Se nos ha ido el gran Eusebio Ruvalcaba, entrañable amigo, estupendo narrador y exquisito melómano.

He aquí, sin más, una lista de diez grandes compositores que le apasionaban en diez piezas en las que el violín, el instrumento que tocaba su padre, el músico mexicano Higinio Ruvalcaba (ver foto), es gran protagonista.

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1.- Eusebio Ruvalcaba sobre Brahms: “‘Tío Bahms’, le decían los niños. Los niños a los que él les regalaba caramelos cuando  los veía parados ante una confitería. En la cabeza no traía notas, traía ideas. Por eso su mano temblaba cuando escribía música. Entonces desfilaban delante de sí aquellos acordes de su padre al tocar el chelo, aquellos acordes del teclado en el burdel donde él mismo tocara para divertir a la concurrencia (un modo muy musical de ganarse la vida, diría.) ‘Doktor Brahms’, escuchaba decir su nombre y acaso parecía que no le hablaban a él. La sola pronunciación de su nombre lo conmocionaba. Como cuando leía y releía aquella carta de Beethoven que le obsequió la Sociedad de Amigos de la Música de Viena. A él, que –se repetía hasta astillarse el espíritu– nada había hecho para merecerla. Ni la carta ni la música”.


2.- Eusebio Ruvalcaba sobre Bach: “No es posible hablar de Bach sin descubrirse. Está por encima de todo adjetivo. Nadie como él ha acompañado al ser humano en las buenas y las malas. Lo mismo su música consuela en los momentos más dolorosos –los condenados a muerte habrían de escucharlo por obligación en los minutos precedentes a su ejecución, no importa si tienen conocimiento o no de la música bachiana– que en las festividades más convencionales”.


3.- Eusebio Ruvalcaba sobre Paganini: “Quien escucha los Caprichos de Paganini sufre estragos en su organismo: la piel se le pone chinita. Los ojos se quieren escapar de sus órbitas. Los oídos se conmocionan hasta pulverizar el cerumen. Reumas recorren la columna vertebral como un herpes. La lengua se traba por no dar con el adjetivo adecuado —ese adjetivo que se merecen los Caprichos”.


4.- Eusebio Ruvalcaba sobre Beethoven: “Dicen que Jesucristo le tuvo envidia. Le envió la sordera para silenciarlo. Pero no pudo. Mejor lo hubiera matado. Dicen que a Beethoven se le mira en el paraíso haciendo música. Que es incontenible. Nadie lo invitó y está ahí. Nadie le dijo ven y está ahí. Rodeado de ángeles, arcángeles, santos y querubines, vírgenes y mártires cuya misión es distraerlo. Conducirlo por  caminos equívocos. Las hojas de la música que deshecha, las arroja al vacío. Son las nubes que vemos pasar”.


5.- Eusebio Ruvalcaba sobre Mozart: “En la enfermedad. En la rutina de la existencia cotidiana. En el dispendio amoroso. En el núcleo familiar. En la aplastante soledad, está Mozart. En el viaje de la vida diaria, cuyo fin se avista inexorablemente. En la naturaleza que se levanta alrededor nuestro y que de pronto parece desplomarse. En el fragor de la lucha por la sobrevivencia, está Mozart. Nadie se explica el fenómeno Mozart. Hay quien lo adjudica a una distracción de Dios. Hay quien lo atribuye a una confabulación fuera del entendimiento. Como un hoyo negro sideral. Como las palabras de Homero. Como los colores del Sanzio, Mozart nos permite remontar el día de mañana. Paliar nuestro desconsuelo. Atisbar el alivio –mientras nos quede una sinfonía por oír, tenemos un día más de vida. Garantizado”.


6.- Eusebio Ruvalcaba sobre Robert Schumann: “Nadie como él ha entendido al corazón humano. Su música es la llave maestra para comprender al hombre. En su música bullen sentimientos de amor y de arte. En su música está Brahms. Y está su esposa Klara. Y su apuesta por hacer de la literatura y de la música el arte de las artes. Todo alrededor suyo era camino pedregoso. Siempre supo cuál sería su fin. Que la música le tendería la mano hasta levantarlo por los aires y que lo dejaría caer abruptamente".


7.- Eusebio Ruvalcaba sobre Liszt. “Concilió a las mujeres con la música. Hasta cierto punto. Porque las mujeres lo hacían sufrir y la música le reclamaba el abandono. Nadie como él tuvo tanto. Todo lo que aflige al corazón de un hombre fue suyo a manos llenas. Por su genialidad demoniaca al piano. Por su carisma, las mujeres lo idolatraban y urdían el modo de aproximarse. Por su fulgurante belleza, las mujeres lo enaltecían y se disputaban su mirada. Esa mirada suya de húngaro/gitano. Cuando tocaba el piano, aun las cosas más nimias tornábanse de oro macizo. Era Franz Liszt quien tocaba, el más grande pianista de todos los tiempos. Finalmente, las mujeres se apropiaron de su mente y de su corazón. Liszt les entregó todo. El tiempo rescatará sus poemas sinfónicos. Su sonata en si bemol mayor permanecerá como reina absoluta, por encima de todas sus mujeres. Las que lo comprendieron y las que no. Por los siglos de los siglos. En cuanto a su música sacra, aún es demasiado pronto. Ten cuidado con las mujeres, le advirtió su padre en el lecho de muerte”.


8.- Eusebio Ruvalcaba sobre Vivaldi: “El cura pelirrojo, le decían. En señal de respeto y de camaradería –aunque alguna mujer podía agachar la cabeza a su paso. Porque todos deseaban ser saludados por él. Ser distinguido por un saludo de Antonio Lucio Vivaldi no era cualquier cosa. Se sabía de sus innovaciones violinísticas. Del dominio inusitado de su instrumento que a la menor provocación desplegaba. De que a partir de su debut en la basílica de San Marcos, su fama crecería hasta ser invitado por Su Santidad para que le tocara en días santos o de ceremonia fastuosa. De su capacidad introspectiva: ‘La gran  lección de la música es la conmiseración: si a través de ella no entiendes el sufrimiento de los demás, estás perdido’, había escrito en su cuaderno, al lado de los sonetos de los que se  desparramarían Las cuatro estaciones”.


9.- Eusebio Ruvalcaba sobre Tchaikovsky: “Piotr Ilych Tchaikovsky también hizo de la música un bastión.  Por encima de su homosexualidad que parecía corroerle el alma –hasta más allá de lo humano–, su música está inoculada de un espíritu de rebeldía que obliga a tomar partido. No toda su música. Pues la hay vulgar e irrelevante. Que en volumen aplasta a la beligerante, la combativa, la dispuesta a batirse a duelo. Que si bien suma menos partituras, es doblemente inmortal. Como su sinfonía Los sueños de invierno. Y el resto de sus sinfonías, desde luego. Su concierto para violín. Su primer concierto para piano. O sus poderosos poemas sinfónicos Romeo y Julieta, La Tempestad, Francesca de Rimini…”.


10.- Eusebio Ruvalcaba sobre Johan Sibelius. “En Finlandia lo aman como a un dios. / Finlandia debe su celebridad / a Jean Sibelius. Su música evoca / la nieve cristalina en las montañas, / la mitología nórdica, el alma / del pueblo finés que se consumía / por mantener su libertad a toda costa. / Los niños fineses entonan / sus poemas sinfónicos cual si fueran / canciones de cuna. En sus alcobas, / las mujeres cuelgan fotografías /de Sibelius en uniforme. Voces / íntimas se intitula su cuarteto. / Donde expone su dolor y su rabia”.