En Alemania, como en otros países, hay muchas formas de hacer rock. Una de ellas es el krautrock, nombre que diera la prensa inglesa a la música de los grupos germanos que a principios de los setenta comenzaron a llegar a la isla. Sin embargo, esta forma sonora de expresarse también tiene sus variantes. No es lo mismo cómo encararon la electrónica Ash Ra Tempel o Tangerine Dream que la practicada por Kraftwerk; tampoco se puede ubicar en el mismo anaquel a Faust, Can o Neü!

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Los últimos, de hecho, parieron un sonido peculiar, una rítmica machacante, imperturbable, monótona, sobre la que de pronto cruza vertiginosa y ácida la guitarra de Michael Rother  —una guitarra que David Bowie estuvo tentado a utilizar para su trilogía de Berlín— y que tomó el apelativo de motorik, especialmente por la precisa y mecánica forma de Klaus Dinger de aporrear la batería, sonido cuya influencia es advertible en diversas agrupaciones a lo largo de los años, sin importar la procedencia geográfica.

Mencionemos a tres de ellas:

Minami Deutsch

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Una condición para apegarse al krautrock es tener algo, aunque sea un mínimo, de freak. El guitarrista, encargado del sintetizador y vocalista Kyotaro Miula formó en Tokyo este grupo cuyos integrantes se autodeclaran “enfermos por la repetición” y adictos al minimal techno. El trío se completa con Takuya Nozaki (batería) y Tatsuhiko Rauschenberg (guitarra) y han grabado apenas un EP homónimo cuyo inicio (“Vocalism Ai-Forvere Takemitsu”) es trepidante. Cierto, al principio parece una calca de Neu! y ellos dicen que la guitarra tiene mucho del extinto Michael Karoli de Can. Sin embargo, hay una pátina de sicodelia, una actitud más demencial y salvaje al momento de atacar las guitarras que consiguen darle un toque propio, todo eso montado sobre un ritmo que incluso en las canciones lentas (“Terra Recipe”, “Sunrise, Sunset”) no deja de ser repetitivo. La edición en cassette incluye un par de versiones a temas de Kraftwerk y Amon Duul 2.


Les Big Byrd

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Culpen a Anton Newcombe (líder de Brian Jonestown Massacre) del empujón que recibió esta banda sueca. Formada en 2011 en Estocolmo, el colectivo se integra por Joakim Ahlund (compositor-productor que ha trabajado con Giorgio Moroder, Sia e Iggy Pop entre otros) y Frans Johansson (bajo), quienes luego de no lograr cosa alguna con sus primeras agrupaciones, decidieron intentarlo nuevamente y llamaron a Nino Keller (batería) y al tecladista Martin “Konie” Ehrencrona. Nada espectacular –ya habían grabado el EP Back to Bagarmossen sin muchos resultados–, hasta que un día se toparon con el citado Newcombe en una tienda de discos y comenzó la charla. De algo se percató el guitarrista en esa plática y los invitó a Berlín a echarse un palomazo. Surgió así They Worshipped Cats, un poderoso debut en el cual también al inicio (“Indus Waves”) la sombra de Neu! se proyecta amenazadora. No obstante la devoción por el grupo de Dinger y Rother, también hay un poco de electrónica, algo de sicodelia (“They Worshipped Cats”) y hasta un poco de pop (“Just One Time”) en la música del cuarteto que los aleja de ser una mera calca de los teutones.


Föllakzoid

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Oriundos de Santiago de Chile, Juan Pablo Rodríguez (bajo, voz), Alfredo Thiermann (sintetizador) y  Diego Lorca (batería) fundaron el grupo en 2008. Un año después se añadió en la guitarra Domingo García-Huidobro. Comenzaron a desarrollar un sonido insistente, repetitivo en su ritmo hasta la náusea, en apariencia con nulos cambios y una guitarra cósmica, sicodélica, que pinta paisajes y cuando surge trae consigo siempre un amanecer (“Electric”, “Pulsar”), sonido que han  desarrollado en un EP y un par de álbumes (II y III) grabados para el sello Sacred Bones. Para III, su más reciente producción, llamaron a Atom TM, quien con sus sintetizadores coloreó de sonidos atonales y efectos electrónicos los cortes casi mántricos y totalmente hipnóticos de los chilenos.