Lo suyo era la técnica sublime y su imperturbable perfeccionismo hizo de él una leyenda aún en vida. La reservada y tranquila estrella de Roy Buchanan fue un claro ejemplo del hecho de que los mejores músicos no siempre son los que más éxito tienen, como se sabía sobre él. 

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No importaba en qué condiciones lo hiciera (a menudo en miserables juke joints a la orilla de las carreteras o en estudios faltos de recursos), pero cuando tocaba se sumergía en un mundo, básicamente melancólico, que le susurraba sus cuitas y él con su guitarra le daba sonoridad a ello para que tuviera sentido. Pero además, con una intención extra: hacerlo un objeto de belleza. Era un artista.

La imaginación y la destreza para reunir y amalgamarlo todo fueron sus grandes artilugios, sus herramientas privilegiadas para emocionar y trasmitir ideas musicales, hecho que lo convirtió en el extraordinario solista que fue (además de precursor del sonido Telecaster). Le dio al blues contemporáneo una nueva opción, la de escuchar cómo esculpía aquella languidez con sus fraseos.

Como parte del grupo Ronnie Hawkins & The Hawks (estos últimos a la vuelta del tiempo se convertirían en The Band), Buchanan le brindó sus primeras oportunidades y tips a Robbie Robertson, el guitarrista que lo sustituiría en aquella formación. En los sesenta, su estilo influyó sobre todo en músicos ingleses como Jeff Beck y Mick Taylor.

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Sin embargo, sus propios discos, desde los iniciales Roy Buchanan (1972) y Second Album (1973), así como los siguientes, aparecieron más o menos con regularidad, pero no le brindaron las  posibilidades del éxito. Obtuvo el reconocimiento de la crítica, eso sí,  pero tal hecho no se reflejó en las ventas de sus álbumes.

Buchanan nació en Arkansas, el 23 de septiembre de 1939, como hijo de un predicador y aparcero pobre, y se crió en Pixley, California, en un ambiente interracial, en el que se forjó su gran interés por el góspel y el blues, géneros en los que se inició en la música como parte de varios conjuntos locales.

Debutó discográficamente con la aportación de su solo en la grabación del sencillo “My Babe” de Dale Hawkins (1957) y luego aprovechó una oportunidad para viajar a Canadá y unirse al grupo de Ronnie Hawkins, al que acompañaría por tres años. En los albores de la década de los sesenta llegó a colaborar asimismo con gente como Johnny Otis, Freddy Cannon y Frankie Avalon. A continuación se concentró en el trabajo como músico sesionista, en la costa este de la Unión Americana, y en vivir con su familia en Virginia.

Tiempo después, picado por el gusano de los escenarios, preparó su comeback en Blainesberg, Maryland, donde se presentó en numerosos clubes antes de integrar al grupo Snakestretchers (con el que publicó a la postre un disco autofinanciado: Buch & The Snakestretchers). En 1969, Buchanan se convirtió en noticia mundial al rechazar la oferta de los Rolling Stones para sustituir al recién fallecido Brian Jones. Sus estilos no coincidían.

Este introvertido músico sacó a lo largo de su carrera una docena de álbumes de estudio y varios en vivo y quienes colaboraron con él en las producciones han señalado que el guitarrista era un gran conocedor de la música de raíces estadounidense. No obstante, tenía la costumbre de cambiar músicos y productores con cada disco y a su repertorio siempre le faltó alguna canción excepcional o alguna voz distintiva. Él la poseía bajita y poco clara, por lo que prácticamente hablaba en las grabaciones y debido a ello se enfocó casi de manera exclusiva en desarrollar sus habilidades en la guitarra.

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Sin embargo, el mundo especializado lo celebró siempre y una fiel y reducida comunidad de fans nunca le escatimó las ovaciones en sus fascinantes conciertos. Buchanan fue leal a su estilo situado entre la melancolía bluesera y el candor del country. Después de sacar a la luz A Street Called Straight (1976), el silencio se extendió en torno a este ermitaño barbudo debido a sus problemas adictivos. Retornó, sin curarse del todo, en 1981 con el disco My Babe, otro álbum que no tuvo impacto comercial, pero que recordaba la existencia de un influyente guitarrista que no se prestaba a la vida de las grandes tribunas.

Algunos meses después de haber lanzado su doceavo álbum, Hot Wires, fue detenido la noche del 14 de agosto de 1988 en estado de ebriedad extrema tras pelearse con su esposa, según el informe policiaco. Horas más tarde, Roy Buchanan se ahorcaría colgándose con su propia camisa de los barrotes de su celda en Fairfax, Virginia. Tenía 48 años.