¿Cúal es su canción favorita o la más significativa de su vida? Esa fue la pregunta que hicimos a un centenar de personajes de diversos orígenes, actividades, idiosincracias y ambientes y estas son las respuestas que con amable generosidad nos dieron todos y cada uno de ellos.

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Frank Sinatra
“That’s Life”
Álbum: Thats Life (1966)
Escrita por Dean Kay y Kelly Gordon
Mi papá era intensito. Si le gustaba un chiste, un plato de comida o una canción, se aficionaba con temeridad sofocante. Su insensatez dividía las cosas en dos categorías: las que eran objeto de su afán y las que no eran objeto de su afán. Es la manera elegante de decir que amorosamente nos zambutía sin descanso el pollo a la parrilla de tal receta, el chiste de gallegos y la voz de Sinatra. Una de las canciones que ponía en el tocacintas de su coche como embriagadora forma del veneno era “That’s Life”, que Blue Eyes grabó en 1966 y volvió famosa. Cuando yo era niña la odiaba, pero con los años reconocí que me fascina la orquestación (esos metales…), el énfasis vocal, el órgano ya anacrónico, la cadencia, el humor que lleva entretejido, los coros y ese inmejorable resumen de altibajos: “I’ve been a puppet, a pauper, a pirate, a poet, a pawn and a king”. Me pican las manos de envidia. Soy escritora y mataría por haber garabateado esas dos líneas aliteradas y también este bocado de filosofía: “This fine old world, it keeps spinnin’ around”. Me gustan las versiones de Aretha Franklin, James Brown y Van Morrison, pero ninguna me parece tan redonda, tan perfectamente acabada como la de Sinatra. Y sí, claro que también me gusta porque me recuerda a mi papá.
Julia Santibáñez
Escritora y editora


Chava Flores
“Sábado, Distrito Federal”
Álbum: Su antología
Escrita por Salvador Flores
Depende del día, claro. Hoy, sin embargo, elijo a su majestad, Chava Flores. ¿Por qué? Porque en general sólo me gustan las canciones populares que no se toman en serio: salvo dos o tres momentos de Pedro Infante y el son jarocho, tenemos un récord planetario de solemnidad vernácula, de plañiderismo popular. Porque “Sábado, Distrito Federal” se las arregla para retratar a la vez una ciudad que se  fue –la nostalgia es adictiva: “los cabaretes en las noches tienen pistas / atascadas de turistas / y de la alta sociedad”– y una que sigue vivita y coleando: “los almacenes y las tiendas son alarde / de multitudes que allí llegan a comprar / al puro fiado porque está la cosa que arde, / al banco llegan nada más para sacar”. Por esa letra pícara, irónica, llena de la inteligencia elegante que no se esfuerza en exhibirse, marca de la casa. Porque Chava Flores, si hubiera sido unas décadas más joven, hubiera hecho un rock ecléctico y desparpajado como el que por fortuna empieza a adueñarse del orbe hispano –tradicionalmente, otro ámbito de solemnidad– desde hace unos años. Y sobre todo por aquello, irreprochable, de que “un hormiguero no tiene tanto animal”.
Julio Patán
Escritor, editor, conductor de televisión


Todd Rundgren
“Hello It’s Me”
Albúm: Something / Anything (1973)
Escrita por Todd Rundgren
Cuando tenía trece años, mi familia y yo vivíamos en un departamento al lado de un Superama (en ese entonces vendían discos). Cada vez que acompañaba a mi padre a hacer la despensa quincenal, me las ingeniaba para qué me comprará al menos un 45 (costaban 10 pesos) y con suerte un E.P. (20 pesos). Fue así cómo conocí a uno de mis más grandes dioses musicales: Todd Rundgren. Mi obsesión desde niño por entender las letras, aunado a la materia escolar, me llevó a adorar está etérea canción y a darme cuenta de que soy un romántico empedernido. El lamento de un enamorado que se reencontraba con su amante vía telefónica, postal o en persona y hasta le pedía permiso para pasar la noche juntos en algún momento y que no se olvidara de él. Sin embargo me enloquecían también los tintes psicodélicos y la calidad de la producción y grabación, típicas de la genialidad de Todd. Interpretado a la blue eyed soul con toque jazzy y los coros en falsete (una de mis adicciones auditivas), me resultaba irresistible este clásico de su repertorio que se convirtió en la canción top de mi vida. Años después supe que se trataba de una re interpretación que había grabado en los sesenta con The Nazz, la banda de donde surgió y que ya con mi sueldo conseguí tanto en esta versión como en el álbum doble Something / Anything. Se ha covereado una docena de veces desde esa época hasta hoy. “Hello It’s Me” es la canción con la qué me gustaría despedirme de esta dimensión. Así como fue el tema que me abrió las puertas de la percepción en plena era progresiva y glam a la vez.
Mario Lafontaine González
Productor y director creativo, conductor de TV y radio,  especialista en música.


