¿Cuál es su canción favorita o la más significativa de su vida? Esa fue la pregunta que hicimos a un centenar de personajes de diversos orígenes, actividades, idiosincracias y ambientes y estas sonlas respuestas que con amable generosidad nos dieron todos y cada uno de ellos.

cien


Imposible enunciar una rola como única en los años que he rolado Como piedra rodante. Siempre he tenido Simpatía por el Chamuco, lo que me ha hecho Fought the Law, por el Sunshine of Your Love… That’s Something que me ha obligado a decidir si Should I Stay or Should I Go un Sunny Afternoon en que he tenido que decir It’s All Over Now, Baby Blue para retirarme valseando Matilda por la Traubert’s Blues… ¿y la respuesta?…, my friend, is Blowin’ in the Wind.
José Luis García Agraz
Cineasta


The Kinks
“Misfits”
Álbum: Misfits (1978)
Escrita por Ray Davies
Compré mi primer disco de Elvis Presley en 1957, a la edad de doce años. Desde entonces, el rock n’ roll, el pop, el blues, el soul, me han acompañado en las diversas etapas de mi vida y son muchas más de cien las canciones, los álbumes y los intérpretes que me gustan (aunque “gustar” es un verbo muy débil para aludir a lo que esas canciones –algunas verdaderos himnos– significan en mi vida); hoy, de entre todas, escojo una: “Misfits”, de los Kinks, porque siento que de algún modo habla de mí y de mi generación, de perdedores y frikeados, de inseguros e inciertos, de vagabundos y poetas, de ilusos y desilusionados. Es cuanto.
Gustavo Hirales Morán
Analista político


Blackfield
“Some Day”
Álbum: Blackfield II (2007)
Escrita por Aviv Geffen
No tengo una canción favorita: el asunto me parece esencialmente incontestable. Como no soy constante y dedicada, cualidades que me harían preferir una canción sobre miles, pensé mejor en la que ahora me parece más hermosa y entonces di con “Some Day”, de Blackfield, el proyecto alterno de Steven Wilson (Porcupine Tree) y el músico israelí Aviv Geffen. No tengo una razón en particular: la escuché sin descanso mientras pasaba por un mal momento, y luego pude apreciar su belleza melódica. Al final se convirtió en una especie de lenitivo para el dolor. Creo, en todo caso, que la función de una canción favorita es acompañar el estado temporal del alma. Tal como ocurrió con “Some Day”.
Lilián López Camberos
Periodista


The Pogues
“Summer in Siam”
Álbum: Hells Ditch (19XX)
Escrita por Shane MacGowan
Me han preguntado que cuál es mi canción preferida. He dicho sin duda que “Summer in Siam” de The Pogues. La voz aguardentosa de Shane MacGowan me remite al deseo de morir que es en realidad deseo de vivir para siempre. El single del álbum Hell’s Ditch de The Pogues, un grupo que originalmente se llamaba en gaélico “Bésame el culo” (póg mo thóin), ofrece una extraña faceta del punk: la fragilidad. “Summer in Siam” expresa una suerte de plenitud y gozo que sólo es posible en el clímax de la droga, el enamoramiento o el alcohol. La tautología: “cuando es verano en Siam lo único real es que es verano en Siam” remata una letra sencillísima y medio kitsch en que MacGowan repite borracho que la Luna está llena de listones. Acompañan su éxtasis autodestructivo un arpa, un sax y un tambor tan reiterativo que extravía. Extravía en la selva ardiente de Tailandia, en la selva de imágenes que me produce esta música desde que la escuché en la película Basquiat de Julian Schnabel en 1996. Me extravía en el verdadero nihilismo de un punk, folk punk, celtic punk que, sólo si se le da la gana y sólo si está suficientemente borracho, puede también ser un poco tierno.
Fernando Zamora
Novelista y crítico de cine


The Doors
“The End”
Álbum: The Doors (1967)
Escrita por The Doors
Elegir una canción de entre todas las que he amado en la vida. Una tarea jodidamente difícil. Al final decidí que debería ser una que me hubiera volado la cabeza la primera vez que la escuché y que, si se daban las conjunciones necesarias, lo hiciera siempre que la escuchase. La ganadora resultó ser “The End” de The Doors, incluida en su homónima opera prima de 1967. Once minutos con cuarenta y tres segundos retorcidos, edípicos, suicidas, melancólicos, furiosos, de una atmósfera oscura y ominosa, cortesía del teclado de Ray Manzarek. Un atardecer moribundo, unos cabellos castaños con olor a durazno, una cerveza, un joint y “The End” que suena será una de las imágenes que veré, si es que tal cosa sucede en realidad, el día de mi muerte. Seguro.
Carlos A. Ramírez
Editor y periodista