Londres, Inglaterra. Según una nota del diario inglés The Guardian, durante 2016 las ventas de discos de vinil en Gran Bretaña alcanzaron su máxima cota en 25 años, superando a las descargas digitales y a los cada vez más despreciados discos compactos.

Este retorno a los formatos físicos sigue en aumento, ya que en el año recién concluido se expendieron 3.2 millones de discos LP en el Reino Unido, lo que significa un incremento del 53% con respecto a 2015 y la más alta cantidad desde 1991, cuando el álbum Stars de Simply Red resulto el más vendido.

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Las muertes de algunos de los gigantes del rock clásico influyeron en este aumento de la demanda de viniles. Después del fallecimiento de David Bowie, por ejemplo, sus discos en este formato empezaron a consumirse de manera más que notable, hasta convertirse en el artista de más altas ventas del año pasado, con cinco de sus álbumes colocados en el Top 30.

Su opus póstumo, Blackstar, fue el más vendido de todos, y un poco más abajo de la lista aparecen The Rise And Fall of Ziggy Stardust, Hunky Dory, Nothing Has Changed y Changesonebowie.

Las estadísticas muestran que 2016 es el noveno año consecutivo en que la demanda de elepés mantiene una línea ascendente. Para sorpresa de muchos, grandes almacenes británicos como los supermercados Tesco han abierto áreas para ofrecer discos “de acetato” (como también solía llamárseles).

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Cuando menos 30 álbumes vendieron más de 10 mil copias en 2016, en contraste con 2007, cuando las descargas digitales empezaron a popularizarse y en todo el territorio británico sólo se vendieron 200 mil viniles.

Contra lo que pudiera pensarse, los compradores no se limitan a gente mayor de 50 o 60 años, nostálgica de los viejos tiempos, sino que muchos de los clientes son jóvenes y adolescentes que han adoptado a los LP con verdadero fervor.

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Así, todo indica que los millennials irán dejando a un lado las adquisiciones digitales, limitadas muchas veces a canciones sueltas, para irse adentrando en el mundo fascinante de los álbumes. Esto podría hacer que se recobrara el antiguo amor por el disco de 33 rpm como un todo y que la gente más joven empiece a coleccionarlos como solían hacer sus padres y sus abuelos.

La nueva fórmula podría ser que los jóvenes descubran música por medio del streaming y comiencen a adquirir en vinil aquella que más les guste, lo que redundará también en mayores ingresos para los músicos, ya que la venta de sus obras en formato digital les deja muy poco dinero. También las disqueras, hoy de capa caída, podrían irse recuperando.

En un par de palabras: todos ganan.