¿Cuál es su canción favorita o la más significativa de su vida? Esa fue la pregunta que hicimos a un centenar de personajes de diversos orígenes, actividades, idiosincracias y ambientes y estas son las respuestas que con amable generosidad nos dieron todos y cada uno de ellos.

john-george


The Beatles
“I Am the Walrus”
Album: Magical Mistery Tour (1968)
Autor: Johm Lennon
Tengo tantas canciones favoritas como besos, tantas como puestas de sol. Una que desde niño jamás deja de emocionarme es “I Am de Walrus”, con su arreglo de chelos hermosamente amenazador. Pero debajo de estas ambiciosas orquestaciones (en las cuales también interviene el azar), hay una canción sumamente perturbadora. Me fascina la construcción armónica de John Lennon, lo más parecido que hay a un grabado de Escher: escaleras de acordes mayores que se muerden la cola. La letra y su entrega vocal son absolutamente dylanianas, lo cual siempre es bueno. Quién sabe qué quiere decir, pero podemos estar seguros de que está sumamente encabronado. Una canción que toca al intelecto tanto como a los sentidos y al subconsciente y eso para mí es el rock. Chéquense la versión remezclada del Love.
José Manuel Aguilera
Músico, líder de La Barranca

(N. de la R: Dado que en You Tube no existe la versión original de los Beatles, a manera de compensación incluimos los que quizá sean sus dos mejores covers: el de Frank Zappa y el de Spooky Tooth).


The Rolling Stones
“Wild Horses”
Álbum: Sticky Fingers (1971)
Escrita por Mick Jagger y Keith Richards
Cuando cumplí los catorce años, algo salvaje me arrastró a una decisión tan descabellada que cambió mi vida. Pocas cosas hay tan tormentosas durante la adolescencia como ir a la secundaria, al menos para mí. Tenía la certeza de estar desperdiciando por completo mi vida, así que un buen día hablé con mis papás y les dije que ya no quería ir a la escuela. “¿Y qué vas a hacer?”, me preguntaron. No recuerdo con precisión lo que les dije pero seguro les hice algunas propuestas que me parecían razonables. Los primeros días me puse a leer mis libros escolares, luego pasé a los de historia que había en mi casa y después leía una que otra novela. Hasta que un día me regalaron un libro con todas las letras de los Rolling Stones. En poco tiempo, a lo que me dediqué en cuerpo y alma, con obsesión compulsiva y disciplina, fue a escucharlos. A partir de ahí mi vida se convirtió en algo que cuando lo platico la gente me dice, conteniendo un poco la risa: “Órale, qué loco”. Esto era que me levantaba por las mañanas, desayunaba y cuando todos se iban a trabajar o a la escuela, yo me iba a mi cuarto a escuchar a los Stones. Aún no tenía todos sus discos y conseguirlos era una de mis grandes metas en la vida. Lo cual no era poca cosa. Mis padres tenían muchos viniles de ellos, yo tenía algunos cedes y cada que podía grababa casetes en donde pudiera. Entonces, en lugar de ir a la escuela, me ponía a escuchar disco tras disco en orden cronológico. Ponía la música y comenzaba una experiencia única, Era viajar en el tiempo, descubrir, desde el Oaxaca de los noventa, el Londres de los sesenta; el rhythm & blues, la psicodelia; a los extraños integrantes de la banda: la inasible presencia de Brian Jones, la pulcritud de Charlie Watts, la contrastante personalidad flemática de Bill Wyman, las guitarras contrapunteadas o bluseras ya fuera Mick Taylor o Ron Wood y la genialidad única de Keith Richards. Mick Jagger estaba un poco aparte. No sólo era un cantante. Me parecía que con cada canción que escuchaba descubría un poco más el mundo y entonces de verdad comenzaba a vivir la vida. Así llegaba la hora de comer y luego seguía y seguía. Cenaba y luego volvía a escucharlos, ya con audífonos, hasta la madrugada. Me preguntaban si quería ser músico y no sabía muy bien qué responder, porque ahora que lo pienso no era exactamente la música lo que me gustaba, ni siquiera el rock, sino ese fenómeno en lo que se enfocaba mi vida entera que eran los Rolling Stones. Adolecía de una extraña enfermedad. Sufría el Mal de Montano de Vila-Matas, pero con esta banda. Los veía por todos lados, no sólo en otros grupos (The Verve, Oasis o Primal Scream), sino en cada película, cada libro, cada ciudad, cada plática, cada corte de cabello…, se aparecían por todos lados. Los años 1966, 67, 68, 69… (eran Aftermath, Their Satanic Majesties Request, Beggars Banquet, Let It Bleed). Así comenzaron a tener sentido a partir de sus discos y me conectaron con la historia del mundo. Fueron en muchos sentidos un punto de apoyo. Con el paso de los años no he dejado de seguirlos y ahora pienso que haberlos escuchado no sólo me hizo aprender inglés sino también conocer una buena parte del siglo XX: artistas como Andy Wharhol, escritores como Mijail Bulgakov y sin duda los años sesenta, setenta, ochenta y noventa. Finalmente, puedo decir que de entre todos sus discos, Sticky Fingers es de mis favoritos y de este álbum, “Wild Horses”. Una canción que recuerdo de toda la vida y que me sigue gustando tanto que nunca me aburre. Encuentro detalles en las guitarras, matices impresionantes en la voz, ¡cada estrofa la canta diferente! También el significado de la letra sigue abierto a nuevos sentidos e imágenes. He pensado muchas veces en los caballos salvajes y me he preguntado qué querrán decir, a veces pienso que son estos los que me han arrastrado desde la primera vez que escuché a los Stones y me pregunto si algún día los domaré.
Adán Ramírez Serret
Crítico de literatura


