Del mundo de los sonidos salen a la luz pocos libros. Pocas y raras son las joyas que nos permiten un viaje sonoro de descubrimiento y renovación. Pocos autores que nos guíen hacia lo insólito, hacia lo desconocido y lo escondido. Pocos los libros que permiten llenar un vacío en la historia y que a su vez sean objetos de cambio y de innovación. Aún menos los que nos confrontan con un sinfín de posibilidades sonoras.

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Retratos musicales de Fagot-Frutos de la Nueva España de los siglos XVII y XVIII nace como secuela de Breves historias decimonónicas-Música mexicana para fagot solo y ambos libros se reciben con carácter de urgentes y necesarios dentro del mundo del fagot; aunque imprescindibles también para la colección musical e histórica de nuestro país.

Basados en manuscritos hallados en México, principalmente de la colección de la banda del Estado de Guanajuato, Juan Carlos Villaseñor recopila de las minas del sótano del instituto de cultura todo un repertorio de compositores anónimos o de autores poco conocidos. De ésta gran obra tomarán provecho tanto maestros como alumnos de todos los niveles, de las distintas escuelas de música del país, que hasta éste año no contaban con el repertorio mexicano suficiente –y obligatorio en ciertos casos– para cubrir los programas de estudio del fagot, llenando así algunos huecos de la música para dicho instrumento. Para los músicos profesionales, como también para los amateurs, será una delicia encontrar material de éste tipo y fomentar la escucha de nuevas y sorprendentes melodías que podrán ser dirigidas a todo tipo de audiencias.

Pero su función didáctica rebasa todas las expectativas. En ambos libros, Juan Carlos Villaseñor, fagotista, autor y editor de los mismos, hace un rescate musical importantísimo y abre un amplio vestíbulo en el campo musical que para muchos será una fuente más de investigación del periodo. Como él mismo narra en sus prólogos, los libros contienen piezas musicales “provenientes de los tesoros de archivos históricos, bibliotecas, catedrales y escuelas de música”, incluidos los antiguos archivos del INAH y el archivo de Catedral (CDMX), pero su objetivo no es sólo darlos a conocer. “Es un trabajo confeccionado y diseñado a la medida de las audiencias e instrumentistas de diferentes niveles”, señala Villaseñor. Los libros son un hallazgo selectivo; la música conduce y la historia es el copiloto que la guía. La ruta se bifurca y encontramos muchos destinos. En esta aventura, el músico-lector se convierte en el protagonista de varios cuentos que con ciertas adaptaciones de carácter musical evocan toda una época y divulgan lo que quedó en el olvido, lo que se creó antes y dejó de existir, lo que sólo se hace presente cuando se oye.

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En ambos casos, los libros tienen destellos de influencias musicales europeas, pero siempre con esa nueva identidad cada vez más consciente de México desde la Nueva España; encontramos sonatas, valses y mazurkas, entre otras piezas, que le añaden brillo a nuestro pasado y que más adelante se convierten en la música de salón de un nuevo México. Además, los arreglos apuestan por la maravillosa novedad del timbre que brinda el fagot, manteniendo siempre la tonalidad original de las obras.

Al ser el fagot un instrumento muy olvidado en el ámbito solista, éste ha logrado proponerse formalmente como tal sólo a partir de este siglo. Es entonces que a través del fagot el autor cuenta otra parte de la historia, renueva la historia y al parecer sin darse cuenta, crea un mundo de posibilidades para los músicos mexicanos interesados en nutrir las filas de nuestra cultura musical. Dedicados principalmente a los fagotistas, los libros están rebosantes en ideas para muchos otros instrumentistas, ávidos y curiosos en tomar los arreglos para su propio instrumento y darle otro color y otra textura a nuestra música. De esta manera, el espíritu de colaboración entre compositores e interpretes renueva ese vínculo eterno en el que las mejores creaciones saldrán de una labor compartida.

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Cruzando el umbral de la portada, donde, el mismo papel embellece la joya impresa en él, comienza todo un reto: dar vida a cada pieza, descodificar cada relato que busca llegar a oídos certeros; el contenido espera convertirse en el diamante que brilla, en la pintura que envuelve, en el sonido que cautiva. En un libro de cuentos musicales en partitura, donde cada sonido está ligado a una historia intrincada y compleja, vive una renovada vista del pasado recuperado y que se escucha en palabras del propio Villaseñor: “la música está aquí antes que el hombre, es labor del músico y del artista encontrarla”.