Alex Otaola no requiere de presentación. Javier Lara, por su parte, ha tocado en grupos como Gupster y Non Divine, pero lo suyo es estar en el laboratorio, trabajar el audio con sintetizadores, eso que él llama “diseñar sonidos desde cero”. Ambos se conocieron tiempo atrás y aunque habían formulado la intención de trabajar conjuntamente, hacía falta tomar la decisión.

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Un día, el guitarrista llegó con algo de equipo a la casa de Javier y así comenzó esta historia: “Ese se convirtió en el primer concierto-ensayo de Astrolab-iO, porque todos los conciertos suceden según qué instrumentos decidimos llevar cada quien. Alguien echa a andar un sonido y nos ponemos a improvisar. No hay secuencias o algo pregrabado, todo se construye allí. Esa primera vez nos dimos cuenta de lo que podíamos hacer juntos”.

El dueto estrena su primera producción, un trabajo homónimo que comenzará a circular en diversas plataformas digitales a partir del 15 de julio y en el que la línea principal es la exploración y la improvisación. Se trata de tres suites divididas en igual número de movimientos, cada una con títulos –“Langerhans/ Mar de los Sargazos”, “Nautilus”, “Troya”, “Teorema”– en los que se retrata la vocación de la dupla por construir universos sonoros paralelos.

Astrolab-iO, la grabación, es la entrada a una galaxia sónica donde todo se desarrolla orgánicamente. Atestiguamos un nacimiento, sonidos que crecen, algunos de ellos vertiginosamente, otros en cámara lenta; hay instantes violentos, choques, luchas, ráfagas que atrapan y nos trasladan a otros confines. Es una experiencia sonora en la cual los audífonos son indispensables. De eso nos cuenta sus creadores en esta charla.

Javier, Astrolab-iO nace de la improvisación, ¿el diseño sonoro en vivo consiste en manipular lo sonidos que te proporciona Alex?

No, ambos diseñamos en tiempo real, nuestra aspiración es la de crear mundos sonoros extraños. Tratamos de que aunque sea un piano, suene distinto; vamos dialogando, yo le tiro un sonido que le inspira algo y viceversa, no hay preacuerdos. El disco tiene una línea dramática muy clara, vas desarrollando, llegas a un clímax, empezamos a crecer otra idea, pero básicamente es exploración, un concierto es una sesión de exploración electrónica.

De allí el nombre…

Alex: Sí, siento que en los proyectos normales te basas en lo que sabes hacer con tu instrumento o en estructuras que ya has desarrollado en el ensayo, cosas que ya tienes trabajadas. Aquí partimos de cero, no hay mapa y no sabemos qué es lo que va a pasar con los instrumentos. Yo pongo  la lira sobre una tabla y esa señal pasa por ciertos pedales que yo manipulo, la utilizo como un detonador de sonidos y me clavo más en manipular los pedales. Estamos a la deriva en medio de todos estos sonidos electrónicos.

Javier: Y el i-o separado es por input/output.

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¿Cada quien manipula sus propios sonidos?

Javier: Sucede. Una de las cosas que más me gusta del proyecto es que es a la vez un proceso estético y técnico que tiene que ver con la mezcla y el espaciamiento en tiempo real, porque cuando tocamos lo hacemos en medio del espacio, el público nos rodea y las bocinas rodean a todos. Es un ejercicio de diseño de sonido y espacio en tiempo real que siempre es a dos vías.

Alex: En vivo es fácil de hacer, sobre todo en museos o lugares que no están diseñados para conciertos normales, pero el reto fue cómo traducirlo a formato físico, a un disco, cómo trasladar esae espaciamiento. Y no era tanto cómo grabarlo, sino pensar cómo se reproduciría, porque para hacerlo se necesitaría un home theater para poner un DVD en formato 5.1. Ese era el reto. Sentimos que ese formato es algo que ya está en el pasado, cada vez menos personas invierten dinero para escuchar música en alta calidad, porque ahora la gente escucha la música en otros dispositivos.

Javier: La parte del estudio lo resolvimos colocando un dummy head con microfonía estéreo en los canales auditivos que capturara lo que estábamos haciendo.

Alex: Cuando grabamos nos llevamos todo el equipo y en el estudio armamos cierto set y empezamos a trabajar. Al final terminamos con aproximadamente siete horas de música y la bronca fue cómo compactarla y catalogarla. Cuando tuvimos unos 45 minutos, llegamos al estudio a hacer la mezcla y la hicimos cuadrafónica, como si fuera en vivo. Entonces, la manera natural de editarlo hubiera sido un DVD, pero luego se nos ocurrió la solución de un micrófono binaural que diseñó Neumann que es una cabeza de unicel y orejas de cartílago que tiene dos micrófonos en los oídos diseñados para que si tú oyes lo que captura esa cabeza, sientas todo el espacio que hay a tu alrededor, no nada más left y right. Probamos con esa cabeza y la colocamos en medio de cuatro bocinas y toda la chamba que hicimos la grabamos a través de ella y lo que generamos es un archivo estéreo, pero al escucharla con audífonos está capturada la cuadrafonía.

La calidad de los audífonos es variable, como también lo son los dispositivos en los que se va a reproducir, ¿cuánto se va a perder en el traslado?

Alex: Cuando tú oyes música, el lugar en el que la escuches sea el que sea, es tan chingón como la calidad que tenga.

Javier: La binauralidad queda intacta y lo que está fuera de nuestro control es el dispositivo (los audífonos), pero también cuidamos que los niveles funcionaran  con audífonos que traemos diariamente.

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Con el paso de los años he advertido que hay un momento en que los músicos se sienten insatisfechos con su propio instrumento y lo quieren hacer sonar a otra cosa, ¿a qué se debe?

Alex: Llevo toda mi vida haciéndolo. Desde que entré a Santa Sabina siempre he sido un clavadazo en los efectos, pero este proyecto ha sido el primero en el que literalmente toco de una manera en la que no había tocado antes y eso me emociona un chingo. Hay momentos en los que nos preguntamos si equis sonido lo hizo él o lo hice yo y cómo lo volveríamos a hacer.

¿Quiere decir que lo que escuchamos en disco es irrepetible en vivo?

Javier: Absolutamente, Incluso, este carácter efímero lo trasladamos también en la mezcla, porque esta fue analógica y en cuanto la grabamos ya no podíamos recuperar el proceso porque era irrepetible.

Musicalmente es muy interesante, porque la música nace de la nada, llega a un clímax, viene el declive y se acaba, que es como yo siempre he entendido la electrónica: mundos que entran en colisión, cosmos, muchos espacio, viaje, descenso, pero no es sólo electrónica de los sesenta o setenta, en el disco también hay cosas de los noventa y hasta algo de jungle. Mi primer impulso al escuchar el álbum fue preguntarme ¿dónde está la novedad?

  Alex: Me gusta mucho Autechre, Amon Tobin, Cornelius, hay muchas cosas que están allí, pero a la hora de tocar no piensas en eso, allí estás más clavado en la cuestión técnica. Como no hay una manera de describirlo, me gusta decir que hacemos balada noise o thrash ambient.

  Javier: Es como una broma, pero relata esa dualidad que siempre se sucede, el ruidista que convive con una parte melódica. Al final somos cuatro manos, de pronto suenan siete u ocho cosas porque usamos muchos loops. Me parece que el loop, remitiéndome al ambient, es muy importante a la hora de la experiencia con el público, porque de pronto nuestra música puede ser tan abstracta que no tienen donde apoyarse. Esa es una de las características de Astrolab-iO: que siempre tiene  esa dualidad.