El viernes 4 de noviembre de 2016, el periodista español Carles Novellas encontraba en la bandeja de su correo electrónico las respuestas del músico norteamericano Kurt Wagner –el líder de Lambchop– a una entrevista enviada previamente. En aquel momento, el colaborador de la revista Rockdelux consideró inevitable preguntarle acerca de la efervescencia política (faltaban apenas 4 días para las elecciones estadounidenses). La esposa del músico es la presidenta del Partido Democrata en Tennessee, por lo que el entorno familiar se encontraba convulsionado por la campaña de Hillary Clinton y sus posibilidades de triunfo.

Para sorpresa del escribano, el mismo hombre que editó un disco titulado Nixon (2000) se mostraba más bien fastidiado y harto: “Vamos a respirar hondo, cerrar los ojos y contar hasta diez y todo esto por fin habrá terminado”. Hoy tristemente sabemos que se equivocaba y la tormenta Trump se ciñe sobre el mundo entero.

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Ese lamentable resultado electoral tampoco impidió que el nuevo disco de un grupo con una enorme reputación, no sólo en el ambiente del country alternativo sino en el entorno del indie –más amplio y diverso–, nuevamente tuviera una connotación con la jerga política que no es tan evidente. FLOTUS, editado por Merge Records y City Slang, se refiere a las siglas de “First Lady of the United States”; papel que representaron en otras épocas Jackie Kennedy o Nancy Regan y que hoy toca a la desorientada Melania Trump. De alguna manera, Wagner quería hacer una broma, ya que a él mismo le toca fungir como algo similar en su estado de residencia.

Aunque en algunas entrevistas ha preferido salirse por la tangente y dar “una verdad alternativa”, diciendo que significa: “For Love Often Turns Us Still” (Porque el amor a menudo nos tranquiliza), lo que a juzgar por el viraje estético de su producción más reciente poco tiene de valedero.

Resulta que durante el tiempo transcurrido entre la aparición de Mr. M (2012) y el presente, el compositor y guitarrista se ha dedicado a desmenuzar a importantes creadores del hip hop actual, especialmente a Kendrick Lamar –a quien considera un genio de la producción–, a los más abstractos Shabazz Palaces y también se ha admirado con la experimentación radical de Bon Iver en 22, A Million, en el que pasa del folk silvestre a la electrónica downtempo. Pero todavía hay más, también se dedicó a aprender el manejo de los procesadores de voz, entre ellos el tan polémico Autotune, entre otros más avanzados, como el TC-Helicon Voice Live 2.

Tal parece que esta revolución se gestó tras la lectura de Love Saves The Day. A History Of American Dance Music Culture 1970-1979, escrito por Tim Lawrence. Tan se lo tomó en serio que junto a dos miembros del grupo (Ryan Norris y Scott Martin) armaron HeCTA, un proyecto paralelo totalmente orientado a la electrónica y con los que editó el disco The Diet (2015) que se centra en un monólogo de Buddy Hackett sobre adelgazar. ¡Vamos, que también le interesa la stand up comedy!

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Wagner se siente como un hombre nuevo ante el resultado de FLOTUS, pero tampoco es que haya perdido del todo su esencia lóbrega, los ritmos lentos y las pausas dentro de las canciones. Su música sigue siendo introspectiva y con un respeto grande tanto por lo que se dice como por lo que se omite. No se ha difuminado su sobriedad y elegancia, con todo y el arrojo demostrado en su concepción. ¿Quién en estos tiempos se atreve a lanzar un sencillo que dura 18 minutos?

“The Hustle” ha sido el caballito de batalla para mostrar el álbum entero; avanza parsimonioso –casi ambient– hasta que llega turno para la voz que se mueve como si fuera desgranando las palabras sin prisa alguna (“I don’t want to leave you ever, that’s a long, long time…”). Tampoco es usual que el single se coloque como último tema del álbum –que se completa con 10 cortes más.

Muy pocos artistas pueden realizar una renovación mayor sin perder su esencia. FLOTUS se siente absolutamente como un álbum de Lambchop. Antes se mostraban como una agrupación retro que parecía proceder de la era victoriana y ahora utilizan samplers y secuencias a la hora de confeccionar sus bucólicas canciones. No dudaron en ir a fondo desde la apertura: el tema que abre el disco –“In Care of 8675309”– dura sus buenos doce minutos. 

En el undécimo disco de estudio de Lambchop dejan que se asomen la vida cotidiana de Nashville –incluso con algunos sonidos de ambiente– que se entrevera con la declaración de amor de Kurt Wagner hacía su mujer, con la que lleva 21 años de matrimonio. Luego entonces, en la forma hay un minucioso trabajo de reinvención, mientras en el fondo se apela a la declaración sentimental. El compositor explica cómo es que funciona el proceso creativo: “Aquí la tecnología está al servicio de la voluntad del creador, del tiempo, y es emocionante utilizar elementos así, creando un bucle que sigue abierto a la interpretación”.

Se trata de un estupendo ejercicio de autor, en total complicidad con el resto del grupo. No estaba exento de riesgos, pero la veteranía de los músicos conservó la fineza que los caracteriza. Llenan de matices y pequeños detalles sus piezas. Trabajan a conciencia los arreglos y aquí coquetean hasta con el krautrock.

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Lambchop sigue fascinando con canciones sombrías que exaltan la belleza de las cosas simples y cotidianas. Tan sólo las han revestido con detalles que les permiten las herramientas del presente. Saben que al final lo que habrá de dejar una impronta serán los sentimientos que despierten. La política y la tecnología están de paso.