¿Cuál es su canción favorita o la más significativa de su vida? Esa fue la pregunta que hicimos a un centenar de personajes de diversos orígenes, actividades, idiosincrasias y ambientes y estas son las respuestas que con amable generosidad nos dieron todos y cada uno de ellos.

l-cohen


James Brown
“I Got You (I Feel Good)”
Álbum: I Got You (I Feel Good) (1966)
Autor: James Brown
Por su gran mensaje corporal. Porque desde el embrión, a través del ritmo, de esa pulsación musical, uno empieza a mandar señales de vida. Porque mover el cuerpo es subvertir el seso. Porque sacudirse es transformar la atmósfera. Porque cuando tenía cinco años de edad, mi hermano Memo, trece años mayor que yo, me llevó al cine por allá en la frontera a ver una espectacular película de soul and (pre)funk en la cual James Brown, the only and one Godfather, se partía el alma, y me la partía, bailando. Please, please, please. Y muchos años después, juraba y perjuraba que lo había visto en vivo. I got you. Y heme aquí dedicándome a esto. And I still feel good.
Jaime López
Músico y compositor


Igor Stravinsky
“Pastorale (Song without Words)”
Álbum: Stravinsky Conducts Stravinsky (1948)
Autor: Igor Stravinsky
Difícil. Muy difícil tarea la de elegir una canción.
Siendo músico y con el respeto que le tengo a ese pequeño universo perfecto que es una canción, es en realidad una dura tarea. He vivido rodeado de canciones. Desde los Beatles a Benny Moré, desde los blues hasta los clásicos temas del mundo del jazz y el folclore latinoamericano. Ya como músico, he tocado de todo, por curiosidad y por amor a La Canción. Las diversas tradiciones musicales están llenas de canciones bellísimas y no terminaría nunca de enumerar las que me gustan. La canción mexicana, desde los sones jarochos a los boleros. El rock con todas sus variables. Norteamérica y Gershwin y Cole Porter y el blues y el folk. Inglaterra desde John Dowland y Henry Purcell (la época barroca y sus canciones), hasta Sting. Francia y las maravillas de Charles Trenet y Joseph Kozma. El flamenco y sus temas. Brasil y Buarque y Veloso y Gil. Uruguay desde Zitarrosa hasta Drexler. Es demasiado. Mientras escribo esto, sentado en un café de la calle Corrientes, en Buenos Aires, vienen a la mente Enrique Santos Discépolo y Tita Merello y Spinetta y Fito Páez, y me entero de la muerte de Leonard Cohen y canturreo sus canciones. Difícil decidirse. Lo que si sé, es que muchas canciones son autorreferenciales. Nos gustan porque marcan una época en nuestras vidas. Hay mucha belleza en miles de canciones, pero si me muriera hoy, me iría feliz escuchando una canción sin palabras: “Pastorale (Song Without Words)”, de Igor Stravinsky, compuesta en 1907 para la hija de Rimsky-Korsakov, Nadia. Belleza pura en cinco instrumentos.
Aarón Cruz
Músico de jazz, excepcional bajista


Sufjan Stevens
“All Delighted People”
Album: All Delighted People EP (2010)
Autor: Sufjan Stevens
La palabra genio se ha devaluado durante la última década: cualquier invención o creación medianamente relevante se considera una genialidad. Explicar el fenómeno podría llevarnos una vida de debate, así que eso lo dejaremos para después. Con todo y el inicio tan categórico (y mamón, si se quiere) de estas líneas, considero que el único gran genio musical del siglo XXI es Sufjan Stevens y esta canción lo demuestra: un tour de force que va del pop al rock a la electrónica al noise al góspel a la música académica a las referencias a Simon and Garfunkel y a una de las líneas más bellas jamás escritas (“I love you from the top of my heart”): una composición que lo mismo suena a esperanza y al apocalipsis. Le garantizo que tras 11 minutos y 38 segundos de música, su vida no volverá a ser la misma.
Israel Pompa-Alcalá
Músico


