La expansiva y omnipresente cultura del rock –desde su ontología centenaria, hasta su amplio tenderete sociológico– comenzó con el rock & roll clásico, el cual fincó los cimientos. Una verdad de Perogrullo pero que hay que repetir una y otra vez, porque la actualidad pasa por un ignorante negacionismo. Sanear dicha verdad y el ambiente que la rodea, a fin de investigar en sus fundamentos, no es de ninguna forma una mala idea y sirve para informar y formar a las noveles oleadas de escuchas que tanto lo necesitan.

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La revaluación de la importancia que tiene el r&r es quizás el compromiso cultural con mayor sentido en estos tiempos, cuando todo impulso musical parece relegado al criterio de intrascendentes DJ, raperos sin bagaje, coreográficas boy bands y vedettes urban del pop: el flagelo de lo transitorio.

Por supuesto, el rock and roll no se ha modificado como forma –como el blues del que proviene–, pero precisamente por ser tan sencillo deja mucho espacio al quehacer de la imaginación y el conocimiento. De ahí el reto para los músicos bisoños de aprender a tocarlo e impulsarlo constantemente.

Por eso, la irrupción de The Strypes en el mundo discográfico y en el escénico hizo que la esperanza del viaje a la semilla del género brotara gloriosamente. Este grupo se ha convertido en adalid de una nueva avanzada que sabe que origen es destino y, como la vida misma que tal ritmo representa, lo que uno encuentra en este grupo es riesgo, voluntad y actitud. 

Actitud es una palabra clave, porque el r&r es un lugar increíble para hacer todo tipo de preguntas, precisamente porque nadie espera encontrárselas ahí. Dicha música sigue planteándose las mismas cuestiones esenciales. Como la de su identidad, por ejemplo.

The Strypes, con sus integrantes de menos de 20 años de edad en promedio, quizás aún no puedan dar una definición concluyente de lo que es el r&r, pero saben perfectamente lo que no lo es y lo que sí quieren ser. Como buenos irlandeses (oriundos de Cavan, una provincia de Ulster), recurren a las palabras de sus poetas de la guarda, como W.B.Yeats, en su búsqueda. “Abre tus grandes pétalos y cuéntame de tus lenguas de rubí y del lodo con el que están coronadas”.

Tal como hicieron sus coterráneos de U2 que, al madurar como grupo, superaron poco a poco sus prejuicios musicales con la vuelta a las raíces negras de la música (gracias a su amistad con Keith Richards, quien los documentó), al origen primitivo que permitiría la expresión más honesta de los sentimientos (desprovista de las distracciones de sus primarios y solemnes himnos religiosos). El resultado fue Rattle and Hum y todo el despegue de su siguiente discografía.

The Strypes, por su parte, han vuelto a echar mano de los Rolling Stones, a su sonido primigenio, pero también del rhythm and blues y del blues acústico procedente de los lodos del Mississippi (Robert Johnson, Leadbelly) hasta las lumbreras del eléctrico de Chicago (Howlin’ Wolf, Little Walter, Muddy Waters, Willie Dixon), para rendir tributo también a los emblemas del rock and roll (Chuck Berry, Bo Diddley) y a la escuela del blues-rock británico y de pub-rock (The Bluesbreakers, The Yardbirds, Rockpile, Them, The Blues Band, Dr. Feelgood).

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Fundados en el 2008, han transitado por el circuito de clubes, para probarse como músicos y forjarse un sonido particular y una presencia escénica, y han puesto el summum de su fogueo en el álbum debut, Snapshot, producido por el emérito Chris Thomas y en el cual, por medio de las doce canciones que lo componen, dan cuenta de sus saberes, de sus certezas y de su compromiso rocanrolero.

Este cuarteto, que ha acompañado a los Arctic Monkeys como telonero, está formado por Ross Farrelly (voz y armónica), Josh McClorey (guitarra líder y voz), Pete O’Hanlon (bajo y armónica) y Evan Walsh (batería). Combina en su álbum inicial –y único hasta ahora– piezas originales con versiones ejemplares de sus influencias principales: “I Can Tell” (Bo Diddley), “You Can’t Judge a Book by The Cover” (Willie Dixon) y “Rollin’ and Tumblin’ (Muddy Waters), así como un tema punk–rock que destaca sobremanera, “Heart of the City”, su referencia a uno de los músicos británicos más importantes por su obra y trayectoria: Nick Lowe, lo cual habla de su cultura musical).

Escuchar a este grupo es oír el latido vital de la libertad y la excitación de un género que desde hace más de seis décadas es un disparador contra la uniformidad cotidiana. Todo dentro de una exposición implacable. Así es la propuesta de estos chavos. Su presencia es ejemplo y estímulo para muchos grupos que buscan otros modos de salir a escena y florecer.

Tras la impactante sorpresa de la primera escucha de su disco, vienen la segunda y la tercera y así, una y otra vez, hasta dilucidar cómo ha sido su paseo por la genealogía del r&r para llegar a lo que hoy viven: la experiencia sonora del origen, entendida como una concatenación hipermoderna. Experiencia que, repetida a lo largo de las épocas por otras agrupaciones, es paradójicamente única (una vez más).

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The Stypes son la verdadera extensión entre lo ya hecho y la construcción de un nuevo carácter interpretativo. Todo un espectáculo. Son tipos como estos los que hacen que la función del r&r, a pesar de ser la misma, al final sea tan diferente. Sería una falla grande perderse esta particularidad puesto que no es una mise en scène, como la que acostumbra el mainstream, sino un universo cultural vivo que se desarrolla genuinamente frente a nuestros ojos y oídos.

Su punto de partida a la hora de escribir las letras responde a las demandas de siempre: el amor, la soledad, la fragilidad, los desencuentros y la necesidad de ser amado, siempre con el humor del blues. Su música es de la memoria y de la solidaridad histórica con ella.

Está claro que los miembros de The Strypes necesitan excitarse con lo que los conmueve. El secreto de estos cuatro jovencísimos músicos está en hacer aquello que los quema por dentro. Son la muestra de que debe existir un rock así en esta época, diferente; ese que no busca ni responde a los parámetros convencionales del éxito, sino que nace de la necesidad de reconocerse en el origen, donde está el latido de la actitud auténtica: la del Homo sapiens rocanrolero que busca anticipar el futuro en nombre de la supervivencia y rebusca en el pasado en honor de su identidad. 

Discografía:
Snapshot (Virgin EMI, 2013)
Little Victories (Virgin EMI, 2015)