Alejandro Escovedo nació en 1951 en San Antonio, Texas, como miembro de una numerosa familia de origen mexicano (trece hermanos y con un padre que había sido mariachi en su natal Saltillo, Coahuila). La música era ahí una materia importante, lo mismo que la radio. De niño escuchó en ella a Elvis Presley, Chuck Berry, Little Richard y Jerry Lee Lewis y quedó atrapado para siempre.

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Sus hermanos mayores, Coke y Pete, también estaban inmersos en el rock & roll. Cuando demostró saber algo de él aquéllos le permitieron acceder a sus colecciones de discos. A la postre, ambos se harían famosos como percusionistas de Santana y Cal Djader respectivamente. En la adolescencia de Alejandro, la familia se mudó a California. Vivió de primera mano la escena sesentera de San Francisco y se desarrolló en la guitarra.

Fue a la universidad a estudiar cine. Pero éste lo devolvió a la música y fundó uno de los grupos pioneros del punk estadounidense: The Nuns (teloneros de los Sex Pistols en su famosa gira por los Estados Unidos). Luego optó por abandonar dicha banda, trasladarse a Austin, en Texas, y enrolarse con Rank and File, un grupo precursor del alt country, al que mezclaba con el reggae y el dub. Pero no duró mucho en aquella formación.

Se trasladó entonces a Nueva York para conocer de cerca a los hacedores del punk de dichos lares (Ramones, Blondie, Television, Talking Heads, Patti Smith) y sobre todo a los integrantes del Velvet Underground, una de sus influencias mayores. A su regreso de la Urbe de Hierro se juntó con su hermano Javier (procedente de The Zeros) para crear The True Believers, con un sonido duro y rockero.

The True Believers fue un grupo ochentero con el elemento central de tres guitarristas cantautores, el cual se adelantó al movimiento sonoro que luego encabezarían los Replacements. Sin embargo, no obtuvo reconocimiento En los años noventa, instalado ahora en San Antonio, Alejandro inició su carrera como solista con el disco Gravity (1992).

Con el nuevo proyecto finalmente encontró su voz particular, una que navegaba entre el estilo americana, el rock alternativo y el de raíces. Se rodeó de una buena banda de apoyo y salió a la carretera para contar las realidades del acontecer cotidiano, en general, y de la propia existencia, de manera franca. El nivel compositivo, la concepción musical y su calidad como intérprete resultaban contundentes, poderosos y dotados de la variedad que sólo proporciona el conocimiento profundo de las músicas convocadas.

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Todo ello quedó asentado en álbumes como Thirteen Years, With These Hands, Bourbonitis Blues y el en vivo More Miles than Money. Grabaciones en las que se captó la intimidad vocal que emanaba Escovedo y, dentro de ella, la construcción de la sinceridad como categoría estética que a partir de ahí definió lo que con sus sonidos debían ser, contener y respaldar los géneros citados. Fue nombrado así como influencia por músicos y grupos como Giant Sand, Wilco y los Jayhawks.

Ya con un estilo definido y con perspectivas de evolución, Alejandro encaró el siglo XXI. Aparecieron entonces A Man Under the Influence (2001) y By the Hand of the Father (2002). Este último fue un musical creado en homenaje al patriarca del clan Escovedo. Todo iba viento en popa. Sin embargo, en el 2003 se le diagnosticó hepatitis C. No pudo trabajar.

Colegas, amigos y familiares proyectaron un álbum y actuaciones conjuntas para mostrar su apoyo y admiración por el compositor y músico. Lanzaron el disco Por vida: A Tribute to the Songs of Alejandro Escovedo. En él estuvieron John Cale, Lenny Kaye, Lucinda Williams y Calexico, por mencionar unos cuantos.

En el 2005 fue dado de alta finalmente y desde entonces ha lanzado más de media docena de álbumes (Room of Songs, The Boxing Mirror, Real Animal, Live Animal, Street Songs of Love, Big Station –producido por el no menos mítico Tony Visconti–, Burn Something Beautiful), confirmando su buen estado, talento e inspiración.

El sonido de Escovedo, en todo caso, se debate entre el de una banda con trece miembros (con metales, alientos y cuerdas) y el más íntimo que mostró en su debut como solista en Gravity: guitarra, batería, bajo, teclado y cello. Persiste en la idea de combinar lo muy eléctrico con las cuerdas y firme en su valoración del espacio entre las notas (combinando crescendos de ruido libre con precisos susurros minimalistas).

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El guitarrista y cantante practica un rock desafiante, con el respaldo de una banda curtida en mil batallas musicales (The Sensitive Boys), y mantiene su aura mítica para muchos músicos que reconocen su influencia. Todos sus discos han hecho de él un nombre imprescindible dentro del género. Con músicos como Escovedo, el alma del rock sigue viva, exultante. Ya ha pasado a la historia por revitalizar el rock estadounidense y perfeccionar el sonido fronterizo que ha sido popularizado por muchas otras bandas y artistas.

Alejandro Escovedo se inclinó por el rock desde niño. Esa es su patria. Es el estilo que siempre le ha gustado por encima de cualquier otro. Al preguntársele cómo define su música ha dicho: “Soy un músico de rock. Es un concepto universal. Nunca me ha interesado ser definido por mi cultura (de origen mexicano). Me gusta estar libre de tales ataduras étnicas o geográficas, poder moverme en direcciones diferentes. Crecí en los años sesenta pensando que esa música podía salvar al mundo. Sé que a mí me ha salvado de muchas cosas, así que siempre pienso que lo mismo puede sucederle a otras personas”.

 

 

Un comentario en “Sonidos de Babel
Alejandro Escovedo y el rock como desafío

  1. Excelente recomendación, jamas había oído hablar de Escovedo pero ya comencé a investigar y es un gran músico que vale mucho la pena escuchar.