Muchos se preguntan qué hubiera sucedido si Andrew Wood, el primer héroe trágico del grunge, cantante y líder del grupo Mother Love Bone, no hubiera muerto de una sobredosis y hubiese seguido adelante con su carrera. Tal vez habría hecho grandes cosas, tal vez no. Sin embargo, algo es cierto: nunca hubiera existido Pearl Jam y jamás habríamos tenido un disco tan fuera de serie como Temple of the Dog que acaba de cumplir 25 años de su aparición.

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La idea de hacer este álbum partió de Chris Cornell, quien en 1991, cuando aconteció el deceso de Wood, era vocalista de Soundgarden, grupo que se encontraba produciendo su fenomenal Badmotorfinger. Cornell era un gran amigo de su malogrado colega e incluso habían compartido apartamento en algún momento, durante los ochenta, en la ciudad de Seattle. Por ello fue natural que el buen Chris escribiera esta decena de canciones en honor al fallecido y se juntara con el baterista Matt Cameron y dos antiguos miembros de Mother Love Bone, el guitarrista Stone Gossard y el bajista Jeff Ament, quienes a su vez mandaron llamar al guitarrista Mike McCready.

Luego de la muerte de Andy Wood, Cornell escribió dos de los temas contenidos en el disco (“Say Hello 2 Heaven” y “Reach Out”) y su primera idea fue grabar un EP a manera de homenaje. Comenzó entonces a ensayar con los otros cuatro y pronto surgieron otras piezas, algunas compuestas por Gossard, Ament y Cameron, a las cuales sólo había que ponerles letra y eso fue lo que hizo el vocalista. Así surgieron “Pushin Forward Back”, “Times of Trouble” y “Four Walled World”.

Durante las sesiones de grabación, se integró el oscuro cantante californiano Eddie Vedder, quien había viajado a Seattle para hacer una audición en busca de ser parte de la banda que Stone Gossard y Jeff Ament estaban tratando de formar. Vedder participó en algunas de las canciones e incluso interpretó un duelo vocal con Chris Cornell en la extraordinaria “Hunger Strike”. La anécdota al respecto es curiosa, porque Cornell no lograba cantar determinada parte del tema como quería y el futuro front man de Pearl Jam pudo hacerlo exactamente como el otro deseaba.

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Cuando el álbum salió, la disquera lo menospreció y no le dio la promoción debida. Sin embargo, un año después, en 1992, los ejecutivos de A&M se dieron cuenta de que tenían un plato que conjuntaba a dos grupos que para entonces ya tenían muy buena aceptación: Soundgarden y el flamante Pearl Jam, cuyo disco Ten había conseguido un éxito inmediato. Entonces decidieron relanzar Temple of the Dog y grabar un videoclip de “Hunger Strike” que logró una gran rotación en MTV.

El larga duración inicia con la declarativa “Say Hello 2 Heaven”, un corte pausado cuya intensidad va subiendo para dar paso a ese extenso y sensacional jam protohendrixiano que es “Reach Down”, con los salvajes ataques guitarrísticos de Mike McCready. La tercera pieza posee una belleza casi ingenua: “Hunger Strike” es una agridulce balada pre-Pearl Jam, en la que Chris Cornell y Eddie Vedder alternan sus voces solistas en una canción que conmueve y estremece. “Pushing Forward Back”, por su parte, cuenta con un beat agitado y una atmósfera que nos aproxima a la angustia histérica. Todo lo contrario de la introspectiva y casi folkie “Call Me a Dog”.

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La segunda parte del disco abre con “Times of Trouble”, pieza cuasi minimalista que deriva en un caos contenido. “Wooden Jesus” es una plegaria que se balancea rítmicamente ante la suplicante voz de Cornell. Matt Cameron da la señal de arranque para la desafiante “Your Savior”, con su extraordinario riff a la Soundgarden, mientras que “Four Walled World” muestra una estructura descendente que provoca un estado semi hipnótico y una sensación de asfixiante encierro. Temple of the Dog culmina con “All Night Thing”, en la que un sentimiento de dulzura y de paradójico optimismo da fin a un álbum que se caracteriza por la tristeza, la desesperanza y la impotencia ante lo irremediable de la muerte del camarada amado. Una manera apacible y hasta luminosa de cerrar el ciclo de una vida truncada.