El próximo  21 de enero, en las instalaciones del Instituto Goethe, se llevará a cabo, como parte del ciclo HERTZflimmern, el concierto 60 años de música electrónica en México, el cual reunirá a exponentes (Decibel, Década 2, Ford Proco, DJ Klang, Bishop, Kampión, Itzone) que, en diferentes momentos, han marcado la pauta en este país para el desarrollo de un género poco favorecido por las masas.

Se trata de agrupaciones que sentaron las bases de la música experimental en México y en donde cada uno de sus integrantes, por diferentes atributos, ha dejado una impronta importante, aunque la más de las veces esta no es reconocida.

Sirva esto de pretexto para hablar de Carlos Vivanco, multinstrumentista (guitarra, bajo, piano, teclados) e inventor de instrumentos que además de formar parte de Decibel, Bardo Thodol y el Ensamble Kathmandu, posee una amplia discografía en solitario.

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En los setenta, formó parte de Atrás del Cosmos, mítica agrupación de free jazz y pionera de la vertiente en México: “Henry [West] me dio a escribir música y le gustó mi letra, me ofreció chamba y lo hice por un rato, hasta que llegó el momento en que me invitó a tocar”.

No obstante la riqueza de la experiencia de tocar al lado de West, el guitarrista se acercó un día a un ensayo de El Queso Sagrado y se quedó en definitiva con el grupo hasta su transformación: “Allí me gustó lo que hacían, se me hizo muy interesante. Me dejaron tocar y me quedé. Después vino el cambio a Syntoma”.

Vivanco vivió esa transición e incluso llegó a tocar con la naciente banda, pero finalmente la abandonó, aunque permaneció cerca y se hizo cargo del diseño de la portada de su único sencillo. Posteriormente formó, junto con Carol McGuire, Broken Hearts, grupo en el que el bajista era otro ex Queso: Fabián Reyes.

Sin embargo, aunque gratificante como experiencia, su inquietud lo llevó a mudarse a Nueva York en 1982 y comenzó un largo peregrinar con diferentes agrupaciones. Se integró a Volti (“el primer concierto de Volti fue en el ABC de Nueva York y le abrimos a Lydia Lunch”), formó parte de Kings East, tándem de filiación progresiva. Con Fred Klas y Carlo Nicolau (ex Nazca) creó Devil’s Breakfast.

La lista prosiguió con In the Service of, Key Sahara, Feast of Facts, Desire (al lado de Ula, ex Casino Shanghai), Nilsmo (aquí compartió créditos con el saxofonista Elliot Levin), Zenith (junto con Tetsuo Inue, cuyo único disco, considerado una de las obras fundamentales del ambient, acaba de ser reeditado por el sello Psychonavigation Records), Matahari (con Zeena Parkins). Vivió una frenética actividad, porque además grabó para diversas compañías publicitarias; no obstante, su música y la que hizo al lado de sus compañeros de travesía apenas y quedó asentada en unos cuantos discos.

A finales de los noventa se mudó a Nuevo México, donde también trabajó con varias agrupaciones, pero a un ritmo mucho menor. En 2010, regresó a vivir a la ciudad de México para reencontrarse con sus amigos. Fue entonces cuando inició su colaboración como músico invitado con Decibel, misma que al final redundaría en su conversión como cuarto integrante de la banda.

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Paralelamente, trabajó con Alex Eisenring en Bardo Thodol, proyecto nacido a la distancia y que a su regreso se dinamizó de forma que en 2014 debutó discográficamente con un corte titulado “Saravasti”, incluido en Die Welt Ist Klang, una compilación tributo al desaparecido Pete Namlook, composición que también aparece en el debut del dueto, una placa epónima editada en 2015.

Sin embargo, no hay coto para la creatividad. El compositor, además de formar parte de los grupos citados, desarrolló un amplio trabajo en solitario. De noviembre de 2013 a febrero de 2016 sube a su página de Soundcloud una docena de álbumes –la cifra de grabaciones actualmente supera la treintena– cuyo objetivo es uno, aunque amplio: experimentar.

En la agenda de Carlos Vivanco la palabra fácil ha sido erradicada; cada corte, cada composición-experimentación-improvisación es un complejo entramado de sonidos en el que llama la atención la diversidad. Si bien hay elementos que son constantes en el trabajo del músico (el sampleo de voces, las insistentes programaciones rítmicas, los acentos de culturas exóticas, las hermosas voces femeninas), también lo es que estos temas que en primera instancia se antojan similares unos a otros, en realidad son pequeños caleidoscopios que, al menor giro o provocación, cambian de apariencia.

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Es una música llena de recovecos, de espacios por descubrir (en muchas de ellas, por ejemplo, se puede advertir que además de un tremendo guitarrista, Vivanco es también un bajista de polendas y que nada le pide al desaparecido Mick Karn [Japan], por ejemplo). A una historia le sucede otra y a esta una más y así sucesivamente. Es como una narración de las que hace Scherezada en Las mil y  una noches, nunca concluye porque el fin de una contiene la génesis de la siguiente y así hasta encontrar el fin, aunque para entonces seguramente habrá detalles a aumentar o nuevas historias por contar.

Una banda sonora sin fin.

https://soundcloud.com/carlosvivanco-1/albums

https://hearthis.at/lchydryn/

 

Fragmento del libro El otro rock mexicano. Experiencias progresivas, sicodélicas, de fusión y experimentales, actualmente en preparación.