Las versiones sinfónicas de la música popular están de moda. Todo es sinfónico, parece inevitable escapar de ello. ¿Qué hacer frente al lugar común? ¿Se suma uno al vagón, lo deja pasar, lo desdeña? Tal vez la mejor manera de encararlo es buscar en él un ángulo distinto. Eso fue lo que hizo La Barranca en Fragor, su más reciente concierto en el Teatro de la Ciudad (de México), una sesión en la cual se hicieron acompañar por la Banda Sinfónica Municipal de Aguascalientes dirigida por Ismael Rodríguez.

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No, no fue el quinteto (Aguilera, guitarra y voz; Adolfo Romero, guitarra; Ernick Romero, bajo y coros; Navi Naas, batería; Yann Zaragoza, piano) acompañado de una sinfónica; por tanto, no fue una lucha entre cuerdas y guitarras eléctricas por hacerse escuchar. José Manuel Aguilera, el líder de la agrupación, decidió dividir la tarde:  la primera parte se hizo respaldar por la ya citada banda (saxofones, tuba, corno, trompetas, trombón, clarinetes, flautas, percusiones) y el cierre fue una tanda “normal” del grupo.

En vez de “pelearse” de tú a tú, el guitarrista se hizo ayudar de tres arreglistas (los hermanos Fernando y Carlos Calvillo y Alejandro Vázquez), quienes tomaron algunos temas del grupo para llevarlos a un terreno inédito y extraer de ellos sonidos que estaban allí, de forma latente, pero que no habían encontrado la forma y el momento propicio para emerger.

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“El resultado de este proyecto increíble es un poco difícil de describir para mí. Ha sido un descubrimiento ver cómo mis canciones se adaptan a las sonoridades de las tubas, los trombones, los cornos y los clarinetes. Por un lado, es como si algunas de estas canciones se hubieran escrito hace 40 años, por otro, es como si estas piezas y el grupo se proyectaran hacia el futuro, hacia una sonoridad nueva”, comentó José Manuel Aguilera días previos a la realización de Fragor.

Salvo en algunas composiciones, el guitarrista arrinconó el instrumento y se concentró en cantar canciones como “La tempestad”, “San Miguel”, “Caravana”, “La fuga de Rubén”, “Don Julio”, “Mezcal”, “La resistencia” (escrita para Sangre Asteka), “Animal en extinción” (con una Cecilia Toussaint que le puso aún más lustre al todo).

Los alientos insuflaron con un denodado vigor estos temas que, en ocasiones, se escucharon rotundos, épicos, con aires de música oaxaqueña, cual si fueran chilenas escritas, efectivamente, largo tiempo atrás. La relectura a los clásicos  del repertorio del grupo fue determinante para que la primera mitad de la sesión dejara un recuerdo indeleble y una pequeña lección que bien podría titularse “Cómo convertir el lugar común en un sitio excepcional”.

Cuando el telón subió para dar paso a La Barranca como la conocemos normalmente, la sorpresa no fue menor. Como ha sido su costumbre desde su concepción, jugaron con la música, entregaron nuevos arreglos. La sección rítmica por instantes fue portentosa. Zaragoza, al piano, imprimió momentos sublimes: además de tocar muy bien, posee esa discreción de no querer firmar en cada una de las canciones, aparece cuando éstas se lo demandan. En las guitarras, Romero y Aguilera han formado un tándem que ha llegado a un cabal entendimiento (“La Barranca”, ese tema que bautizó al grupo, también es una forma de medir el estatus de salud de la misma: no sólo fue perfecta, en ella se podía sentir el nervio, la víscera, la tensión, la explosión de esta. Hubo varios momentos fragorosos durante el concierto y uno de ellos fue éste).

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A esta amarrada agrupación, hay que añadir el color de los metales de la Banda Sinfónica que subieron para dar una nueva sonoridad a composiciones ya emblemáticas en la vida de La Barranca. También, el quinteto presentó un par de canciones, una de ellas una versión a “Estrella solitaria” de Agustín Lara y otra llamada “Cuervos”, en las que pudo advertirse el camino que habrá de transitar la agrupación en los años venideros.

Mientras en otros lados de la ciudad Caifanes y Maldita Vecindad explotaban con singular alegría la nostalgia de sus fans, en el Teatro Esperanza Iris se desató un verdadero fragor, una demostración de musicalidad y de cómo encarar el mañana sin recurrir al pasado como única herramienta.

 

 

Un comentario en “El fragor de La Barranca en concierto

  1. Golpeando bajo con ese cierre pero muy certero. Es cierto que si de algo se puede acusar a La Barranca siempre, es de no permanecer nunca en un mismo sitio. Me gustó mucho eso que apunta sobre la mesura y el tacto al no poner a competir a la banda contra la orquesta. Yo de pronto me sentía como en una ensoñación en la que me venía música de orquesta de plaza de toros pero también música de los Balcanes pero… era José Manuel y su música en alientos de metal y percusiones, ya después los Romero, Naas y el suigeneris Zaragoza con su tren eléctrico de poder.

    Para complementar, cabe mencionar que el trabajo de animación en este concierto enmarcó con gran acierto la puesta en escena y la gran calidad musical mostrada. Un épico concierto para anotar en los registros de la historia de esta querida banda. Ojalá que estén pensando seriamente en grabar un disco y en tener más presentaciones al respecto. Yo sigo fascinando. Muchas gracias por compartirnos un texto tan grato de tan valioso evento.