Leonard Cohen acaba de culminar la que parecería ser su trilogía discográfica final —conformada previamente por los extraordinarios Old Ideas (2012) y Popular Problems (2014)—, con la aparición del impresionante álbum You Want It Darker (2016).

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A sus 82 años casi recién cumplidos (nació en Montreal, Canadá, el 21 de septiembre de 1934), Cohen había declarado hace poco a The New Yorker que se encuentra preparado para morir, aunque al ver la reacción de alarma que provocó en sus seguidores, lo trató de matizar días más tarde con una declaración cargada de humor negro: “en realidad me propongo vivir hasta los 120 años”. No obstante, al escuchar las letras de las canciones de los tres álbumes mencionados y en especial del más reciente, parecería claro que el decirse preparado para la muerte es la parte central de su estado de ánimo actual.

En You Want It Darker nos enfrentamos a un disco filosófico y profundo en su poesía, a la vez que austero y espléndido en su música (la facilidad de Cohen para elaborar perfectas y a la vez sencillas melodías continúa siendo asombrosa). Las nueve composiciones que lo conforman no tienen desperdicio alguno: todas y cada una de ellas poseen algo importante, trascendente que decir, todas brillan desde una paradójica oscuridad lírica y musical absolutamente conmovedora. No es sin embargo una obra pesimista o desencantada. En absoluto. Yo diría que se trata más bien de un ajuste de cuentas con una vida fructífera pero complicada, tan llena de creatividad y felicidad como de momentos duros, tanto en lo profesional como en lo artístico, lo amoroso y lo religioso.

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Por eso, temas como “You Want It Darker”, “Treaty”, “On the Level”, “Leaving the Table”, “If I Didn’t Have Your Love”, “Traveling Light”, “It Seemed the Better Way”, “Steer Your Way” y “String Reprise/Treaty” poseen una riqueza espiritual y una crudeza humana como sólo Cohen podría expresarlas.

¿Es You Want It Darker su obra testamentaria? ¿Constituye, junto con los dos álbumes anteriores, una trilogía discográfica de despedida? Quién puede saberlo. Lo que sí se sabe es que el compositor tiene problemas de salud (se cuenta que parte del disco lo grabó sentado en una silla, debido a intensos dolores en la columna vertebral), pero su mente y su alma (ese intenso soul que siempre lo ha caracterizado) parecen mantenerse incólumes.

Como escribí hace poco: Leonard Cohen merece cuando menos un Nobel honorario.