El filósofo Zlavoj Zizek dijo alguna vez que la sabiduría no se define por dar la respuesta correcta, sino por hacer la pregunta correcta, pues cualquiera es capaz de aprender a responder, pero muy pocos son quienes pueden ver con otros ojos lo que todo mundo da por sentado. Dentro de esos elegidos, se encuentra el multiinstrumentista, productor y compositor chileno Andrés Landon, quien en el pasado ya nos había regalado mucho de su arte, lo mismo como artífice del éxito de Carla Morrison que con sus composiciones bajo el alias de Sonido Landon, hoy transformado simplemente en Andrés Landon. 

Indias, su segunda producción, deja entrever dos cosas inmediatas: el cada vez mayor oficio musical de Landon y su sabiduría al momento de abordar ritmos caribeños, andinos y hasta africanos, pues es capaz de alejarse del cliché barato para entregarnos una obra fresca y potente.

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La abridora “El público lo pide” es una pieza que lo mismo echa mano de la polirritmia africana (grandísima ejecución de Cristóbal Tovar en todas las baterías y percusiones del disco) que de arreglos de aliento con sabor andino, adornados por guitarras hermanadas con lo hecho por artistas de la talla de St. Vincent. Pura seducción al oído.

Sigue la fantástica “Pirámide”, cuyo riff es uno de los mejores que se hayan escuchado en las últimas dos décadas en nuestro continente. La estructura propia de la canción la convierte en gozo de principio a fin: versos apoyados en ritmos caribeños, puentes más suaves pero sin perder un ápice de cadencia y un coro simplemente perfecto, pues cumple con las dos reglas esenciales de cualquier estribillo: ser sencillo y fácilmente cantado por cualquiera. Una joya auténtica.

El tercer tema es una muestra de lo que hubiera pasado si la ya mencionada Annie Clark hubiera nacido al sur del continente: “Nos hicimos los muertos” es una balada que se encuentra a la altura de composiciones similares realizadas por la estadounidense, solo de guitarra espectacular incluido, el cual nos deja ver la impresionante habilidad de Andrés en las cuerdas.

“Camino”, el cuarto track, regresa a la fuerza rítmica como base, con todo y un rapeo a mitad de la composición. La guitarra, sobra decirlo, se encarga de hacer arreglos sumamente finos y precisos. Otro grandísimo tema.

A continuación escuchamos “Qué gente más pesá”, tal vez la composición donde más se apuesta por el ritmo como espada, pues lo mismo coquetea con el hip-hop que con el reggaetón y hasta con ciertas reminiscencias a lo hecho por Die Antwoord.

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“Líquido”, siguiente tema, tiene como base una fuerte esencia de música negra y africana en los versos, para después reventar con un coro que nada le pediría a las mejores composiciones pop de los años ochenta. 

El séptimo corte, “Como un hogar” es una canción sumamente dulce donde vuelven los aires andinos, sumados a una bellísima melodía vocal. Un tema sólido y potente a pesar de su aparente delicadeza. 

“No lo puedo explicar” es otra de las máximas cumbres de Indias, pues se arriesga a hacer una reinterpretación del bolero tradicional con resultado exquisito. La voz es una victoria de la imaginación, mientras que las guitarras y las percusiones funcionan como soporte para la belleza contenida en esta canción en verdad enorme.

“Los artistas de antes”, siguiente tema, rompe un poco con la exploración realizada a lo largo del disco, pero no por ello desmerece, sino que da muestra de la madurez como compositor que ha alcanzado Landon.

“Patas de gato” es un claro homenaje a la música brasileña surgida en el período conocido como Tropicalia y en ella los arreglos de flauta y percusión lucen espectaculares.

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Para cerrar, tenemos “Sigue bailando así”, otro prodigio composicional de Landon en el que el erotismo implanta su reino a cada segundo. Mejor forma de terminar, imposible.

De suerte tal que Indias resulta un disco que no se asume respuesta, sino preguntas constantes: ¿es este crisol de sonidos, ritmos y búsquedas lo que define culturalmente a Iberoamérica? ¿Somos un caleidoscopio de identidades? ¿Encontramos al fin en la multiculturalidad nuestro símbolo identitario (por contradictorio que parezca)? ¿Nos asumimos bolero o Tropicalia o St. Vincent o afro o caribeño o reggaetón o andino o todo eso junto? ¿Estamos ante un disco parteaguas para el futuro de la creación y la identidad de nuestro continente? Quién sabe. Pero mientras las respuestas llegan, gocemos con Indias: uno de los discos más inteligentes y apasionados de los últimos años en estos lares hispanoamericanos, obra que demuestra que el arte, el verdadero arte, no quiere respuestas, sino seguir haciendo las preguntas correctas.