Charly García
“Inconsciente colectivo”
Álbum: Yendo de la cama al living (1982)
Escrita por Charly García
Dicen que los juegos que tienes de niño definen mucho lo que serás mañana. Mi prima, mi hermana menor y yo teníamos uno. Se trataba de apagar las luces del patio y sólo dejar una encendida, preparar la canción “Inconsciente colectivo” de Charly García en la tornamesa, tomar cualquier objeto que hiciera las veces de micrófono y en cuanto empezaba la rola, a cantarla a todo pulmón. El patio era nuestro escenario y la luz del foco el reflector de nuestro “éxito”. Nos aprendimos todas las canciones del álbum  Yendo de la cama al living, pero nuestra favorita era “Inconsciente colectivo”: “Ayer soñé con los hambrientos, los locos, los que se fueron, los que están en prisión” era la frase emblemática, a la que poníamos mayor atención y énfasis. Me pregunto por qué cantábamos algo tan triste si sólo éramos unas niñitas. ¿Quién lo diría? Para dos de nosotras, el juego continúa, mi hermana con la guitarra y yo con el bajo, sólo que ahora cantamos nuestras composiciones y sí, sigue siendo un juego muy divertido.
Leticia Belquia
Bajista, compositora y periodista


Janis Joplin
“Work Me Lord”
Álbum: I Got Dem OlKozmic Blues Again Mama! (1969)
Escrita por Nick Gravenites
Work me Lord… Una frase muy ambigua para una mujer muy ambigua. Work me Lord no tiene una traducción literal, congruente con el español. Es úsame Señor, utilízame Señor, dame un propósito Señor, hazme útil para algo más que no sea morir de pie…, Señor. La mejor versión de esta canción tiene que ser la de su presentación en vivo en el Woodstock, una que empieza con unas campanillas del teclado, una en la que Janis casi teme lo que está por venir, sabe lo que es esa canción y lo asume como tal, sigue el ritmo de la introducción con la cabeza, se prepara con sus párpados cerrados para gemir, rugir, gritar y a la vez crear notas más melódicas de lo que pudieren parecer. Se raspa la garganta y vibra su mala y triste vida a través de ella, convirtiéndola en gloria que aún la embiste hoy día. Please… don´t you leave me… I feel so useless down here… with no one to love… Es una plegaria maldita, un ruego temeroso, un berrido desesperado y desesperanzado, las ganas de no ver nada más nunca más a menos que suceda algo. Es aferrarse a una ligera posibilidad después de haber confiado en todo, absolutamente en todo, y no recibir respuesta alguna; es lo propio a decir cuando se empieza a pensar en la equivocación del universo, de la vida y de la naturaleza por traerte donde estás, por no haber cumplido la misión de todos los seres humanos… y ya lo decía un poeta maldito: the greatest thing you’ll ever learn is just to love and be loved in return y cuando esto no pasa, no pasará nada más, porque has fracasado. Una música ligerita, concisa, precisa, casi enmudecida por Janis y sus múltiples voces que no siguen dirección alguna, sino el curso de un poema escrito en esos momentos con la voz, momentos en los cuales tiene que seguir pidiendo en silencio y advertir la permanencia de su miseria… Oh, please, please don´t you go and forget me down and don´t forget me Lord, I think that maybe, you can use maybe, I can help you say that… Llévame contigo… no, no, no, no, no, no… y luego… y luego… sólo ella… ella y su voz… ella y su llanto, viendo hacia adentro, lastimándose los recuerdos y llorando en su boca sin salvación para pedir lo único que le queda pedir: la muerte.
Jimena Colunga
Cineasta y promotora