¿Cuál es su canción favorita o la más significativa de su vida? Esa fue la pregunta que hicimos a un centenar de personajes de diversos orígenes, actividades, idiosincracias y ambientes y estas son las respuestas que con amable generosidad nos dieron todos y cada uno de ellos.

Invisible
“Encadenado al ánima”
Autor: Luis Alberto Spinetta
Álbum: Durazno sangrando

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El tema pertenece a Invisible. El disco, Durazno sangrando. Para mí, de todos modos, el tema es de Luis Alberto Spinetta y trae como casi toda su obra la posibilidad de absorberla en forma inmediata, natural.

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Una vez leí una nota muy larga en la que se hablaba de cómo atrapar la música sin la recurrencia de la añoranza. No entendí muy bien todo el material, pero algo en mí tuvo sentido: no puedo escuchar la música de Luis Alberto Spinetta (y de todos los que me gustan) en virtud del recuerdo, de la evocación. Si eso hiciera, le estaría restando una dimensión verdadera en mi espíritu y, por qué no, en mi razón.

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Toda mi vida he tratado de escuchar la música sin el sentido de la extrañeza. Que la música diga algo para mí, en ese instante sagrado, sublime, cuando se desarrolla. Y toda mi vida, las canciones que han sido tocadas y cantadas con cierto aire de repetición se han apagado, han agotado todo fulgor en su magia pasajera.

No es así con “Encadenado al ánima”. Todo el disco es un claro viaje al lado de adentro del alma, pero ese tema en particular es “todos los días que lo escucho de nuevo como si fuera la primera vez”.

Una especie de candombe al principio, con instrumentos solamente; un coro repetitivo que se resuelve en un canto melancólico y una especie de ritmo rockero que se encarama hasta el final de la canción: “como si los muebles pudieran hablarme de ella sin moverse…”. Pero no, no es el final de la canción. Una tonada medio árabe desmiente lo anterior y “la ropa de los sirvientes camina por la casa”. Y así. Un candombe, una tonada tipo jazz y la letra que va armándose de acuerdo a la música. Podría escuchar muchas veces esta canción —¡dura 15 minutos!— y todas las veces le encontraría cosas nuevas. Como si la escuchara por primera vez.

Mónica Maristain
Periodista