Hizo convivir géneros que parecían antagónicos. Vendió más de 30 millones de discos. Su presencia prevaleció durante toda una década en las listas de popularidad. Su estética se mantiene hasta nuestros días en diversos ámbitos de la cultura popular y, sin embargo, es un personaje “olvidado” oficialmente por los historiadores, a pesar de sus merecimientos. Su nombre: Johnny Rivers, quien aún vive y continúa tocando.

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Nació el 7 de noviembre de 1942, en Nueva York, como John Henry Ramistella. De pequeño se mudó con su familia a Baton Rouge, Louisiana. Ahí, su padre y su tío, ambos músicos, le enseñaron los rudimentos de la guitarra y a la par escuchaba la radio local que transmitía piezas de zydeco, cajun y rhythm & blues de Nueva Orléans, así como rockabilly de Memphis.

Con esos nutrientes –incluido el emergente rock & roll–, a los trece años se hizo músico profesional y fundó el grupo The Spades, con el que tocaba en Nueva Orléans. En 1956, debutó en disco con el sencillo “Hey Little Girl” en el sello Suede. Con el mismo bajo el brazo, se fue a Nueva York para entrevistarse con Alan Freed, en esa época el locutor más influyente en los Estados Unidos. La primera sugerencia que éste le hizo fue cambiarse el apellido a Rivers.

Como tal debutó con el tema: “Baby Come Back”. Sin embargo no despegó, aunque realizó más grabaciones y presentaciones bajo la guía de Freed. Entonces decidió mudarse a Los Ángeles y convertirse en compositor y productor, sin dejar de tocar o cantar, para darse a conocer en el área. En esas circunstancias estaba, en los primeros años sesenta, cuando un amigo le pidió cubrir el lugar que una banda había dejado en su local. Johnny reclutó al baterista Eddie Rubin, quien trabajaba en un club de strippers, y al bajista Joe Osborn, músico de sesión. Eran tipos curtidos que se adaptaban a todo y conocían el repertorio que Rivers quería interpretar.

El acto resultó solvente y Johnny mantuvo la formación como trabajo alterno. Contrató también a un manager paraque lo representara. El escogido fue Lou Adler. Éste le consiguió un contrato de un año para tocar en un club que se inauguraría a principios de 1964 en el Boulevard Sunset Strip de Hollywood: el Whisky Á Go-Go.

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Johnny se preparó a conciencia. Durante sus ensayos en el lugar mismo, todos se dieron cuenta de que no cabían juntos los espacios destinados a los músicos y a la DJ contratada (Rhonda Lane), quien se encargaría de ambientar el lugar poniendo discos durante los descansos de la banda.
Al dueño del club, Elmer Valentine, se le ocurrió que el cubo de vidrio para la DJ podía colgar del techo y no se estorbarían. Así, el 16 de enero se inauguró el club que dejaría una gran huella en la cultura del rock (y en la clubera también), con aportaciones como el uso de un DJ –en este caso además femenina–, las chicas a go-go y sus jaulas y ante todo la música.

Producto de Rivers, el sonido de la música se imprimiría en la mente colectiva. En su set festejó al rock clásico de sus principales figuras, difuminadas y fuera de los focos (Chuck Berry, recién salido de la cárcel, Little Richard insertado en la religión, Jerry Lee Lewis sufriendo la condena social y Elvis Presley haciendo malas películas).

Junto a ello puso al blues, al folk y al country, ámbitos que ni por asomo convivían en aquel momento entre sí, y los interpretó bajo el tamiz de su propia postura (white soul), junto con los ritmos emanados de la Louisiana donde creció. Los puso en versiones electrificadas, dando lugar al llamado “Go-Go Sound”, debido al club angelino donde lo dio a conocer.

Dichas versiones, mezcladas con temas originales, forjaron un sonido que se mantendría vigente a lo largo de una década y cuyos ecos prevalecerían en otros intérpretes. La extraordinaria aceptación que tuvo su propuesta, la interconexión que logró con el público y la atmósfera emanada de ello le dieron al manager la idea de grabar aquellas sesiones en vivo.

El lanzamiento del disco Johnny Rivers at the Whisky à Go Go resultó todo un éxito. La pieza “Memphis” de Chuck Berry entró en los primeros lugares de las listas y el medley con el que cerraba (“La Bamba/Twist and Shout”) pasó con su estilo a formar parte de los repertorios de muchos grupos
Repitieron la dosis con Here We à Go-Go Again! y la respuesta fue la misma: “Maybelline” (de Berry) y “Midnight Special” (de Leadbelly) fueron sus singles insignia. La carrera de Rivers se mantuvo al alza con piezas memorables suyas (“Poor Side of Town”) y ajenas (“Mountain of Love”, “Seven Son”, “Muddy Water”) que no dejaron de aparecer.

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Poco a poco, la estrella de Johnny se fue opacando e incluso no grabó por un largo tiempo. Sin embargo, nunca dejó de hacer presentaciones y sigue apareciendo en diversos lugares del mundo con un promedio de sesenta conciertos por año, en los que pone de manifiesto que su estilo creó su propio mundo y permanece ahí, brillando con todos sus logros.