The Ramones
“Blitzkrieg Bop”
Álbum: The Ramones (1976)
Escrita por The Ramones
Es mi canción favorita de todos los tiempos hasta el día de hoy. Podría ser otra de una larga lista que elabore o alguna que me hiciera quedar como sabiondo, pero me quedo con “Blitzkrieg Bop”, un himno a la energía que fue parteaguas musical. Más allá de su valor histórico, mi relación con ella es de tipo emocional. Cada vez que suena, puedo sentir que el rock vuelve a nacer dentro de mí, como la primera vez que la escuché. Al contacto con ella, mis neuronas disparan las endorfinas rocanroleras: adrenalina, serotonina y dopamina. En esa sinápsis eléctrica las vibraciones sonoras influyen en las ondas que generan las endorfinas y sincronizan los hemisferios del cerebro. De pronto, la música se transforma en movimiento físico. Entonces me levanto, es la canción que siempre me mueve y como dijo Einstein: el movimiento es equilibrio. Hey Ho, Let’s Go!
Rogelio Garza
Escritor y publicista


George Harrison
“While My Guitar Gently Weeps”
Álbum: The Concert for Bangladesh (1971)
Autor: George Harrison
Siempre he pensado que la música no es de quien la trabaja, sino de quien la necesita. Y ahí estamos pues los amantes de la música, en el trance de buscarla para que nos ayude, con ironía y belleza, con furia y arrebato, a seguir tratando de entender al mundo, a los demás, a nosotros mismos. George Harrison pertenece a ese selecto grupo de los que quieren mover al mundo con un corazón solitario y “While My Guitar Gently Weeps” es, sin duda, mi canción imperdible. La razón es sencilla. Fue ese gemido violento y tierno de las cuerdas de la guitarra de Harrison el que sacudió la concepción musical de mi infancia. Es en esta pieza –que prefiero escuchar en la grabación de The Concert for Bangladesh de 1971– donde siento que aparece el poeta que utiliza palabra y música como lamento, como festejo, como charco de agua turbia en el cual se reflejan el alma, los sueños, los deseos, las operaciones secretas del espíritu en busca de refugio.
Sylvia Georgina Estrada
Periodista cultural


A Perfect Circle
“Weak and Powerless”
Álbum: Thirteen Step
Autores: Billy Howerdel y Maynard James Keenan
“Si se elimina el ansia, el vacío desaparece”, explica Maynard James Keenan (cantante y compositor de A Perfect Circle) cuando habla del hilo conductor de “Weak and Powerless”. La primera vez que escuché esa canción fue en una estación radiofónica en Texas, en el verano de 2003. Años después, ésta recobró un verdadero sentido en mi vida. “Weak and Powerless” retoma la idea de los doce pasos del programa de rehabilitación de los alcohólicos y los adictos: “Sabes que el primer paso es admitir que eres impotente al alcohol o a las drogas, y que ya no controlas tu propia vida”. No soy adicta al alcohol o a las drogas, pero sí lo fui a una persona. Durante esa etapa, conocí el “vacío negro en el centro de mi psique” del que habla Keenan (también cantante de Tool) y entonces tuve que aceptar que tenía un problema.
Natalia Cano
Periodista musical

 

 

Un comentario en “Cien canciones, cien personalidades (17)

  1. La musica es ela solucion a los problemas que podamos tener,al que no ley gusta la musica mil problemas tiene