En el principio fue el blues… y al final también (si es que podemos hablar de final en el caso de los Rolling Stones, quienes parecen empeñados en ser eternos y deben divertirse como enanos cada vez que sacan un disco y el comentario generalizado es que, ahora sí, se trata de su último álbum).

El caso es que los Stones acaban de poner en circulación, cuando ya se nos va este 2016, una nueva obra discográfica, un larga duración consagrado al género que los hizo dedicarse a la música: el blues.

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El lugar común apuntaría que se trata entonces de un regreso al origen. Sin embargo, yo diría que hay mucho más que eso. En definitiva, estamos ante una declaración de principios por parte de estos londinenses. Con su flamante plato, parecen decirnos que el blues es y sigue siendo la base y la semilla del rock. Con los doce cortes que lo conforman, parecen suscribir el mítico dicho de Willie Dixon acerca de que el blues tuvo un hijo y lo llamó rock n’ roll. Los Rolling Stones han tomado esta vez la sustancia y lo han hecho para renovarla, sin alterarla, sin pasteurizarla, sin adulterarla.

Blue & Lonesome (Interscope, 2016), el nuevo disco de estos sempiternos londinenses, grabado once años después de su anterior A Bigger Bang (2005), no tiene una sola composición de la mancuerna Jagger y Richards. Se trata de una docena de blueses al mejor estilo Chicago, composiciones de músicos tan legendarios como el ya mencionado Willie Dixon, Howlin’ Wolf, Lightnin’ Smith, Bukka White, Eddie Taylor, Magic Sam, Jimmy Reed o Little Walter. Los Rolling Stones los han hecho suyos (en realidad los hicieron suyos desde hace más de medio siglo) con el mayor respeto, con el mayor gozo y con la mayor lucidez, en una grabación que les llevó apenas tres días y que por ello mismo suena tan fresca y tan auténtica. Producido por Don Was, el álbum posee un sonido a la vez grasoso e impecable, sin fisuras, sin invenciones, negro hasta la médula, con un Mick Jagger sorprendentemente destacado en la voz y la armónica, un Jagger intenso y seductor, un Jagger  bluesero hasta el tuétano.

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Uno habría pensado que en un disco como este quien más brillara sería un blues man declarado como Keith Richards (y por supuesto que lo hace, al igual que Ron Wood y el siempre preciso e impecable Charlie Watts), pero esta vez es Jagger el que domina el panorama a lo largo de los poco más de 42 minutos que dura el plato.

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Otro mérito de Blue & Lonesome es que no se buscó incluir un solo clásico del blues (salvo quizás el concluyente “I Can’t Quit You Baby” de Willy Dixon), sino que se recurrió a piezas oscuras y poco conocidas como “Everybody Knows About My Good Thing” de Little Johnny Taylor (con excelentísimo solo de Eric Clapton incluido), “Just Your Fool” de Little Walter, “All of Your Love” de Magic Sam, “Commit a Crime” de Howlin’ Wolf o esa fina y delicada joya que es “Little Rain” de Jimmy Reed.

¿El último disco de los Rolling Stones? ¿Quién se atrevería a afirmarlo? Yo no, por supuesto.