Los festivales deslumbran. Sus carteles destacan a los nombres conocidos, exitosos, famosos, aunque algunos de ellos ya hayan visto mermada su calidad ha tiempo. La letra pequeña inevitablemente se pasa por alto; sin embargo, esos nombres en tamaño menor con frecuencia encierran sorpresa y merecen mayor atención.

El segundo fin de semana de marzo se llevará a cabo el NRML. Viene con todo, pero no hay que poner oído únicamente a lo de fuera, hay varias agrupaciones nacionales que no deben pasarse por alto.

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Una de ellas es Sutra, cuarteto oriundo de Guadalajara, integrante de Nine Corners, colectivo fundado en 2004. Conformado por Wallace (bajo), Andrés Orozco (guitarra),  Rodrigo Rico (batería) y  Gerardo Martínez (teclados), el grupo se acerca a dos décadas de existencia y, paradójicamente, no obstante estar relativamente cerca de la CDMX, la han visitado pocas veces.

El cuarteto cuenta con seis álbumes, el más reciente de ellos Pirámide, apenas aparecido hace un par de semanas. Desde sus inicios, la apuesta del grupo fue clara: el ejercicio de música completamente instrumental, inclinada a la sicodelia, el krautrock, los ritmos de la síncopa y la fusión; sin embargo, el arribo a la meta no fue inmediato. En sus primeras  placas (Sutra, 2000, Intención, 2004 y En lo denso, 2006) hay buenas intenciones, talento, pero no claridad de miras. Estas llegan y se concretan en Reflejo (2009) y Real (2013).

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Sutra consigue en ambas producciones amalgamar los elementos, asimilar las influencias y hacerse de una voz propia. Se convierten en uno de los colectivos nacionales que mejor se han apropiado del concepto de krautrock y no solo eso, probablemente son quienes mejor lo han aplicado.

Pirámide, como su antecesor, transita por una vía que para ellos es ya una “costumbre”: el riesgo. Hay varios instantes de sicodelia, pero el krautrock se ha difuminado (“TDM” es lo que más se acerca a la égida de Rother y Dinger), está su aura solamente (“Aquiles”). Encontramos ciertas inclinaciones a una energía que ahora se hace más explosiva (“Aureola”, con un hermoso diálogo entre teclados y batería; “Ya” y “DNC”  se mueven en los terrenos de una electrizante fusión), pero que también sabe como condescender con la suavidad cuando es necesario. “Pirámide” es muy breve, el despliegue de una suave atmósfera y “Deja Vu”, con el invitado Chris Grady (The Grassy Knoll, Tom Waits) a la trompeta es un tema apacible, tranquilo, de esas composiciones que no aparecen frecuentemente en la vida de la agrupación. “Carl Sagan”, por su parte va a medio camino entre el rock, la electrónica y el jazz.

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No olvidan la experimentación y el desafío, éste plasmado en algunos temas en los cuales los cuatro llegan casi a desaparecer completamete el sonido para luego repuntar con igual o mayor energía. Hay tres remixes cortesía de The Grassy Knoll, Larrauri y Rifhes, el último deconstruye en su totalidad y expande “Lata” para dotarla de un espíritu ambient, conjugado con ritmos fracturados a la manera del jungle y el trip hop, mientras la guitarra se adentra en los hoyos negros y las nebulosas.

La portada del disco (obra de Juan Cralos Uribe) es un cromo totalmente sicodélico, un anciano que desparrama una cascada de colores fluorescentes. Sin embargo, lo atractivo es que Sutra nuevamente se ha lanzado al camino. En Pirámide hay un giro, pero no una pérdida de ruta. Aún son un secreto a la espera de ser descubierto, su presencia en el NRML será una excelente oportunidad para hacerlo.