Hace cuatro años hicimos una apretada semblanza del trabajo de The Tacits (ahora The Tacit Order), agrupación oriunda de Puebla y de la cual, entonces, señalábamos que una de sus principales cualidades era la persistencia. El hacer música propia en un entorno en donde lo imperante es lo fácil, chabacano y banal es complicado. El grupo toca en una cadena de bares de su ciudad y si bien eso les permite tener continuidad, también los obliga a supeditar su repertorio a las demandas de los asistentes, mismas que, creo, no congenian demasiado con sus intereses. 

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The Tacit Order (actualmente integrado por Jan Ingram, bajo; Felipe Bazán, sax; Fran Rubio y Álvaro Hernández, guitarras y Sergio Carreto, batería) recientemente lanzó los primeros títulos —ambos grabados como cuarteto— de una trilogía (An Evil Scheme y Flatter Than Earth) a completarse en 2017 con The Great Deep.

Gerardo Ingram, diseñador oficial del colectivo, cuenta que los discos originalmente saldrían “bajo el nombre de Ciclos III y IV, pero hubo muchas circunstancias que retrasaron los planes. A mediados de 2013, Sergio Carreto salió del grupo y Marcos Sánchez Vega ingresó como baterista; con él se iban a grabar, pero tuvo un accidente y falleció en diciembre de 2014. Estos álbumes llevaban un rato luchando por salir a la luz”.

An Evil Scheme abre con una intro (“Awakening”) de guitarra, sax y un poco de bajo que es muy tranquila y agradable; “Conciousness”, el siguiente tema, ya los encuentra desplegando las alas en una composición que tiene mucho de jazz y de fusión. En “Trilateral” encontramos una primera explosión de energía. Es un tema más en el ámbito del rock, con algunos giros funkies, pero posee tintes perversos; aquí, el cuarteto se advierte con una sed insaciable, con hambre. “Ecumenyc” es el corte mas largo de este disco y tiene un arranque sombrío, premonitorio, la atmósfera comienza a variar cuando un bajo serpenteante entra y hace un solo; sin embargo, el verdadero cambio inicia tras un silencio y entonces la banda pasa a desarrollar esa alquimia de jazz rock, con tintes de un krautrock monótono que aumenta en intensidad para luego descender a un pasaje en apariencia más tranquilo, pero que pronto se revela nuevamente oscuro, denso, nueva pausa para abrirse nuevamente a un pasaje más cercano al rock en oposición que después cambia con la inserción de una guitarra con acentos ácidos, sicodélicos, para recuperar la fusión jazz rock en la parte final y terminar por lo alto.

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“Web Depths”, luego del vendaval precedente, es como un remanso de paz, pero pronto toma un matiz a medio camino entre la experimentación y el jazz. An Evil Scheme cierra con “Trance Hoax” que arranca con una energía muy rocker. La tónica de este disco es la fuerza, la intensidad, a veces de la mano de la guitarra, otras del sax, aunque se advierte una unidad, el trabajo de un grupo que desarrolla su propio lenguaje con un énfasis rítmico muy fuerte, monótono si se quiere y que funciona como una alfombra para los decorados del bajo, el sax o la guitarra.

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Flatter Than Earth, por su parte, presenta cambios y en un par de cortes añade color vía el teclado y la flauta. Ésta pone algo de misterio a “Nocturnal”, un corte que se desarrolla lentamente aunque en él no hay nada de tranquilidad; “Fatale” es una composición abstracta, de tonos ominosos, una atmósfera que no augura nada bueno. En realidad prepara el terreno para un advenimiento que nunca llega, porque en “Black Alert”, el siguiente tema, el grupo se enzarza en un funk caliente, mugroso.

“Black Alarm”, como “Black Alert”, apuesta más por la fusión jazz rock con visos de funk. “Abruptak” inicia como si ya llevara un rato en el fondo y repentinamente nos percatáramos de su existencia –de allí su nombre–, es una muestra de rock sicodélico, con algunos matices de jazz, mientras “Abruptak II” tiene más de jazz al principio, para luego inscribirse en esa vena del jam, exploratoria y perlada de funk, pero absolutamente libre. “Droider” el último corte, es rugoso, áspero, muy enérgico y con un saxo que parece graznar, gritar y pone un toque de mayor locura y densidad al tema.

A pesar de los contratiempos, no obstante las dificultades para desarrollarse (¿cuántos grupos similares existen en Puebla? ¿Con cuánta frecuencia alternan con agrupaciones que les inspiren a superarse? ¿Cuánta cobertura de prensa se le ha dado a la agrupación? ¿Cuántas estaciones de radio en su ciudad, en las aledañas o la CDMX programan la música de Tacit Order?), lo han vuelto a hacer. Pasaron cuatro años, pero el silencio finalmente se rompió con una dupla de trabajos que, fieles a lo desplegado con anterioridad, se adentran por esos caminos que pocos quieren transitar, trechos en los cuales la experimentación, la aventura y la búsqueda de una voz propia son constantes, aunque no siempre bien retribuidos.

The Tacit Order es una llamada de atención, una música que reclama y nos dice que es hora de voltear el oído a otros ámbitos de este país.