Big Big Love es una banda joven. Si me ajustara a lo incluido en su epk (electronic press kit), en el cual se destaca la aparición de un EP en 2012 producido por Marcos Zavala (Bengala), el que su sencillo “Inmortality” haya sido “parte oficial del aftermovie del Festival Corona Capital” y su paso por el Vive Latino en su edición de este año, sin hablar para nada de la música, lo más probable es que no me hubieran interesado.

big-big-love

Sin embargo, conocí a Big Big Love a la inversa, por lo que parece menos importante: por sus canciones. Me topé con su disco Friendship –sí, todavía tengo esa fea costumbre de hurgar en los anaqueles de novedades–, porque tuvieron el buen tino de ponerle una portada enigmática que me atrapó.

Fue al empezar a reproducirlo que Big Big Love comenzó a decirme algo. Integrado por Santiago Mijares (voz, sintetizadores y guitarra), Marco Carrión (guitarras), Patricio Mijares (bajo) y Gerardo Beltrán (batería), el cuarteto es una banda joven, sin antecedentes memorables, pero casi podría apostar que este, su primer álbum producido de manera independiente y grabado en sus casas, marcará un momento importante para ellos y se convertirá en un referente para otros grupos de su generación. 

big-big-love-2

El disco abre con “Silver”, una intro atmosférica de teclado y voces superpuestas que funciona como la invitación para entrar a un universo, un mundo que se despliega en “Boxer”, con una entrada vigorosa, rimbombante, que deviene luego en tonada pop, alegre y luminosa. De esas canciones que alumbran todo en su derredor, aunque no creo que la búsqueda de la banda sea la de prodigar luz. Si bien pensar en innovaciones en la segunda década del milenio es imposible, aquí además de corrección hay un concepto, una manera de entender y asimilar, sobre todo asimilar, la sicodelia, que es plausible.

Friendship aparentemente apuesta por lo sencillo, pero en realidad su sonido es masivo, sólido, como un gran rascacielos que proyecta una sombra bajo la cual puede uno ampararse en instantes de agobio. El cuarteto navega por las aguas de MGMT, Tame Impala, The Flaming Lips; proyectan seguridad, hacen canciones épicas, robustas, coloridas, en las cuales la voz no es protagonista, se integra a esos fondos “de pantalla” que terminan por reclamar atención.

big-big-love-3

Es una asamblea de voces en la cual, ocasionalmente, se levanta una, aunque esos instantes son fugaces. En “Eurydice”, por ejemplo, los sintetizadores, luego de marcar la entrada, se desdibujan, ceden su lugar al bajo y a una batería discreta que acogen a la voz, aunque ello no significa que ésta aparezca en el primer plano; de hecho, es “devorada” por un monstruo de sonidos que la regurgitan “domeñada”, vuelta luz nuevamente, con un sintetizador que crea un coro celestial y majestuoso hacia el final.

En “Pellinore”, la voz nos invita a entrar a ese universo pop sicodélico con matices progresivos bien ensamblado, de atinada producción, en donde los instrumentos (ora el piano, ora el bajo) marcan destellos, generan apuntes, pincelazos en un cuadro que los presenta como separados, pero que en su autonomía cumplen la función de realzarlo todo.   “Golden” recibe igual tratamiento, es abigarrada, barroca en ocasiones; mientras “New Youth”, con esa voz con sus capas de reverb, es un anuncio de la llegada a otro confín, sensación que se refuerza con las oleadas de sintetizador; es un corte que te envía a un viaje idílico por el cosmos. Mientras más avanza la pieza, la sensación de girar alrededor de la tierra y tener unas postales hermosas es mayor.

Luego de viajes, colores y demás, “Ber-Cdg”, es introspectiva, mientras “Winning (Hirst)” presenta desde el inicio un ritmo repetitivo en los teclados, un asomo rápido a la música contemporánea que habla de las influencias que alimentan la música de Big Big Love y que no se ciñen únicamente al espectro rockero. Una guitarra, como un fino torbellino, rompe el ensueño de ese teclado, pero este regresa en otra tonalidad, aunque con la misma intención, para bordar ocho minutos de viaje sicodélico y neuronal, una epopeya y tal vez el mejor track de la obra que se liga con la breve y apacible “The Day David Died”, que entronca con el tema que da título al álbum, otra abigarrada composición que funge como remate idóneo de este viaje de las aerolíneas Big Big Love.

Dicen que el cuarteto tiene varios videos, pero no vi ninguno, así que probablemente algún día me cruce con uno de ellos o con todos y no los reconozca. No importa, llevo varias semanas en continuo diálogo con su música y eso es suficiente.