Con su nueva novela en ristre (Los años sabandijas, Planeta, 2016), el también autor de Diablo Guardián y La edad de la punzada responde a nuestro cuestionario psicodiscográfico.

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¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
Foursider de Sergio Mendes y su Brasil 66. Lo escuché en casa de mis papás.

¿Cuál es el primer disco que compraste?
La banda sonora de la película Help! de los Beatles. Yo prácticamente no escuchaba música, tenía un traumita con ella porque los niños de mi escuela decían que sólo las mujeres la oían. Lo poco que escuchaba lo hacía en secreto. Había ido con mis papás a ver Help! –yo muy chiquito la vi– y tenía en la cabeza esa canción. La tuve por años en mi cabeza, hasta que un día me atreví a decirle a mi mamá que quería ese disco y para mi sorpresa (porque yo creí que se iba a reír de mí y me iba a decir: “la música es de niñas, ¿cómo es posible que quieras un disco?”) aceptó y me lo compró. Por eso la música se me hizo religión: cuatro años la escuché a escondidas.

¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
David Live de David Bowie. Era importado y aquí no se conseguía. Había en ese tiempo dos o tres tiendas de discos importados a las que me asomaba varias veces por semana para ver qué había llegado, pero nada. Cuando veía que alguien lo tenía, me moría de envidia. Por supuesto que nadie te lo prestaba. Pero era parte de la emoción y del culto por la música, porque ahora lo que quieras escuchar basta con abrir tu servicio de música y ahí está todo o si no, en YouTube. Hoy la curiosidad se sacia muy rápido, el capricho se cumple muy rápido. Tienes que tener demasiados caprichos y eso hace que los mismos pierdan intensidad. Ya no te pasas deseando algo una semana, dos semanas o un mes. Todo te lo dan al instante. Estamos muy echados a perder. Yo tenía una colección de discos pero me llegó una multa por mis impuestos y como la tenía que pagar, me fui dos sábados al Tianguis del Chopo y rematé mil 300 elepés en la cajuela de mi coche. Ahora, tengo cerca de dos mil cedés ¡y ya no sé qué hacer con ellos! Tengo Spotify y me siento como un coleccionista traicionado. Por supuesto que si fuera un hipster y hubiese conservado aquella colección, sería el ídolo de la Condesa. Hay algo que me ha dicho José Manuel Aguilera, uno de los músicos que más respeto, y es que con el vinil había un ritual para escuchar un disco. Primero un lado, luego el otro lado… y ahora ya no hay eso. Está todo increíblemente disponible y está tan disponible que hoy es muy fácil despreciar al viejo álbum.

¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
Depende a dónde voy y depende del tránsito. En la carretera, puedo muy bien ir escuchando a Bruce Springsteen o cualquier cosa profundamente energética. Me hace muy feliz oír a Muse en la carretera, pero voy a 180 kilómetros por hora. Ahora, si estoy en medio de un embotellamiento, ¡bossa nova por el amor de Dios! Algo que me calme los nervios y me quite la necesidad de insultar al de junto y al de enfrente y al de atrás. Aunque llega un momento, en un embotellamiento, que apago la música.

¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars de David Bowie. Porque es cuando pasé de la pubertad desprotegida a la adolescencia peligrosa. Ese disco me dio una bandera, me dio la certeza de que había algo mío, completamente mío, que se oponía a todo mi panorama, a todo lo demás; se oponía a mi familia, se oponía a mis amigos, se oponía a todo lo que me habían enseñado y por supuesto que se oponía a la escuela. Era la ventana hacia un mundo completamente nuevo en el que mandaba yo.

¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
El de Bandido de Miguel Bosé. Aparte, la portada es hija no del todo reconocida del Aladdin Sane de Bowie. Si ves las portadas juntas, te da un poco de pena.

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Una rareza que nunca he vuelto a encontrar: Moving Target, del grupo del mismo nombre que lideraba Simon Townshend, el hermano de Pete Townshend. A nadie le importa Simon Townshend. El hermano joven del líder de The Who no le importa a nadie. Pero ese disco me gustaba. He encontrado un par de canciones en YouTube, pero jamás he vuelto a dar con el LP. Estoy condenado a cantar esas canciones recordándolas cada vez peor, porque no tengo dónde oírlas.

¿Cuál es el disco que adquiriste más recientemente?
Es una pena, pero ya casi no compro discos, maldita sea. Con el Spotify, dejé de comprarlos. Déjame hacer memoria… ¿El último que compré? Qué horror, no me acuerdo. Hace como tres años que no compro un CD. He comprado conciertos en blu-ray, conciertos viejos de jazz en blanco y negro: Louis Armstrong, Sarah Vaughan…

¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
London Calling de The Clash. Porque más que un disco, es una forma de vida… o en su momento lo era. Es un disco que se pitorrea de todo. Fue muy influyente para mí porque llegué a escucharlo mucho en tiempos escolares, sobre todo durante los dos años que estuve en Ciencias Políticas, de donde salí huyendo y tomé la decisión de entrar a Letras. Después tomé la decisión de botar a Letras y creo que esas decisiones las tomé con la actitud de quien está escuchando London Calling. Es un disco que está todo el tiempo en llamas.

¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
Cualquier bossa nova. Es especial Antonio Carlos Jobim. Es música para preservar la especie.

¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Stratégie de la rupture de Win Mertens. Ese querría que pusieran en mi funeral. Es más, me gustaría determinarlo en mi testamento.

¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
1.- Low de David Bowie.
2.- Wave de Antonio Carlos Jobim.
3.- Construção de Chico Buarque.
4.- This Is Astrud Gilberto de Astrud Gilberto.
5.- Stratégie de la rupture de Win Mertens.