“Uno corrige lo que puede corregirse,
y cuando el corazón de un hombre es incapaz de ver esto,
la puerta de su inteligencia divina se cierra”.
—Charles Olson

¿Haré mal en anotar por delante que “Ode to My Next Life” es una joya a tomar en cuenta entre las mejores canciones del año? No lo creo, dado que el pop pluscuamperfecto busca precisión y exactitud; nada de complicarse las cosas de más para conectar instantáneamente con la sensibilidad. Y es que el norteamericano de raíces orientales se ha esmerado a la hora de concebir una pieza de orfebrería pop que da la apariencia de ser simple, cuando en la realidad hay una minuciosa colocación de cada uno de los elementos.

bashi-1

Kaoru Ishibashi se dio a conocer como miembro de Juniper One y luego de Of Montreal —con los que sobresalió—, pero también lo convocaban para girar con otros músicos, como Regina Spektor; a fin de cuentas, no sobran los violinistas que entiendan al indie. Y no sólo en esto comparte cierta cercanía con Andrew Bird sino también en ciertas armonías y estructuras —todas de una belleza campirana y juguetona.

Pero también hay que señalar que en pos de que todo encajara perfectamente y se lograra un pop de pinceladas electrónicos que desparramara belleza por doquier, en Sonderlust —su tercer disco solista— se tomaron excelentes decisiones en conjunto con Joyful Noise Recodings —su discográfica— y que comenzaron por la elección del productor: Chris Taylor, de Grizzly Bear.

bashi-2

Fue entonces cuando se decantaron por un juego de capas instrumentales y que lucen a la perfección en “Say Yeah” y que anticipan también a una voz fina y muy afinada que se va multiplicando encima del acompañamiento musical. Un recurso que ha ido puliendo desde arrancar con 151a (2012) y a continuación en Lighght (2014). Siempre hay una dosificada parte experimental que se aplica según cada composición lo requiere. Mientras que otro de los aciertos fue convocar al excelente baterista Matt Chamberlain, quien ha tocado con Morrissey y Fiona Apple y con quien coincidió en algún momento en Of Montreal. Así, la base rítmica quedó garantizada.

Nacido en Hampton Roads, Virginia, es evidente que disfruta a pleno de la naturaleza y ello permea en canciones que se muestran silvestres, así estén conducidas por sintetizadores y un violín procesado. Sonderlust es un álbum de diez temas de alta calidad, a los que la crítica internacional destaca por lo que consideran “melodías majestuosas” y la búsqueda del “pop perfecto”. El reto era alto y aunque no todas las canciones lo hayan conseguido, se agradece la exigencia.

bashi-3

En tiempos en los que los álbumes se han visto reducidos y se piensa más en la idea del sencillo inapelable, acá podemos acudir a “Cant’t Let Go, Juno” y “Hey Big Star” como temas destacados y compañía perfecta al esplendor de “Ode to My Next Life”. Se trata de un trabajo en el que el violinista no se desborda sobre su instrumento sino que se dejó llevar por los buenos haceres de un productor de sobrada sapiencia a la hora de equilibrar electrónica y folk.

Bashi ha contado que no le sido fácil atravesar la paternidad, sortear los obstáculos de ser un músico indie y que en general su vida pasó por turbulencias. Como era de esperarse —y como debe ser en un artista—, se volcó sobre su obra. Por lo que resumió: “Este álbum viene directo desde mi alma”.

Sonderlust es comparable con esa serie de paisajes en los cuales un artista plástico tan experimentado como el inglés David Hockney elaboró con herramientas digitales; así, un motivo tan tradicional adquiere un sentido y una naturaleza renovadas. En suma, se trata de un conjunto de canciones que aboga por derribar prejuicios y reivindica la grandeza del pop y toda su amplitud de posibilidades. Se pueden hacer guiños al romanticismo sin caer en la cursilería o los lugares comunes. El artista expone su existencia y al mismo tiempo brinda una placentera explosión de sensaciones.