Hay muchas cosas espantosas en la vida. Una de ellas, banal en efecto si se le compara con otras verdaderamente importantes, es escuchar esa afirmación hecha al vapor y cada vez más recurrente de que ya no se hace rock en México o que el existente es de baja calidad. Hay que ser cautos con esos agoreros para quienes lo valioso se acabó cuando dejaron de ser adolescentes, adquirieron compromisos y pasaron a ser “responsables”.

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La aparición de Pájaros y cuchillos (Intolerancia, 2016), la más reciente placa de Monocordio en su versión de power trío, es un sólido argumento para contradecir a tan nefastos mensajeros. Si bien se trata de músicos veteranos (Alonso Arreola, bajo y coros; Fernando Rivera Calderón, guitarra y voz;  José María Arreola, batería), lo atractivo de esta reunión que en su inicio se antojó atípica, radica en  las trayectorias de los implicados (el baterista sorprendió en su acercamiento al rap con su alter ego Robapalabras, Alonso Arreola no deja de maravillar con sus diferentes proyectos y Rivera Calderón reafirma su vocación como letrista de altos vuelos.)

La instrumentación no tiene nada de extraordinario, en realidad es muy convencional; sin embargo, se distingue porque una de sus cualidades es su apertura. Sin llegar a los extremos, sin derivar en una experimentación extrema o en una fusión que en el camino aniquilaría algunas de sus fortalezas, los tres se han entregado a la edificación de canciones fuertes, férreas en su estructura, y capaz de resistir en su interior tratamientos riesgosos.

Cuando los primeros minutos de “Tratando”, el corte abridor del álbum de marras, han avanzado, nos percatamos de que la parte media del mismo manda un mensaje claro: sí, canciones, pero en nuestros propios términos, parecen decir los tres. Se trata de siete minutos en los que hay flirteos con el pop, pero sobre todo una parte media que va a la fusión y remata con un cierre potente, muy energético.

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Fruto de la experiencia, pero también de las ganas de intentar otras maneras de encarar lo cotidiano, la nueva versión de Monocordio añade a la fuerza esa elegancia propia de quienes han asimilado la historia del rock y no tienen problemas con ninguna de sus variantes. Aquí hay  canciones que no reniegan del pop (“Tú”), pero que sí demandan una escucha atenta porque los tres se prodigan en sacar sonidos peculiares y diferentes a cada uno de sus instrumentos. Incluso, si uno penetra esa primera tela en donde lo que parece dominar es lo melódico (“Chicas en Bici”, por ejemplo), se encuentra con una deliciosa sustancia.

Pájaros y cuchillos es como un menú hecho a partir de la diversidad. Hay canciones lentas –todos los temas son de Rivera Calderón y los arreglos de Alonso Arreola–, pero incluso éstas se desdoblan para dejar abierta la puerta a un solo ácido, vibrante, perlado de inflexiones orientales (“La vida de un beso”).

La canción es remozada, el trío le imprime fuerza a eso que llamamos rock mexicano, claro si entendemos el concepto rock de una manera amplia y no ceñido al estruendo o la velocidad. Hay composiciones en las que tenemos aires “exóticos” –digamos que “Un beso de tres”  está más cercana al tango en su comienzo, para luego virar al bolero y después hacer guiños a los ritmos latinos–, pero ello no le resta un ápice de la esencia rockera que nuevamente explota vía el solo de guitarra. De hecho, “Fuego en el Tepozteco”, la instrumental que cierra este debut, es un corte potente, en el que el resultado amenaza no sólo con arrasar lo que tenga enfrente, sino todo lo que está a la redonda, como debe ser el trabajo de un power trío: demoledor, abrasivo, candente, volcánico.

 

 

Un comentario en “Monocordio, Pájaros y Cuchillos

  1. Los esperaba con Rubén Fuentes productor y em presario de música en Mexico con la idea de apoyarlos… saludos.