Sofisticada y cálida, Sophie Milman es una de esas cantantes que llevan al jazz en sus entrañas, a pesar de sus raíces judías y de haber nacido en la Unión Soviética y crecido en un país tan poco identificado con el género como Israel.

En efecto, Milman vio la primera luz en 1983, en la remota localidad de Ufa, en los Montes Urales de la helada Rusia, cuando quedaban pocos años para que el régimen comunista se derrumbara en la URSS.

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El jazz como literal liberación

“Rusia era un lugar muy cerrado, donde todo estaba controlado y era muy difícil, si no es que imposible, escuchar jazz”, cuenta la cantante. “Sin embargo, mi papá acumuló una colección bastante decente de discos que conseguía en el mercado negro. Esa era su forma simbólica de manifestarse contra aquel régimen tan opresivo. Fueron esos discos los que en verdad conformaron mis gustos musicales, porque las canciones que nos enseñaban en la escuela eran tristes y marciales. Puedo decir que llegué al jazz desde una perspectiva muy distinta a la de la mayor parte de mis colegas y que fue para mí un signo de liberación en todos los sentidos”.

Cuando sobrevino la caída del llamado socialismo, su familia se mudó a la ciudad de Haifa, Israel. La pequeña apenas tenía seis años de edad en ese entonces. Entre las escasas posesiones que pudieron llevarse estaba precisamente aquella colección de discos de vinil, en su mayor parte álbumes piratas de jazz.

A fines de los años noventa, los Milman emigraron de nuevo, esta vez a un punto mucho más distante: la lejana y cosmopolita ciudad de Toronto, en la costa sudeste de Canadá, a donde la familia arribó cuando Sophie tenía dieciséis años.

Las raíces negras de una niña rubia

Para entonces, la todavía adolescente ya cantaba y lo hacía muy bien, además de conocer a la perfección el repertorio clásico de los más connotados intérpretes de standards jazzísticos. Su familiaridad con las raíces negras del género era asombrosa. Se sentía especialmente identificada con voces como las de Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Louis Armstrong y Ray Charles, así como con la cantante de góspel Mahalia Jackson. Por otro lado, también amaba las canciones de Stevie Wonder. No le iba a costar demasiado trabajo integrarse a la escena jazzera de aquella ciudad canadiense.

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En 2004, se le presentó una oportunidad para aparecer en Real Divas, una serie de jazz de la televisión de Toronto, donde asombró a propios y extraños desde su primera aparición y llamó la atención del productor y pianista Bill King. Ese mismo año, aparecería el primer disco de la vocalista: el homónimo y sensacional Sophie Milman, con versiones cálidas y sentidas a temas como la brasileña “Agua de beber”y composiciones clásicas como “My Baby Just Cares for Me”, “The Man I Love”, “I Feel Pretty”, “La Vie en Rose” y “My Heart Belongs to Daddy” de Cole Porter que tantos identifican con la voz de Marilyn Monroe y de la que la joven intérprete, entonces de escasos veintiún años, hizo un cover lleno de gracia.

Seguirían otros tres álbumes en estudio: Make Someone Happy (2007), Take Love Easy (2009) e In the Moonlight (2011), además del disco recopilatorio Her Very Best… So Far (2013).

Pero los Beatles también

En el disco In the Moonlght, Sophie incluyó su  versión a una vieja canción de los Beatles: “Till There Was You”, versión que tiene una historia muy personal para ella: “Para mí, esa es la canción romántica por excelencia. Crecí escuchándola con los Beatles y a los siete años aprendí cómo cantarla. Era una de las canciones favoritas de mi padre. En Israel teníamos un carro tan viejo y destartalado que no tenía radio, así que cuando viajábamos en él a lo largo del país, yo era la que ‘ponía’ la música. Me sentaba en el asiento de atrás y recibía las peticiones y la más solicitada era siempre “Till There Was You”. Cuando quise incluirla en el disco, todo el mundo trató de persuadirme de no hacerlo. Me decían que era una pieza muy cursi. Pero no les hice caso, porque la canción representa la profunda conexión que existe entre mi papá y yo. Me recuerda aquellos tiempos cuando mi familia era pobre, la vida muy dura y la música representaba el pegamento que nos mantenía unidos. Fue en ese entonces que se formó mi identidad musical, así que esa canción es una parte de mí”.

El gran éxito de Milman como cantante de jazz le ha permitido presentarse en lugares como el Hollywood Bowl, el Kennedy Center, el Toronto’s Massey Hall y el legendario club Blue Note de Nueva York y su sucursal en Tokio, así como actuar en festivales de jazz como el de Montreal. También ha colaborado con músicos de diferentes géneros, entre ellos Gary Burton, Chick Corea, Randy Bachman, Chris Botti, Cesaria Evora, The Manhattan Transfer y The Neville Brothers.

A su aún joven edad (apenas cumplió 33 años), la carrera de Sophie Milman luce larga y promisoria. Muchos discos y presentaciones vendrán. Su voz y su peculiar estilo lo merecen y todos lo agradeceremos.

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