grupo se ha negado sistemáticamente a reeditar este par de trabajos; pero en las manos de Zeitkratzer, estas supuestas canciones ganan nueva vida, se vuelven más prósperas, más ricas en cuanto a sus resultados.

Hay músicos que, gestados en los márgenes del rock, aspiraron, aunque no necesariamente de forma explícita, a que sus obras llegaran a las salas de conciertos. Zeitkratzer lo ha hecho por ellos; sus obras mantienen el filo de las originales e incluso le añaden más aventura. No importa que sea música que se escucha con irregularidad, cada vez que uno se acerca a ella revela nuevos recovecos.