Sonriente, luminosa, se presenta Iraida Noriega. La cantante cumple quince años como solista, aunque, nos dice, hace 29 que es profesional: “Si pienso que empecé a cantar con mi papá a los 16 años y ese fue mi primer trabajo y me pagaron, técnicamente es oficial”.

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Actualmente se le considera una de las mejores voces de la escena nacional independiente, una mujer que no gusta de encasillarse y que lo mismo ha grabado jazz, hip hop, versiones a temas de rock, que experimentado con su voz, aunque difícilmente podría calificársele de ecléctica: “Yo misma no entiendo bien qué pasó. Cuando empecé, aparecí en la serie de Mexican Divas que sacó Edmundo Navas en Opción Sónica. Ésta tenía un concepto ecléctico. Siento que en mis primeros discos, sobre todo en Viaje de mar, se asoman estas cosas, una parte groovy, otra jazzy, otra folky. Ahora, en vez de hacer un álbum ecléctico, procuro clavarme en un solo concepto y desarrollarlo”.  

No obstante, si bien el eclecticismo se ha quedado a un lado, ello no impide que los músicos de hoy se hagan cargo de muchas tareas más. Recientemente, Iraida comentaba que estábamos por regresar al concepto del hombre renacentista, capaz de dedicarse a diferentes disciplinas. “Esta es una reflexión porque primero soy mamá y, segundo, uno comienza a preguntarse por la educación, qué pasa con ella en México, y eso implica reflexionar sobre la propia educación de uno, además de que todo el tiempo estoy en una labor docente en donde veo que hay chavos súper talentosos que llegan con el conflicto porque hacen muchas cosas y se les obliga a definirse, a ser sólo una. Pero no somos de una sola manera, tenemos muchas facetas y formas de expresarnos. De unos años para acá, me he dado permiso de ser muchas cosas y no quedarme en una  casilla, de concebir el Cosmos como una cosa más amplia y tú como una expresión de eso”.

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¿Te quieres escapar de la etiqueta de ser una mujer que canta jazz?

No puedo tener control sobre eso. Creo que coincide en un momento histórico del país y de mi vida, porque cuando regreso a México luego de haber estado en  Nueva York, siento que a toda esa generación de jazzistas de la vieja escuela les hacía mucha gracia que me supiera los standards y esas canciones de aquella época, porque eso fue lo que yo crecí escuchando. Me tocó aparecer en un momento en el que nadie más lo hacía con esa naturalidad y eso tiene mucho que ver con que se me cuelgue la etiqueta de jazzista. Después de eso, ha sido ver qué tanto realmente lo soy y siento que el hacer música es ir descubriéndome poco a poco. Trabajar con José Fors y ponerme en una situación en donde echo mis primeros alaridos a la Janis o junto con Alex Otaola, es dejarme ir; ambos me están llevando a otro lado. Yo soy la primera en decir: “Te cae que esto era posible en mí y aparte lo bien que se siente hacerlo”. Tú hazle caso a tu entraña, descubre quién eres y hazlo valer, porque hay un lugar en el mundo para ti, porque eres único e irrepetible. Después de eso, creo que sería bueno replantear hasta dónde podríamos prescindir de las etiquetas.

Acostumbrada a usar la mayoría de las herramientas tecnológicas disponibles en la actualidad, Iraida observa que la cuota de consumo cultural que se destina al consumo de música independiente es mínima: “Es un tema muy complejo, es la pregunta con la que estamos lidiando todos y no sé por dónde está la respuesta. Hoy hablaba con Leika Mochán y me decía que para qué hacer una tocada si la gente no va. Pero uno tiene que hacer lo que tiene que hacer y lo demás quién sabe. Sí hay una cuestión de sistema que es muy difícil de tumbar, incluso en la independencia, porque de un año para acá el movimiento independiente ya no está siendo tan independiente y se está enfermando de las formas de la institución”.

Casi para finalizar el 2015, junto con Luis Miguel Costero y Juan Jo López, el LIJ Trío, Noriega lanzó En el bosque, disco de canciones de, entre otros, David Aguilar, León Gieco, Pedro Cervera y Violeta Parra. “Hay miles de canciones que me gustan, pero me siento al piano, comienzo a tocarlas y no me entran y hay rolas que operan diferente. Es algo que obedece al cuerpo, a la letra, pero hasta ahora no he tenido que cantar algo que no haya querido”.

Siempre inquieta y abierta a nuevas experiencias, ahora está próxima a editar un trabajo con el pianista Ken Bichel, obra que se decanta por la improvisación y en la que, otra vez, busca nuevas experiencias a transmitir con su voz: “El disco es de pura improvisación, a veces muy acústico y a veces con algo de electrónica. Es un álbum en el cual hay momentos en los que en realidad me sorprendo porque la improvisación tiene esa posibilidad de abrir una puerta que debe estar en ti, momentos en los que jurarías que son canciones hechas y derechas; pero no, todo es improvisado”.

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A la par, ya muy avanzado, está el trabajo que desarrolló con el pianista Abraham Barrera: “El proyecto se llama Luminosa. Fantasía literaria para orquesta de cámara y sexteto de jazz. Ya lo sonamos, hicimos una grabación  más o menos referencial, son como suites, movimientos entre ocho y diez minutos, y  las letras se conforman de una selección de poesía latinoamericana, desde Jorge Luis Borges hasta poetas modernos como Joana Medellín. Eso es lo que está en puerta, un libro disco. A Lorena Aquino, quien es una cantante de Chiapas y además es pintora, le pedí usar una de sus pinturas como portada y luego ella me pidió hacer obra alrededor de Luminosa. Así que ahora hay cuadros, poesía, música”.

Luminosa es un proyecto que, dadas sus características, demanda un formato físico. ¿Qué hacer ahora que a la gente ya no le interesa la música como objeto físico, cuando la gente ya no quiere pagar?

“Es un tema muy duro, porque tienes que estar muy bien centrado en tu psique pues el primer mensaje que recibes cuando eso sucede es que lo que haces no vale, no es tan importante. Poderte distanciar de eso y que no entre en tu cerebro, en tu alma y en tu motivación es un tema; por otro lado, sí creo que siempre sentimos que lo que viene de afuera es mejor. A mí me han dicho muchas veces, y me entristece oírlo, que me tengo que ir del país porque sólo yéndome y triunfando en otro lado me harán caso. Lo cual habla de que el nivel de malinchismo y de autodevaluación, tanto individual como colectivo que cargamos, está muy fuerte. Pero es padre dar la batalla en tu lugar, aquí es en donde hay que hacer que la cosa cambie. Creo que hay fantasmas que te van a perseguir a donde te vayas. Insisto, hay un sistema que todo el tiempo está separándonos, enfermándonos de miedo para que no salgamos. La pregunta es ¿qué hacemos? Haz lo que sabes, lo que tienes que hacer, haz tus tocadas, canta lo que tienes que cantar, haz la música que te corresponde, lo demás son cosas que no están en nuestras manos y no por ello vamos a dejar de hacerlo”.