handel

El nombre de esta columna alude a los recolectores que buscan en la tierra la fruta que no será procesada industrialmente. En YouTube hay interpretaciones maravillosas que casi nadie ve. Cuando encontré la siguiente interpretación de Daria van den Bercken de la Chacona en sol mayor HWV 435 de Handel, me pareció interesante aunque un poco sobreactuada.

La verdad es que Van den Bercken ofrece una interpretación casi pedagógica. Aún así, no comete el mal gusto de traicionar el ritmo original de danza española o novohispana con el que Handel quiso dotar a su obra. En efecto, la pianista holandesa explota al máximo el pianoforte y consigue un perlado espectacular. Vale la pena comparar las posibilidades del instrumento con la obra interpretada por Richter.

Richter utiliza el tiempo para acentuar el ritmo y en muchos sentidos está más cerca del original, aunque tengo la impresión de que a los oídos del siglo XXI puede resultar un tanto aburrido. Más que para músicos, las sutilezas de Richter son de clavecinista y por más que los puristas coincidan en que el sonido está probablemente más cerca del original no por ello es más hermoso que la siguiente interpretación de esta obra que es, a mi gusto, casi la mejor.

Murray Perahia consigue el término justo entre tradición e innovación. No por nada es uno de los mejores pianistas y aunque su fuerte es Chopin, escucharlo interpretar a Handel es una delicia porque, más allá del perlado, es capaz de explotar un virtuosismo que casi resulta romántico. Casi. Esta es la clave. Perahia no tiene nunca el mal gusto de permitir que entre su interpretación y el resultado se interponga el ego de quien es capaz de tocar las obras más difíciles del repertorio pianístico y que sin embargo está ofreciendo aquí un entremés de corte: música para bailar.

Decía que la interpretación de Perahia es casi la mejor porque Tatiana Nikolayeva lleva el cantabile de Handel hasta sus últimas consecuencias. En su piano resuenan las grandes arias que compuso el alemán en la corte inglesa. El perlado de Nikolayeva es propio de la escuela rusa y el contrapunto se escucha con tanta claridad que el oído no pasa ninguna dificultad para distinguir las diversas melodías que emanan del piano de esta mujer que también ha sido un poco olvidada.