¿Qué es lo que podría caracterizar a una banda de eso tan ambiguo y resbaloso que solemos conocer como indie? Digamos que hay algunas reglas inescritas, implícitas, que alguien por ahí señaló una vez. Primero, que cuando menos su primer álbum haya sido producido de manera independiente por la propia banda. Segundo, que a sus integrantes (o al menos a los líderes del grupo) les fascine la música de los años sesenta y se sientan no sólo atraídos sino influidos por la misma. Tercero, que en algún momento de sus vidas les hayan gustado los Smiths. Cuarto, que al principio todos sus integrantes tuvieran empleos cercanos o ajenos a la música y que poco a poco los hayan podido dejar para dedicarse a lo suyo. Bueno, cuando menos esos cuatro requisitos fueron perfectamente cumplidos por una de las agrupaciones más representativas del movimiento indie (si es que en realidad eso existe como tal) y que responde al nombre de Belle & Sebastian.

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Tocino y dibujos animados

Encabezado por su fundador Stuart Murdoch (quien antes de ser músico profesional trabajo entre otras cosas como DJ, promotor de conciertos, empleado de una tienda de discos y hasta vendedor de tocino de puerta en puerta), este septeto escocés ha ganado un lugar por su rica y variada propuesta musical y letrística. Con sede en la ciudad de Glasgow, tomó su nombre de la conocida y lacrimógena serie anime japonesa basada en dos personajes franceses (una especie de telenovela para niños que tuvo gran auge en los años ochenta) y desde sus inicios en 1996 fue claro que su propuesta era distinta a la de otras agrupaciones de su país. Música intimista, llena de sentido melódico, con armonías vocales de enorme belleza, un sonido majestuoso que hunde sus raíces, sí, en el rock y el folk sesentero, pero con letras que reflejan la realidad del último lustro del siglo pasado y lo que llevamos de éste.

La idea de Belle & Sebastian es toda de Stuart Murdoch, quien en 1995 se dio a la tarea de reclutar a los seis músicos que necesitaba y que originalmente fueron Sarah Martin (violín), Chris Geddes (teclados), Stevie Jackson (guitarra), Richard Colburn (batería), Stuart David (bajo) y la maravillosa Isobel Campbell (cello). Murdoch se hizo cargo de la segunda guitarra y la voz principal.

Al año siguiente, la banda grabó su primer disco (Tigermilk) del que sólo sacaron mil copias en vinil. A pesar de tan limitada edición, la fama del grupo comenzó a correr de boca en boca a lo largo de Escocia primero y de la Gran Bretaña después. Tanto empezó a ser solicitado que se vio obligado a sacar un segundo álbum a finales de ese mismo 1996: If You’re Feeling Sinister, mismo que logró cruzar el Atlántico y llegar a los Estados Unidos, donde fue también muy bien recibido en los circuitos alternativos. Belle & Sebastian se convertía en una banda de culto a pasos agigantados.

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La búsqueda de la vida

Luego de tres exitosos EP aparecidos en 1997, llegó su tercer larga duración, el estupendo The Boy with the Arab Strap (1998), editado ya por una disquera de renombre: Matador Records. En 2000 vendría Fold Your Hands Child, You Walk Like a Peasant y ese mismo año, el grupo sufrío la defección del bajista Stuart David, quien decidió fundar su propio proyecto musical, la banda Looper.

2001 vio la incursión de Belle & Sebastian en los terrenos cinematográficos, en la composición y grabación de la banda sonora de la película Storytelling de Tod Solondz y poco después sufrió una nueva y sensible baja en la alineación, esta vez por parte de la magnífica Isobel Campbell.

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La agrupación continuó sin embargo, con la grabación de su quinto disco, Dear Catastrophe Waitress(2003), ya para la disquera Rough Trade y con la producción de Trevor Horn (alguna vez integrante de Yes). Stuart Murdoch sabía que, a final de cuentas, Belle & Sebastian era él y siguió escribiendo excelentes canciones, doce de las cuales conformarían su siguiente y posiblemente su mejor trabajo hasta la fecha, el esplendoroso y variadísimo The Life Pursuit (2006), en el cual brillan temas como “Act of the Apostle”, “The Blues Are Still Blues”, “We Are the Sleepyheads”, “Funny Little Frog”, la donovaniana y dulce “Dress Up in You” y la preciosa y luminosa “Another Sunny Day”.

Los más recientes discos del grupo son también dos joyas: Write About Love (2010) y sobre todo Girls in Peacetime Want to Dance reafirman a Belle & Sebastian como uno de esos grupos que ha pasado la prueba del tiempo y ha trascendido para la posteridad. Dos décadas de historia los avalan con creces.