The Beatles
“Here Comes the Sun”
Álbum: Abbey Road (1970)
Autor: George Harrison
Hay una rola favorita de todos los tiempos para cada ocasión. Es tarea casi imposible, pues, escoger tres minutos de música en el abismo de todo lo escuchado en una vida. Muchas de las texturas y sensaciones mas intensas están tatuadas al recuerdo de una canción y la música se convierte en algo más, en un detonador del explosivo más devastador de todos: la nostalgia. A menudo, mis canciones preferidas son las que ya no puedo escuchar porque me llevan a ese lugar con esa persona;otras me conducen al fin del mundo; otras me ponen cierto sabor en la boca: el sabor de la cancion que sabe a cuando estamos juntos.No quisiera escoger una sola, pero intentaré poner en contexto una de las mas queridas. Es un recuerdo ahora lejano y casi nebuloso, muy extraño. Soy un niño de cinco años y estoy en la casa nueva a la que acabamos de mudarnos. Es una tarde de verano y está cayendo una de esas legendarias trombas chilangas. Después de la tormenta, todo está en calma, salgo a jugar al patio, la tierra esta empapada y por todos lados empiezan a salir ranitas. Primero unas cuantas, después decenas, cientos, miles de ellas. En todo el patio se ven saltar por doquier y recuerdo claramente ayudar a mi mamá a llenar bolsas y bolsas con ranas que después soltamos atrás de la casa, entre charcos que podrían ser pequeñas lagunas (la colonia donde vivíamos todavía formaba parte del ecosistema lacustre que fue destruido cuando hicieron todas las colonias de Aragon). La tromba nos deja sin luz el resto de  la tarde. No podemos jugar, no podemos ver la televisión. Ya caída la noche, mi mamá enciende muchas velas y nos da duraznos con crema y azúcar, nos sienta y en su tocadiscos portátil (de esos que funcionaban con pilas de las más gordas) pone un disco. Nadie habla, comemos, estoy concentrado en la danza de las flamas en las velas, la música me calma. No sabía de qué hablaba la canción, por supuesto, pero ahora lo sé y sé que es el primer corte del lado B de aquel disco: el Abbey Road de los Beatles que resuena hasta el día de hoy en otro continente, en otro país:

Here comes the sun, too doo doo doo,here comes the sun, and I say it’s all right…

Los Beatles siempre fueron importantes en esa infancia lejana. En mi casa estaban en todos lados y ahora recuerdo que en esa época hasta creía que los barbones greñudos del disco rojo eran amigos cercanos de mi mamá, porque las escaleras de ese disco eran a mis ojos idénticas a las del edificio de la colonia Moctezuma donde vivíamos. Hoy, en Francia, después de cada invierno que he pasado aquí, esta canción tiene mas sentido que nunca. Esté donde esté, “Here Comes the Sun”me llevará a esa época feliz.
Andrés Soto
Músico


Leonard Cohen
“Slow”
Álbum: Popular Problems (2014)
Autor: Leonard Cohen
Mi intención, para cerrar esta lista de cien canciones, era escribir acerca de una pieza que en sí misma puede ser un gran lugar común, pero que siempre me ha conmovido, sacudido, estremecido y embelesado. Me refiero a “Stairway to Heaven” de Led Zeppelin, epítome de todo lo bueno (y hasta de todo lo malo) que ha dado el rock. Sin embargo, redacto estas líneas justo unas horas después de enterarme de la muerte de Leonard Cohen y no puedo menos que escribir de mi canción favorita de este autor y que será una de las grandes canciones del presente siglo. Hablo de “Slow”, contenida en su álbum Popular Problems de 2014, una de las composiciones más fascinantes y, sí, más conmovedoras, sacudidoras, estremecedoras y embelesantes que he escuchado jamás. Se trata de un blues, una música negra que brota espontánea del alma de Leonard Cohen con sensualidad, intensidad e ironía, ironía que se derrama en una letra que se refiere al arte de llevar la vida con lentitud, con calma, sin precipitaciones, “no porque esté viejo, no por la vida que he llevado, es sólo que siempre me gustó lento”. Todo con un ritmo persistente, un bajeo marcado, coros gospelianos, un discreto sonido de metales, un repentino órgano Hammond… y la voz grave, profunda, hasta cavernosa, de un Cohen a sus ochenta años, a dos de grabar su siguiente álbum (el espléndido y final You Want It Darker de 2016) y de partir para siempre de este mundo a fin de ingresar a la inmortalidad.
Hugo García Michel
Músico, editor, escribidor