El saxofonista Aldo Max es uno de los tres integrantes originales —David López, guitarra, y Paul Spalla, bajo, son los otros dos— que aún permanecen en Los Músicos de José, banda que llega a once años de vida y presenta Dilo, Homenaje a Pérez Prado, trabajo en en cual deconstruyen la obra del compositor sin temor a las críticas.

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“Hay mucha gente en este mundo como para que todos opinen lo mismo”, dice Max. “Más que de los oportunistas, teníamos miedo de los puristas de Pérez Prado, porque sí hicimos un twist en las versiones, no son muy apegadas a las originales. Por un lado, estamos reviviendo la obra de un maestro que estaba abandonado; por otro, muchos chavos que nunca tuvieron la oportunidad de entrar en contacto con su obra la tendrán mediante este disco y, si les gusta, tal vez busquen las rolas originales, lo que es otro punto a favor. A nosotros nos acerca a muy distintos públicos, tiene otro alcance. Yo veo un gana gana por todos lados”.

Los Músicos de José debutaron en 2005 con un disco homónimo, pero antes de llegar a esta instancia, ya tenían detrás de sí una buena trayectoria, misma a la que le faltaba darle formalidad: “En los noventa regresó el funk, la disco, el hip hop traía buena onda y eso nos influenció a nivel muy inconsciente, porque nunca pensamos en hacer un grupo de lo que estuviera de moda. Fueron casi diez años de aprender a tocar, de estar en la escuela, en el reventón, íbamos de fiesta en fiesta para tocar gratis y no sabíamos qué iba a ser de nuestras vidas, pero cuando sacamos el disco nos dimos cuenta de que había un público y mucha gente nos conocía”.

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Sin proponérselo, han abierto una brecha que ahora transitan más colectivos. Están lejos de encasillarse en el funk y por sus álbumes encontramos huellas del afrobeat, hip hop, soul, música en su mayoría instrumental: “Ahora hay muchos chavos que nos buscan y nos ven como influencia. Es acid jazz, sobre todo música instrumental por la que antes no se apostaba mucho, porque la música no necesita de alguien que cante encima de ella para que la gente la pueda disfrutar”.

Dilo, es un álbum festivo, contagioso, en el que hay arreglos muy atractivos y versiones bien logradas como “La Virgen de la Macarena” o “La rosa de Tokyo”, lo que sin duda es un brinco en la propuesta de la banda.

“Sí, es un brinco. La idea es de un amigo que se acercó con la idea de producir un álbum de temas de los sesenta. Lo pensamos y nos dimos cuenta de que estaba chido resumirlo en Pérez Pardo, porque de alguna forma era el que teníamos más fresco, más cerca, el que nos gustaba más a todos. Quienes formamos Los Músicos de José lo conocíamos bien por nuestros papás y porque hemos estado en contacto con él, comenzamos a investigarlo y podría parecer que no tiene mucho que ver el mambo con lo que hacen Los Músicos de José, pero nunca nos hemos cerrado a ningún género; por otro lado, Pérez Prado no sólo hizo mambo, también hizo a go go, mucho funk. No hicimos versiones muy parecidas, las volvimos parte de lo que nos gusta hacer y la fusión fue increíble. Sí funkeamos algunos mambos, sí hicimos muchos a go gos, el disco es un resumen de Pérez Prado a través de nuestros oídos.

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“No somos la banda que saca un disco por año. Lo hacemos cada dos o  tres y siento que ha habido una evolución en cada álbum en cuanto a ejecución, producción, estilo.

Al preguntarle si cambió la percepción que tenían de Pérez Prado al terminar Dilo, Aldo Max respondió:

“Conocimos más sus composiciones, echamos una mirada de microscopio a su obra. Los arreglos de metales no están tan variados, jugamos más con las bases, los ritmos, las líneas de bajo, el sonido. No todas las piezas del disco son de Pérez Prado, pero un factor común es la inclusión del sintetizador moog en todo el disco, le da un color muy especial. En general, acompañé mucho a las trompetas y saxos con ese color de sintetizador que es un timbre especial. En el caso de “La virgen de la Macarena” de plano sustituimos la trompeta por un sintetizador y se volvió muy sicodélico”.