La música llamada highlife es una figura de jazz mestizo que se desarrolló en África Occidental, a principios del siglo XX. Su origen está en Ghana, donde la clase alta colonizada europeizó sus costumbres y sus gustos. Eran bandas que tocaban la música popular africana con instrumentaciones de jazz y la música popular norteamericana con ritmos y tonalidades africanas. Una mezcla interesante y muy bailable. Pronto este género musical fue aceptado y asimilado por la clase trabajadora africana que la llevó como inmigrante a Inglaterra y otras partes de Europa, teniendo como centro para su difusión la cosmopolita ciudad de Londres. Durante la segunda mitad del siglo esta música se transformó en lo que podemos llamar rock africano, un rock con personalidad propia, más cargada de jazz que de blues; en ello brillará como una estrella enorme Fela Ransome Kuti.

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Un punto clave en la transformación de la música highlife en rock fue cuando las bandas jazzeras africanas recibieron la influencia retroalimentadora de la música afrocubana. Fue un gran despertar de la memoria, el regreso de lo reprimido, una emancipación creativa. Así se dio una interesante mezcla de géneros musicales: mambo, son, calypso y otras figuras de música caribeña. La highlife es una transculturación o fusión en la que lo africano se mezcla con lo europeo y de forma muy especial con lo norteamericano. Un raro pero eficaz efecto de la globalización transcultural. Como con el jazz y el blues, la música highlife recibió una fuerte influencia de las bandas militares y sus marchas de guerra, un espacio musical donde los negros podían ingresar.

Entre 1950 y 1970, se desarrolló un tipo de rock africano con personalidad muy propia, algo que llegará a los años setenta sublimado en la obra y el espectáculo vital de Fela Ransome Kuti. Se puede calificar a esta transformación de la highlife en rock como rock menor. Pero no así como rockcito. Es menor porque representa dentro del rock la subcultura de una minoría, una minoría extraña, de origen africano y de carácter internacional. Una minoría, más que nada, por su condición de clase. Son los inmigrantes y los ilegales, los refugiados y los exiliados.

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No es rockcito porque no es música chambona y meramente mercantil. No es un vil fusil de lo que se estaba vendiendo en lengua inglesa. Transforma el impulso del rock y en no pocos casos lo sublima, lo eleva; no lo reproduce como figura colonizadora.

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Como prueba contundente de ello, del rock menor y transgresivo que emergió con personalidad africana en los años cincuenta y sesenta, propongo escuchar la colección titulada Highlife On The Move: Selected Nigerian & Ghanaian Recordings from London & Lagos 1954-66. Esta antología la integró el doctor Markus Coester, toda una autoridad en cuestiones de música highlife. Lo primero que señala la importancia de este conjunto ejemplar es que incluye dos piezas grabadas por el primer grupo musical que integró Fela Ransome Kuti, The Highlife Rakers. Luego es importante el conjunto en sí porque deja apreciar lo que fueron sus desarrollos posteriores como regué y blues africano.