Con su novela Puertas demasiado pequeñas, esta joven escritora tapatía ganó el Premio Latinoamericano de Primera Novela Sergio Galindo 2013 de la Universidad Veracruzana. He aquí sus gustos y disgustos psicodiscográficos.

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¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
Era un audiolibro de cuentos de los hermanos Grimm que no me cansaba de repetir y repetir desde antes que supiera picarle a los botones del tocadiscos con casetera. Me quedó grabada para siempre en la memoria la voz con la que la madrastra de Blancanieves decía “Espejito, espejito, ¿quien es la más hermosa?” y cuando una de las hermanas de Cenicienta gritaba con el pie hinchado dentro de la zapatilla “¡Cenicienta! ¡Trae agua caliente!”. Luego llegaron, por supuesto, Cri-Cri y Juguemos a cantar, pero mi verdadera infancia la hizo un cassette del Piporro. ¡Cómo me ponía de buenas ese Piporro!

¿Cuál es el primer disco que compraste?
Me avergüenza confesarlo, pero el primer disco que compré fue uno de Sasha. En mi familia no se podía escuchar nada más atrevido que eso, aquello era como un búnker. Claro que yo a escondidas oía la radio a altas horas de la noche y además de zamparme de lo lindo todas las radionovelas de la AM, escuchaba y grababa para escuchar más tarde en mi walkman amarillo programas proscritos de la radio tapatía, como Los Radiofantasmas y La Pitaya Yeye, algo de rock, el Personal y otras bajezas igual de deliciosas.

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¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
Envidiaba todos los discos. Toda la música. No era que hubiera crecido en pobreza extrema ni nada parecido, tal vez era un asunto cultural, el caso es que me parecía casi imposible que algún día llegara a “adquirir” la música. Para mí la música era algo que sucedía en la radio. Por supuesto que soñaba con tener los discos de moda de mis primas: Flans, Timbiriche y esas mafufadas que afortunadamente sólo escuché de paso. Eso sí, cuando íbamos a Plaza Patria me encantaba entrar a una tienda que tenía una clave de sol color naranja y ver las cajas de ediciones especiales. La lengua roja de los Rolling me atraía como un caramelo y siempre quise tener la trilogía Azul-Blanco-Rojo de Kieslowsky; pero veía los discos demasiado lejos, como perrito de taquería.

¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
No me gusta manejar y no se me da lo multitask, pero si tuviera cerebro para ir en bici con los audífonos a todo volumen y no morir aplastada por un microbusero, me encantaría ir a tope, por el Eje Central, rebasando trolebuses y escuchando a The Kills, a los Yeah Yeah Yeahs o los Artic Monkeys. Ahora que si me toca ir de copilota, sin lugar a dudas mi favorito es Johnny Cash, en especial si la carretera es larga, solitaria y con paisaje desértico al amanecer.

¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
Es muy difícil discriminar uno solo. A mi madre la recuerdo con José Alfredo. De mi infancia en Sinaloa, entre vacas, plebes y Tecates junto al río, Carlos y José. De la prepa, el gran Mellon Collie and the Infinite Sadness de los Smashing Pumpkins (era medio emo, medio steampunk, cuando no existían los emos ni los steampunks). De la licenciatura, el soundtrack de Amelié. De la mejor escapada ever, el soundtrack de Scot Pilgrim versus the World.

¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Ninguno, ¡soy una desvergonzada! Creo que los placeres culpables nacen de la pretenciosidad. Si algo me gusta, le llego sin el menor pudor, trátese de la Banda Limón, Tchaikovsky o indie folk.

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Lamento muchísimo haber perdido aquellos cassettes llenos de grabaciones de la radio, las mezclas más caóticas que te puedas imaginar y que incluían lo mismo un anuncio que un pedazo de cumbia, un jingle o la voz del locutor que daba entrada a una canción. Si volviera a oír alguno de esos cassettes, creo que lloraría como una Magdalena.

¿Cuál es el disco que adquiriste más recientemente?
Me regalaron un disco de fado de Ana Moura y acabo de comprar un disco muy fresa y muy cachondo que me gusta para hacer menos insoportables los viajes en el metro: The xx.

¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
Toda la clásica, sinfonías, óperas, jazz. La música tiene todo qué ver con la escritura. En el caso de la narración hay que ir jugando con los ritmos, los silencios, las respiraciones y los clímax. Me gusta la idea de tomar como maestros a los grandes compositores, tengo esperanzas de que algo bueno se me pegue.

¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
No se me da lo multitask, ¿ya lo dije?

¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Canto cardenche y banda oaxaqueña, pa que lloren a moco tendido. Ya luego un conjuntito norteño para aligerar la situación.

¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
Como en las islas desiertas normalmente no hay electricidad ni venden baterías, mejor aprendo a tocar el ukelele.